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La sombra de ‘Papá Pitufo’ sobre Petro cada día crece más y quedará tatuada en su mandato como símbolo de la incoherencia entre su discurso y su gestión.
La figura de ‘Papá Pitufo’ ha emergido como un símbolo inquietante de la corrupción y el contrabando en Colombia. Es el alias al que responde Diego Marín Buitrago y nos pone frente a una doloroso interrogante sobre nuestro país: ¿Cómo un hombre que ha delinquido durante 38 años –según el dato dado por el presidente Gustavo Petro– puede disfrutar por tanto tiempo de una riqueza mal habida sin que el peso de la ley caiga efectivamente sobre él?
El hecho de que un personaje como este no haya sido expuesto antes a la opinión no es normal. Sin duda, el Estado tiene grietas por las que se cuelan y se acomodan este tipo de delincuentes. Y habrá quienes digan que en Colombia en los últimos 50 años hemos tenido criminales mucho más ruidosos que han copado la atención del país: Pablo Escobar, los Rodríguez Orejuela, los Castaño, Berna, Tirofijo, Mono Jojoy, el Paisa, Antonio García, Pablito, y un largo etc.
Todo eso es verdad. Pero lo que sí no puede pasar ahora es que el presidente Gustavo Petro pretenda lavarse las manos y posar como si él o su círculo más cercano estuvieran libres de culpa justo cuando el país está siendo testigo de cómo brotan un día sí y otro también indicios de la relación entre Petro y Pitufo.
Como si fuera un bumerán, las acusaciones de Petro contra presidentes que lo han antecedido se le han devuelto en la medida en que la mayoría de las pruebas de presuntos nexos con el cabecilla del contrabando apuntan a él o a su círculo de allegados.
Empezando por los datos ya conocidos: los 500 millones de pesos de ‘Pitufo’ que entraron a la campaña de Petro y la avioneta que Petro utilizó para desplazarse en campaña a Buenaventura. Claro que, como es ya costumbre, para cada escándalo el Presidente saca su “yo no fui” de la chistera: la plata, dice, “la devolvieron”, y en cuanto a la avioneta dice que no sabía nada de su propietario. ¿Entonces el sesudo investigador del crimen en Colombia, Gustavo Petro, en condición de candidato presidencial, se sube en una avioneta sin saber de quién era dizque porque tenía que ir a Buenaventura y estaba lloviendo?
Llama la atención que con menos pruebas, en otros casos, el propio Gustavo Petro, cual Torquemada, ha mandado a la hoguera a sus opositores. Y ahora el mismo implacable juez quiere que el país considere que las pruebas en su contra son apenas pecados veniales. ¿Por qué tenemos que creer, por ejemplo, que Petro no conocía a ‘Pitufo’ cuando se subió a la avioneta y los gobernantes que lo antecedieron sí?
Pero además, la controversia se agudiza con la aparición en escena de Juan Fernando Petro, hermano del presidente, quien visitó a la Dian en compañía de César Valencia Mosquera —abogado y presunto intermediario de ‘Pitufo’—, y con hoja de vida en mano recomendó a John Freddy Restrepo Toro para ser director de aduanas en Buenaventura, puerto de entrada del contrabando en el país. Como el puesto ya estaba ocupado por una recomendada de la Casa de Nariño, Petro y Valencia lograron ubicar a Restrepo como segundo de la directora.
Pero eso no es todo. Ahora, y esta es una revelación que nadie ha mencionado, aparecen nuevos posibles nexos de esa relación: Petro como alcalde de Bogotá (2012-2015), nombró a Camilo Gómez Castro, a quien la Fiscalía ha identificado como “mano derecha” de ‘Papá Pitufo’, como director del Instituto Para la Economía Social (Ipes), que es la entidad que se encarga de gestionar, entre otras cosas, todo lo relacionado con las ventas ambulantes, un sector de las cuales, se encarga de comercializar los productos de contrabando. ¿Acaso hay una conexión entre ese nombramiento de Petro alcalde y el beneficio a estructuras de ‘Pitufo’?
Hablando de su alcaldía, el único proyecto de vivienda de interés prioritario que construyó fue el de los curiosos edificios de colores en la Caracas que terminó siendo utilizado en parte como bodegas para comerciantes de San Victorino y San Andresito.
A pesar de todas las estrategias que ha utilizado el presidente Gustavo Petro para zafarse de este escándalo, los indicios lo dejan muy mal parado. Confesar o reconocer estos asuntos escabrosos de campaña, dos años y medio después de ocurrido, deja un sabor en la opinión de que algo han estado ocultando. ¿Por qué no lo denunciaron en ese momento?
El país no puede permitirse que el contrabando y la ilegalidad sigan permeando las estructuras del Estado. A pesar de que su alias lo indique, Marín no es ningún pitufo y una organización ilegal como la suya, puede que no tenga tantos muertos a cuestas como los criminales antes mencionados, pero sí le hace un daño tremendo a las instituciones y a la credibilidad de la ley y del Estado. Por no hablar del impacto sobre la economía, el recaudo de impuestos y la contabilidad de los empresarios pequeños y grandes que todos los días se levantan a cumplir con la ley.
La sombra de ‘Papá Pitufo’ sobre Gustavo Petro cada día crece más y quedará tatuada en su mandato como un símbolo de la incoherencia entre su discurso y su gestión.