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A pesar de ser el país más rico del mundo, hay un indicador en el que Estados Unidos se encuentra preocupantemente rezagado: la esperanza de vida.
El Colombiano
Estados Unidos le lleva la delantera al resto del mundo en varios frentes. El tamaño de su economía es un 60% mayor al de China, el país que le sigue en la lista. Desde finales de 2019, la economía estadounidense es la que más crece entre los países desarrollados, por lo que su distancia frente al resto del mundo, lejos de estrecharse, sigue aumentado.
Sin embargo, a pesar de ser el país más rico del mundo, hay un indicador en el que Estados Unidos se encuentra preocupantemente rezagado: la esperanza de vida. Esta, que sin duda es la medida más fundamental del bienestar de una nación, muestra cómo el sistema de salud del país se ha ido quedando rezagado. Entre los países de ingresos altos, Estados Unidos pasó de ocupar una posición promedio en la década de 1980 a caer al último lugar en años recientes.
Y eso, a pesar de ser uno de los países que más gastan en salud como porcentaje de su PIB. Factores como las muertes por sobredosis relacionadas con opioides y el aumento en las muertes violentas, ya sea por homicidios o accidentes de tránsito, han contribuido a esta lamentable tendencia.
Sin embargo, en años recientes, los hábitos alimenticios en Estados Unidos, marcados por un consumo predominante de alimentos ultraprocesados y altos en azúcar, se han convertido en el principal factor detrás de este preocupante desempeño en salud. Hoy, dos quintas partes de los adultos estadounidenses son clínicamente obesos, el doble del promedio de los países de la OCDE, reflejando una carga cada vez mayor para la salud pública del país.
Y frente a esa realidad, en el entrante gobierno de Donald Trump, surge una nueva figura que se ha convertido en el abanderado de esta causa, presentándose como el héroe que hará a Estados Unidos “saludable otra vez”: Robert Kennedy Jr., conocido como RFK. Sobrino del asesinado presidente John F. Kennedy, e hijo del senador Robert Kennedy, también asesinado, RFK ha sido designado como el candidato para ocupar el cargo de Secretario de Salud y Servicios Humanos. Su cruzada contra los alimentos ultraprocesados se ha convertido en el eje central de su discurso, representando un movimiento que expone muchas de las incongruencias ideológicas dentro de las filas de Trump.
“MAHA: Make America Healthy Again”, reza el lema con el cual RFK ha prometido combatir la prevalencia de alimentos ultraprocesados y eliminar aditivos dañinos como colorantes artificiales de la dieta estadounidense, calificando estos productos como un “veneno” que afecta especialmente a los niños. Aunque sus posturas son polémicas y han sido criticadas como desinformación por algunos sectores de la industria alimentaria, su enfoque refleja una creciente preocupación pública sobre el impacto de estos alimentos en la salud.
Sin embargo, RFK no solo apunta a los alimentos ultraprocesados como el núcleo del problema, sino que busca abordar lo que considera fallos sistémicos en las políticas de salud pública de Estados Unidos. Su plan incluye presionar por regulaciones más estrictas sobre ingredientes considerados dañinos, como los colorantes artificiales.
Kennedy ha señalado que varias empresas, como Kellogg’s, ya producen versiones más saludables de sus productos para mercados internacionales, mientras continúan ofreciendo opciones con ingredientes cuestionables en el mercado estadounidense. Este enfoque intervencionista, donde RFK plantea un estado que regule de forma mucho más contundente la producción de alimentos, podría significar una transformación radical para una de las principales industrias del país y en el mundo.
Aun así, la figura de RFK no está exenta de controversia. Sus críticos argumentan que su enfoque en los alimentos ultraprocesados, aunque relevante, desvía la atención de otros problemas clave, como el acceso a atención médica asequible o la crisis de salud pública causada por el fentanilo y otros opioides, que continúan siendo urgentes. Además, su postura ha generado tensiones entre Trump y empresarios de la industria alimentaria, quienes acusan a RFK de basar sus propuestas en argumentos que carecen de respaldo científico suficiente, una crítica que también se le ha hecho respecto a sus posturas sobre las vacunas.
Pese a ello, su nominación como Secretario de Salud señala un cambio significativo en las prioridades del gobierno, llevando el debate sobre salud pública y alimentación a un plano central en la agenda política. Esto contrasta con otros nombramientos del mismo gobierno: mientras Elon Musk tendrá un rol enfocado en reducir el tamaño del estado, RFK propone un gobierno más intervencionista que regule de forma directa las decisiones de las empresas y los consumidores, rompiendo con la tradición republicana de las últimas décadas como un partido “pro-empresa”.
El éxito o fracaso de RFK en cambiar la industria de alimentos será, sin lugar a dudas, una de las historias más interesantes a seguir dentro de este nuevo mandato de Donald Trump.