“Regresaremos a Venezuela”. Esa fue la promesa que hizo Leopoldo López en su primera aparición tras su fuga. Citando a Rómulo Betancourt, uno de los políticos que se enfrentó a la dictadura de Juan Vicente Gómez en la segunda mitad del siglo XX y quien tuvo que exiliarse, el líder de Voluntad Popular sentenció que, en algún momento, volverá a pisar su país.
López aseguró que sigue trabajando en equipo con el proclamado presidente interino Juan Guaidó, desmintió que su salida del país esté relacionada con un plan de crear un gobierno en el exilio y trazó la ruta que seguirá durante los próximos meses, cuando el país se prepara para unos comicios legislativos organizados por el régimen en los que solo participarán candidatos oficialistas.
El líder de Voluntad Popular, quien estuvo preso desde 2014 por liderar las manifestaciones de ese año contra Maduro, se escapó de Venezuela el fin de semana tras dejar la Embajada de España, sede diplomática que fue su hogar desde mayo de 2019. Ese mes logró salir de prisión gracias a la rebelión de un grupo de policías.
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López señaló que desde el exterior se dedicará a tres objetivos. El primero es trabajar para que en Venezuela se materialice una elección presidencial “libre, justa y verificable”. Segundo, llevar ante la Corte Penal Internacional las denuncias de violaciones a los derechos humanos del régimen de Nicolás Maduro. Esos casos ya han sido constatados por misiones de la ONU, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos y Human Right Watch, entre otras organizaciones.
En tercer lugar, prometió buscar mecanismos para “aliviar el sufrimiento de nuestro pueblo y poder garantizar la ayuda humanitaria para una de las crisis más profundas que ha tenido el continente”. Según el opositor, la alianza de naciones que respaldan su causa contra la administración de Maduro “es la coalición más amplia que se ha articulado desde la II Guerra Mundial”.
“López siempre fue uno de los líderes más emblemáticos por la popularidad que despierta entre los seguidores de la oposición. Al tiempo, ha sido uno de los más controvertidos porque suele hacer jugadas de golpe de mesa que desestabilizan a los otros actores”, dice el investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, Ronal Rodríguez.
López está en España, donde su padre, el eurodiputado Leopoldo López Gil, es reconocido como ciudadano. Su arribo al país agita las entrañas de la política nacional porque se reunió con el presidente Pedro Sánchez, quien el año pasado no aceptó encontrarse con Guaidó.
Sánchez lidera un gobierno de coalición con Unidas Podemos. Esa colectividad, encabezada por Pablo Iglesias, ha sido cercana al chavismo. De hecho, a diferencia de otros partidos europeos, no han declarado a la administración de Maduro como una dictadura. Incluso, su encuentro con el mandatario no fue en el Palacio de la Moncloa. “Veo en Pedro Sánchez mucha empatía por la causa de Venezuela”, aseguró.
A territorio español han llegado otros políticos que tuvieron que exiliarse como Antonio Ledezma. Por eso, López dijo que “no puedo criticar a los que se quedan ni a los que se van, pero sí puedo hacerlo con los que se cruzan de brazos en este momento”.
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A pesar de las preguntas que resultaron sobre cómo fue su escape de territorio venezolano, prefirió no dar detalles para “proteger la integridad” de quienes le ayudaron y, también, para que esa ruta pueda ser utilizada por otros personas. “La salida fue como fue. Discreta porque quería darle la sorpresa a mis hijos, pero totalmente transparente”, afirmó.
En 2019, cuando Guaidó cruzó la frontera con Colombia, se conocieron imágenes del líder opositor acompañado de integrantes del grupo armado Los Rastrojos.
Para López hay que usar “todas las herramientas necesarias para conseguir la salida del dictador”. En este punto citó al R2P, mecanismo que traduce la responsabilidad de proteger y que planea una acción armada, un asunto que Guaidó y otros opositores como Maria Corina Machado han presentado también.
Comentó las elecciones en Estados Unidos, asegurando que la causa de Venezuela en ese país es un asunto bipartidista. A renglón seguido, destacó la necesidad de que más países rechacen los comicios legislativos del 6 de diciembre. “La meta que nos ponemos es salir del dictador”, concluyó.
Las legislativas serán el 6 de diciembre y estas no contarán con un veedor internacional. La Unión Europea intentó mediar para aplazarlas, pero el régimen no aceptó las condiciones de la comunidad internacional. En paralelo, Guaidó planea una Consulta Popular sobre el futuro político del país, instrumento del que no se sabe cómo lo hará efectivo.