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Simón, uno de los herederos del histórico nadador colombiano Alejandro Bermúdez

Simón y su hermano siguen los pasos de su padre, el histórico Alejandro Bermúdez. Otros casos.

Simón y su hermano siguen los pasos de su padre, el histórico Alejandro Bermúdez. Otros casos.

  • 1. Simón ya sorprende en la natación de los Estados Unidos. 2. Alejandro Bermúdez cuando era uno de los dominadores de la natación nacional. 3. Alejandro y sus hijos Lucas y Simón. FOTOS CORTESÍA
    1. Simón ya sorprende en la natación de los Estados Unidos. 2. Alejandro Bermúdez cuando era uno de los dominadores de la natación nacional. 3. Alejandro y sus hijos Lucas y Simón. FOTOS CORTESÍA
19 de diciembre de 2021
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Simón Bermúdez Santamaría, de 15 años, parece la fotocopia de su papá, Alejandro Bermúdez Tamayo, cuando este era joven e impresionaba con su talento en las piscinas en que competía.

La carga genética que le transmitió uno de los símbolos de la natación colombiana no solo se evidencia en su rostro, piel blanca, brazos y piernas largas, también en el talento y pasión deportiva que le permiten soñar en grande para escalar alto como lo hizo su progenitor en el ámbito internacional.

Los dichos populares que rezan “hijo de tigre sale pintado” o “lo que se hereda no se hurta”, les combinan a la perfección. Y eso que Bermúdez Tamayo, que en la actualidad labora en una empresa de criptomonedas, tiene otro hijo con las mismas inclinaciones atléticas, Lucas, de 14 años.

Desde suelo estadounidense, donde reside, lugar en el que sus menores empiezan a sobresalir en la natación, Alejandro, dueño del récord de más preseas de oro en Juegos Nacionales (27 en tres ediciones) y el nadador con más marcas nacionales (94), dice que fueron sus padres, Guillermo y María Eugenia, el primer ejemplo a seguir.

Y si bien no idolatró a ningún deportista, sí admiró a varios y aprendió de ellos detalles para consolidar su carácter en la disciplina que practicaba para alimentar sus sueños y tratar de superarlos.

También para Simón, que acaba de ser protagonista en el US Open de natación en Carolina del Norte, su padre, con quien comparte largas horas hablando del deporte que los atrapa, así como su mamá Carolina Santamaría, excampeona de esquí náutico, que lo acompaña diariamente en los entrenamientos, son su punto de referencia para sobresalir en lo que se le presenta.

Especialista como Alejandro en pruebas combinadas y de espalda, Simón dice que es bonito practicar lo que hacía su progenitor, pero asegura que desea escribir su propia historia.

“No quiero que digan ‘este es el hijo de Alejandro’, sino que me reconozcan por mis resultados”, asegura Simón, quien en el US Open, considerado uno de los campeonatos abiertos más importantes de Estados Unidos y en el que fue uno de los tres deportistas menores de 15 años presentes, clasificó a tres finales (100 espalda, 200 mariposa, y 100 mariposa).

El nadador, que este año conquistó además ocho medallas de oro en un Nacional Interclubes en Barranquilla, confiesa que muchas veces recae peso sobre sus hombros por ser heredero del hombre que estuvo en los Juegos Olímpicos de Barcelona-1992, Atlanta-96 y Sídney-2000, y quien tuvo como mejor resultado el quinto puesto en los 400 metros combinados en la final B de las justas en suelo norteamericano.

“Pero eso no me frena, al contrario, me impulsa a ser mejor. Yo veo todo lo que hizo mi papá en la natación y, sin duda, se convierte en un ser que me inspira”.

Apoyo total

A Alejandro le genera satisfacción saber que Simón tenga claro, desde hace buen tiempo y pese a su corta edad, lo que desea alcanzar en la natación.

El joven dice que su anhelo es ser medallista olímpico, de ahí sus entrenamientos constantes buscando mejorar su técnica y registros.

“Eso me llena de alegría, pues en realidad he sido muy cauto para no influenciarlo y no ponerle una presión innecesaria a él ni a su hermano, más allá de que vienen en procesos diferentes. Entonces hay orgullo saber que ellos son los que se están desarrollando, independiente de sus capacidades; que tienen metas claras y están comprometidos con sus sueños”, indica Alejandro.

El histórico nadador, múltiple medallista en eventos del ciclo olímpico, añade que Simón lo hace recordar su época en el alto rendimiento.

Cuenta que el menor siempre está actualizado en lo que pasa en la élite de la natación: admira un buen resultado, lo utiliza como fuente de motivación y a partir de él empieza a hacer un mapa mental de lo que tiene que realizar para conseguir un logro similar.

Además, recuerda a nadadores que se ganaron su admiración. Entre esos referentes menciona a los estadounidenses Mark Spitz y Matt Biondi, ambos con 11 medallas olímpicas.

“Biondi decía que el 95 % del éxito era un proceso mental, y el otro 5 % era físico. Quería decir que todos físicamente entrenábamos lo mismo, pero que la gente siempre descuida, a esos niveles de exigencia, el desarrollo y fortaleza mental”.

Y es precisamente ese enfoque el que Alejo quiere para sus hijos. Por ahora, Simón, el mayor y más avanzando, va por buen camino, entusiasmado en dejar huella y darle más alegrías al deporte colombiano como lo supo hacer su papá

Simón Bermúdez Santamaría, de 15 años, parece la fotocopia de su papá Alejandro Bermúdez Tamayo, cuando este era joven e impresionaba con su talento en las piscinas en las que competía.

La carga genética que le transmitió uno de los símbolos de la natación colombiana no solo se evidencia en su rostro, piel blanca, brazos y piernas largas, también en el talento y pasión deportiva que le permiten soñar en grande para escalar alto, como lo hizo su progenitor en el ámbito internacional.

Los dichos populares que rezan “hijo de tigre sale pintado” o “lo que se hereda no se hurta”, les combinan a la perfección. Y eso que Bermúdez Tamayo, que en la actualidad labora en una empresa de criptomonedas, tiene otro hijo con las mismas inclinaciones atléticas, Lucas, de 14 años.

Desde suelo estadounidense, donde reside, lugar en el que sus menores empiezan a sobresalir en la natación, Alejandro, dueño del récord de más preseas de oro en Juegos Nacionales (27 en tres ediciones) y el nadador con más marcas nacionales (94), dice que fueron sus padres, Guillermo y María Eugenia, el primer ejemplo a seguir.

Y si bien no idolatró a ningún deportista, sí admiró a varios y aprendió de ellos detalles para consolidar su carácter en la disciplina que practicaba para alimentar sus sueños y tratar de superarlos.

También para Simón, que acaba de ser protagonista en el US Open de natación en Carolina del Norte, su padre, con quien comparte largas horas hablando del deporte que los atrapa, así como su mamá Carolina Santamaría, excampeona de esquí náutico, que lo acompaña diariamente en los entrenamientos, son su punto de referencia para sobresalir en lo que se le presenta.

Especialista como Alejandro en pruebas combinadas y de espalda, Simón dice que es bonito practicar lo que hacía su progenitor, pero asegura que desea escribir su propia historia.

“No quiero que digan ‘este es el hijo de Alejandro’, sino que me reconozcan por mis resultados”, asegura Simón, quien en el US Open, considerado uno de los campeonatos abiertos más importantes de Estados Unidos y en el que fue uno de los tres deportistas menores de 15 años presentes, clasificó a tres finales (100 espalda, 200 mariposa, y 100 mariposa).

El nadador, que este año conquistó además ocho medallas de oro en un Nacional Interclubes en Barranquilla, confiesa que muchas veces recae peso sobre sus hombros por ser heredero del hombre que estuvo en los Juegos Olímpicos de Barcelona-1992, Atlanta-96 y Sídney-2000, y quien tuvo como mejor resultado el quinto puesto en los 400 metros combinados en la final B de las justas en suelo norteamericano.

“Pero eso no me frena, al contrario, me impulsa a ser mejor. Yo veo todo lo que hizo mi papá en la natación y, sin duda, se convierte en un ser que me inspira”.

Apoyo total

A Alejandro le genera satisfacción saber que Simón tenga claro, desde hace buen tiempo y pese a su corta edad, lo que desea alcanzar en la natación.

El joven dice que su anhelo es ser medallista olímpico, de ahí sus entrenamientos constantes buscando mejorar su técnica y registros.

“Eso me llena de alegría, pues en realidad he sido muy cauto para no influenciarlo y no ponerle una presión innecesaria a él ni a su hermano, más allá de que vienen en procesos diferentes. Entonces hay orgullo saber que ellos son los que se están desarrollando, independiente de sus capacidades; que tienen metas claras y están comprometidos con sus sueños”, indica Alejandro.

El histórico nadador, múltiple medallista en eventos del ciclo olímpico, añade que Simón lo hace recordar su época en el alto rendimiento.

Cuenta que el menor siempre está actualizado en lo que pasa en la élite de la natación: admira un buen resultado, lo utiliza como fuente de motivación y a partir de él empieza a hacer un mapa mental de lo que tiene que realizar para conseguir un logro similar.

Además, recuerda a nadadores que se ganaron su admiración. Entre esos referentes menciona a los estadounidenses Mark Spitz y Matt Biondi, ambos con 11 medallas olímpicas.

“Biondi decía que el 95 % del éxito era un proceso mental, y el otro 5 % era físico. Quería decir que todos físicamente entrenábamos lo mismo, pero que la gente siempre descuida, a esos niveles de exigencia, el desarrollo y fortaleza mental”.

Y es precisamente ese enfoque el que Alejo quiere para sus hijos. Por ahora, Simón, el mayor y más avanzando, va por buen camino, entusiasmado en dejar huella y darle más alegrías al deporte colombiano, como lo supo hacer su papá

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