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¿Cómo afecta la ira en el cuerpo humano? Conozca cómo debe gestionarla y qué puede hacer para aprender de ella

Una investigación de una institución en Madrid, España, reveló los pro y contra de sentir la ira en el cuerpo humano.

  • El cambio por la ira se nota más precisamente en el sistema cardiorrespiratorio, porque esto aumenta la presión sanguínea, la frecuencia del pulso cardiaco y frecuencia respiratoria. FOTO: GETTY
    El cambio por la ira se nota más precisamente en el sistema cardiorrespiratorio, porque esto aumenta la presión sanguínea, la frecuencia del pulso cardiaco y frecuencia respiratoria. FOTO: GETTY
01 de abril de 2025
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A veces en determinados contextos puede resultar difícil controlar las emociones, esto teniendo en cuenta las diferentes, complicadas o fuertes situaciones que viven las personas día a día. Por eso, desde la Universidad Complutense de Madrid revelaron cómo impacta la ira en el cuerpo humano.

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Según la reciente investigación, tanto las emociones como los sentimientos afectan de forma distinta al cuerpo de las personas y en el caso de la ira aseguraron que puede “secuestrarnos” y ser incluso dañina para la salud a la hora de sentirla. Pero también puede dar claridad y motivar a un cambio positivo.

En muchas ocasiones las personas no saben qué hacer con lo que están sintiendo y eso, según los expertos, puede ser un problema a futuro, según la neurocientífica española Nazareth Castellanos es investigadora del Laboratorio Nirakara-Lab, cátedra extraordinaria de la Universidad Complutense de Madrid.

Ella, junto a Dolores Mercado, una profesora del posgrado y la licenciatura de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de México, UNAM, hablaron con la BBC sobre esta complicada emoción y sobre como se debería gestionar a la hora de sentirla con el objetivo de tener un aprendizaje.

La ira, como afecta en el cerebro

De acuerdo con la investigación liderada por las expertas, cuando hay un conflicto de cualquier tipo se entra a hablar de la inteligencia emocional y del estado interior de una persona a través de su velocidad de reacción.

“Se dice que hay veces que el cerebro responde y hay veces que el cerebro reacciona. Lo ideal es que el cerebro responda, pero normalmente reacciona, es decir, responde muy rápido”, explicó Castellanos al medio británico.

Al llegar a un momento de estrés, las neuronas en la amígdala tienen mucha actividad y reaccionamos más rápido ante cualquier estímulo, detalló la experta, por lo que propuso considerar tres situaciones puntuales.

“Imagínate que llega alguien y te dice algo que es aversivo. Esa información cuando entra al cerebro sigue su recorrido normal y al pasar por la amígdala, que es la zona más importante para las emociones más aversivas como la ira, la amígdala tiene que interpretar junto al hipocampo y la corteza frontal, esos tres, cuánto de desagradable ha sido esa reacción”, detalló.

Las tres situaciones expuestas en la investigación

Primer caso: “llega fulanito y me dice algo desagradable. Y entonces el hipocampo y la corteza frontal, entre ambos, moderan a la amígdala. Imagínate el papel de un mediador. Es el escenario un poco idílico y no siempre útil”.

Para el segundo caso, una persona nos dice algo y nos enfadamos:

“La amígdala aumenta su actividad. Y empiezo a respirar de una forma más rápida, la tensión aumenta, mi corazón late más rápido y mi musculatura lo evidencia. Es lo que debe ser normal. Llega alguien que me dice algo negativo y respondo al enfado ahora”.

En el tercero, ya la persona está muy estresada o enfadada por la persona:

“Y llega y me dice algo negativo. Mi amígdala ya está pa, pa, pa, pa, y le envía la información a la corteza frontal, pero sesgada. Se convierte todo en amígdala”. En este caso ya la reacción sería muy exagerada.

“Entonces ahí puedo decir cosas de las que me arrepiento, hay gente a la que le puede dar un infarto. Es el circuito amígdala, hipocampo, corteza frontal. Pero en este caso, el que más voto, el que más peso tiene, es la amígdala”, sostuvo la experta.

La ira: como impacta el corazón y sistema digestivo

De acuerdo con un estudio de 2024, liderado por el profesor de Medicina de la Universidad de Columbia Daichi Shimbo, y recomendado por las expertas, se conoció que una ira de ocho minutos altera la capacidad de los vasos sanguíneos para dilatarse, lo que aumenta el riesgo de daño vascular a largo plazo.

Y es que según esta información, el cambio por la ira se nota más precisamente en el sistema cardiorrespiratorio, porque aumenta la presión sanguínea, la frecuencia del pulso cardiaco y frecuencia respiratoria.

Por su parte, las afectaciones a la parte digestiva dicen que actúan más lento. “El intestino tiene toda una red de neuronas que se llama el sistema entérico. Entonces el sistema entérico hace que se contraiga el estómago, que se inflame”, afirmó Castellanos.

La neurocientífica reveló que todo en el cuerpo humano ocurre con una rapidez distinta, es decir, mientras más arriba la parte del cuerpo, más rápido pasan las cosas, por eso la afectación de la ira en el cerebro actúa inmediatamente.

“Cuanto más arriba en el cuerpo, las cosas son más rápidas. El estómago y el intestino son lentos. Puede que tuve un enfado y ya me he calmado, y al cabo de un rato tengo la tripa hinchada, inflamada, noto ardor, un montón de jugos y tengo mucho malestar tanto estomacal como intestinal”, puntualizó a la BBC.

La ira como factor de cambio

Con base a un poema del escritor persa Rumi, ‘La casa de huéspedes’, todas las emociones tienen una función, señaló Castellanos. Por eso también contó que a veces “hay que darle un puñetazo a la mesa, no quedarnos en plan, está todo bien”, con el fin de desahogar la ira.

Para la académica, Dolores Mercado, la ira tiene una función de cambio, que al igual que con todas las demás, tienen una función muy adaptativa de acuerdo a los momentos que vive una persona.

“Al igual que todas las emociones, tiene una función adaptativa (desde luego protectora) y entre sus funciones están: restaurar la justicia y eliminar los obstáculos al logro de los propios objetivos. Comunicar que se está enojado”, detalló.

En momentos de gran tensión, cuando la ira es alta o su duración es muy grande, según ella, también puede llegar a ser dañina fisiológicamente a las personas.

“Cuando las emociones surgen como reacción a una situación que consideramos injusta, el enfado nos genera una necesidad de acción”, dijo Mercado. Asimismo, señaló que la ira agudiza los recursos neuronales, amplifica la percepción en determinados casos.

“Hay que agradecer sus funciones, muchas de las cosas en que hemos avanzado como seres humanos ha sido gracias a la ira de unos pocos. Si las mujeres en Londres en el mil novecientos no se cabrean, no votamos”, concluyó al medio de comunicación británico.

Estas son las herramientas para gestionar la ira, según expertas

1. Permitir, observar e investigar la situación: preguntarse ¿qué es lo que me ha enfadado?, ¿qué quiero cambiar?, ¿es justo que lo cambie?

2. La importancia de la exhalación: Lo que debemos hacer entonces “es intentar ralentizar la respiración, de forma que la exhalación sea más larga que la inhalación”, explicó Castellanos.

3. El poder del mantra: “el efecto mantra”, según la experta, proviene de un estudio de la Universidad de Tel Aviv. Se debe repetir una palabra “sin ninguna connotación espiritual, ni religiosa, ni emocional, ni Jesucristo, ni Buda, ni amor, nada”.

“La idea es entonces repetir esa palabra (ejemplo) vaso, vaso, vaso, pero en silencio. Los investigadores observaron que repetir ese mantra bajaba la actividad de la amígdala”, detalló la experta, al momento de tener ira.

Al final, según la información de la investigación, lo que se debe hacer con la ira es gestionarla, pero nunca reprimirla.

“Cualquier emoción que sea reprimida va a salir por otro lado, y normalmente se va a somatizar. Tenemos que comprender que son dos caras de la misma moneda y que cuidar la salud mental es cuidar la salud física y cuidar la salud física es cuidar la salud mental”, concluyeron.

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