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Por Diego Londoño
@Elfanfatal
Las canciones componen el ADN de nuestra idiosincracia: son memoria, alegría, tristeza, esperanza, sangre, lágrimas, celebración y el recuerdo que nadie nunca nos va a borrar.
Por eso, además de compañeras sonoras que nos alegran la vida, se convierten en el álbum familiar, en el recuerdo exacto y en la dedicatoria perfecta.
Y en esta canción no hay nada más colombiano que ese grito fiestero inicial, “Ay ricooo uepajé” o el heroico güiro que no para de sonar al igual que la guitarra rasgueada y parrandera. Les hablo de Baracunatana, un himno que se canta en cumbia y en rock, y que nos define como colombianos.
La primera versión de Baracunatana tiene el esplendor del glorioso acordeón y la voz de Lisandro Meza, un cantante, acordeonero y compositor colombiano que ha grabado más de 110 discos con su sello personal de baile, fiesta e historias graciosas y se ha constituido como el rey de la cumbia en el continente. Y justamente Baracunatana hizo parte de un disco llamado Canción para una muerte anunciada, prensado en el año 1981 gracias a la discográfica Café Records.
Pero realmente Baracunatana es una canción compuesta por el músico colombiano Leonidas Plaza, un compositor prolífico que tiene bajo su nombre historias de canciones como Cumbia de los locos, El canto del turpial, Todavía nos queremos o Estás pillao. Y hablando de Baracunatana, fue compuesta en ritmo de vallenato cumbiero y fue interpretada inicialmente por Lisandro Meza.
La palabra “Baracunatana” quiere decir barata, y es producto de una jerigonza del caribe colombiano que consiste en agregar a algunas sílabas términos como “cunico” o “cuneco”. En la región del Bolívar era empleada por los negociantes para engañar a los campesinos venezolanos. Todos hablaban en sus términos para que los demás no supieran de qué se trataba el negocio, una especie de código morse que protegía a unos y despistaba a otros.
La canción está inspirada en una mujer que habitaba el barrio San Francisco en Cartagena, una mujer muy bonita que era vacilada por los muchachos de la cuadra y ella a todos les prestaba atención, era muy coqueta. Pero en la noche siempre llegaba un doctor en una moto, que finalmente se la llevaba para tener una cita con ella. Por esa dinámica y por su forma de ser, Leonidas le decía baracunatana.
La bailable y pegajosa versión de Lisandro fue popularizada aún más por la agrupación de rock colombiana Aterciopelados en 1997. Andrea Echeverri y Héctor Buitrago reconstruyeron el rompecabezas de este himno y le dieron un sello característico que tradujo entre generaciones una melodía pegajosa que nos describe como colombianos.
Los Aterciopelados le agregaron una estética oscura, celosa y rocanrolera, además frases como “por eso tú eres garulla, retrechera, abeja, bergaja, fulera, guaricha...”, y el final contundente “Sí, señora”.
Baracunatana por estas y muchas otras razones es una canción que debe ser escuchada y compartida por todos, como un himno a la alegría, a la celebración y a la magia de ser colombianos.