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Y no importa, porque en el arte y en la ciencia de resolver los conflictos, más importante que definir quién tiene la razón -tener la razón en un conflicto sirve para muy poco- es saber resolver el conflicto.
Por Juan Carlos Manrique - jcmanriq@gmail.com
¿Cómo así que Boyacá le declaró la guerra a Bélgica?” Pues sí. Una guerra de la que muy poca gente supo. Fue declarada en 1867 y fue resuelta en 1988 con la firma de la paz: “más de un siglo de un absurdo conflicto nacido de un amor desastrado.”
En una novela histórica que me disfruté mucho, “Cartas abiertas” de Juan Esteban Constaín, se recrea esta historia de la mano de dos personajes fantásticos: Marcelino Quijano y Guillermo Santaya. Un conflicto absurdo que sí existió. Un conflicto nacido de un amor desastrado.
Y es que todo conflicto, sobre todo los conflictos absurdos, tienen un pretexto, que suele ser la punta del iceberg. Pero las causas más importantes del conflicto están en la profundidad. Y terminan dándole la razón a Hegel: El reconocimiento es el motor de la historia de la humanidad. Ser reconocidos genera nuestra existencia como seres sociales. Y no ser reconocidos, casi siempre es el motor de los conflictos. De los absurdos y de los no tan absurdos.
Para varios analistas, una de las causas profundas del conflicto entre Rusia y Ucrania, que más bien es un conflicto entre Rusia y la OTAN, es haber corrido la cerca de la OTAN hasta las narices de Putin. Es haber desconocido a Rusia. ¿Tienen razón? No importa.
Igualmente, para otros analistas, una de las causas del conflicto que se manifiesta con la guerra comercial y de aranceles iniciada por Estados Unidos, es que, para un sector muy importante de los estadounidenses, Estados Unidos se la ha pasado ayudando a todos y nadie les reconoce este enorme esfuerzo.
A tal punto, que hoy se sienten amenazados y solos frente a China. Una China tomando ventaja como potencia militar y tecnológica, en la era de la revolución 4.0. Este sector de los Estados Unidos, entiende que, ahora más que nunca, necesitan plata para afrontar lo que viene. ¿Tienen razón? No importa.
Y no importa, porque en el arte y en la ciencia de resolver los conflictos, más importante que definir quién tiene la razón -tener la razón en un conflicto sirve para muy poco- es saber resolver el conflicto. Los conflictos siempre llegan. Seguirán llegando. Son un sello perenne de nuestra condición de existir al lado de otros. En un conflicto siempre ganan quienes lo resuelven, a tiempo y al menor costo posible. No siempre ganan quienes tienen la razón.
Por eso, se necesita un gran liderazgo que evite poner en riesgo todos los logros de la humanidad alcanzados después de la II guerra mundial. Una época dorada. Claro con luces y sombras. Pero, sobre todo, una época con logros monumentales, que hoy normalizamos. Que hoy relativizamos. Y, que como bien dice Juan Esteban Constaín, los charlatanes nos invitan a no valorar. Ahora lo importante es volver a armar a Europa. Eso de estar en paz, bajo un modelo fantástico como el de la Unión Europea, que pereza. Es muy aburrido. Ya fue suficiente. Es hora de otra guerra. Es hora de que Boyacá le vuelva a declarar la guerra a Bélgica.