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Lo repugnante que es ser “políticamente correcto”

No debemos permitirles a los encubridores de la realidad, muchos de ellos cómplices de los delincuentes, que llamen a las cosas con otros nombres, con la disculpa que es más “civilizado” ser “políticamente correcto”.

25 de febrero de 2024
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  • Lo repugnante que es ser “políticamente correcto”
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Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co

Los que admiramos la sabiduría, pero no nos caerá del cielo como le concedieron al Rey Salomón por pedírsela a Yahveh antes que larga vida, riquezas o la muerte de sus enemigos, debemos admitir que ella será más un camino inacabable que un destino asegurado. Los cazadores dicen que lo emocionante no es la presa sino la caza, los héroes de Homero creían que el viaje es lo que cuenta, y Homero Simpson sabe que lo sabroso del chorizo no son los extremos sino lo que está entre ellos. Por eso el esfuerzo debe dirigirse a encontrar la forma correcta e inteligente de buscarla.

La primera dificultad para llegar a la sabiduría es aceptar que no hay un único camino, lo que facilitaría mucho el proceso, pero sería inherentemente contraria a la sabiduría que solo hubiese una sola ruta. Sin embargo, aunque existan muchos caminos, hay cosas que, no importa el escogido, son ineludibles. Exploremos una de ellas.

Si la sabiduría resulta imposible sin “un conocimiento exacto de las cosas, de cuánto y qué aprender y desaprender de ellas para poder ordenarse”, y como dice el libro de Proverbios, poder “adquirir doctrina sensata, justicia, equidad y rectitud, para dar a los cándidos sagacidad y a los jóvenes ciencia y prudencia”, dicho conocimiento no se logrará si el proceso inicia incorrectamente encubriendo la naturaleza real de las cosas al referirnos a ellas, voluntaria o involuntariamente, con otro nombre.

En el confusionismo no hay duda de que “el principio de la sabiduría es llamar las cosas por su nombre”. Ninguna estructura, incluso cognitiva, será estable y viable si los elementos que la constituirán resultan ser una cosa diferente a lo previsto, porque no supimos identificarlos acertadamente desde el comienzo.

¿Pero esto tan aparentemente filosófico qué tiene que ver con nuestro país? Que no hay que ser sabio para entender que, si queremos claridad para desarrollar nuestras potencialidades y resolver los problemas que tenemos, no debemos permitirles a los encubridores de la realidad, muchos de ellos cómplices de los delincuentes, que llamen a las cosas con otros nombres, con la disculpa que es más “civilizado” ser “políticamente correcto”.

¿Por qué a la prostituta o prostituto le cambian el nombre si el pago es por adelantado? ¿Por qué hay que aceptar que al secuestro se le llame “retención” y a los narcoguerrilleros en el poder “insurgentes”? ¿Por qué a los policías que fueron acorralados, y uno de ellos decapitado, lo que les hicieron fue un “cerco humanitario”? ¿Por qué a un pacto de apaciguamiento extorsivo lo llaman “proceso de paz”, a los criminales “gestores de paz”, a los comunistas “progres”, a un intento de golpe de Estado “estallido social”, y a los inmigrantes ilegales “indocumentados”? ¿Por qué algunos milicianos de la primera línea que trabajan en la Corte Interamericana de Izquierdos Humanos de la OEA dijeron que la asonada a la Corte Suprema de Justicia para violentar la elección de Fiscal fue solo un “momento de desorden”?

¡A las cosas por su nombre! Encubrir también es un delito.

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