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¿Por qué no considerar que el cambio climático no podría controlarse?

Los “optimistoides” estarán deseando mi extinción temprana, diciendo que por qué soy tan “pesimista” y no canto con ellos “Cumbayá”, alrededor de una hoguera solar o eólica.

08 de enero de 2024
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  • ¿Por qué no considerar que el cambio climático no podría controlarse?

Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co

Como a muchos les molesta que se hable de fenómenos indeseables, algunos de nuestros “dirigentes”, que parecen más autores de libros de autoayuda, prefieren decir que no hay que pensar en lo negativo sino en lo positivo, “pensando” más con el deseo que con las neuronas. Para quienes creen que ser líder es tener muchos likes, es más rentable vender el camino rosa y perfumado porque muchos desean que solo les digan lo que quieren oír, así sea falso e improbable.

Los posibilistas pensamos en todos los escenarios posibles, los buenos y los negativos, los deseables y los inesperados. Pero cuando mencionas uno que no es grato, los “líderes Coelho”, mal equipados cognitivamente, te tildan de “catastrofista” y “pesimista”.

Un ejemplo son las probabilidades reales de evitar el cambio climático, algo deseable pero no por ello seguro. Si en aras de la discusión admitimos como ciertos los pronósticos del supuesto “consenso científico” sobre el cambio climático y la presunta causalidad exclusivamente antropogénica, ¿no será prudente considerar también el escenario en que no pueda reducirse el calentamiento global a la cifra y fecha sugerida?

Los “optimistoides” estarán deseando mi extinción temprana, diciendo que por qué soy tan “pesimista” y no canto con ellos “Cumbayá”, alrededor de una hoguera solar o eólica, pues evitaremos inexorablemente la supuesta catástrofe ambiental. Ojalá, pero querer y poder suelen ser lo mismo más como excepción que como regla.

El principio básico de la planeación indica que debes esperar lo mejor y prepararte para lo peor, sin pendejadas emotivas o “emergentes”. El posibilismo considera todo lo que pueda ocurrir y busca racionalmente el camino para desarrollar y/o beneficiarse de lo positivo, si lo hay, y/o reducir o evitar los efectos adversos, si los hay.

Puede que la tecnología, más que el consenso global, resuelva la incertidumbre vigente sobre qué reemplazará a los hidrocarburos, porque quienes crean que no hay dudas con la energía solar y eólica se sorprenderían apenas pasen del deseo a la aritmética, pues su eficiencia mejorada no compensa “todavía” la intermitencia. Como no hay certeza de los medios para una transición sostenible, sus costos, posibilidad de una implantación uniforme y al ritmo requerido, ¿no será prudente considerar lo que probablemente no evitaríamos, y qué debería hacerse? Por ejemplo: trastornos de los regímenes de viento, lluvia, rendimientos agrícolas y pesqueros; la infraestructura necesaria para las zonas agrícolas que remplazarían las que dejarían de ser aptas por temperatura y desaparición de insectos y microrganismos beneficiosos; la oferta de agua potable, la viabilidad de acueductos, alcantarillados y el sistema logístico, y las posibles perturbaciones de los patrones de transmisión de enfermedades. Estos asuntos serían tan importantes como los energéticos y difícilmente tendremos soluciones exentas de cambios dramáticos y dolorosos en nuestra forma y condiciones de vida, mucho menos si seguimos pensando que lograremos “todo y a tiempo”.

Tener llanta de repuesto no es “pesimismo”, sino sentido racional de realidad. ¿No será prudente tenerla si pasa algo que no queremos que pase, o si la COP48 sea tan fútil como la 28?

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