Sin que esté sucediendo un evento atemorizante hay personas que sienten miedos con frecuencia. Existen unas más ansiosas que otras y cada una por razones diferentes. Sienten miedo a que una herida se les convierta en cáncer, o a que los comentarios de otros les destruyan la vida. En estos casos hay una hipervigilancia.
Ante situaciones estresantes es natural sentir ansiedad, solo que “hay una idealización de estados de bienestar que nos quitan la posibilidad de sentir y aprender a sobrellevar emociones y situaciones desagradables”, explica Mauricio Gómez, psicólogo de la Universidad San Buenaventura y estudiante de la maestría en Neuropsicología del CES.
Sin embargo, si quien lee este artículo es personal de la salud, es normal que sienta ansiedad ante la situación que plantea la pandemia actual, un peligro evidente. Le puede pasar a quien se enfrente al covid-19 tan cerca o al que perdió el trabajo en medio de esta situación. Eso mismo sucede en otros contextos: por ejemplo a las personas que tienen que caminar por callejones oscuros. Hay ocasiones en las que no sería normal no sentirla.
“En el fondo la ansiedad es una necesidad de control interna (sobre lo que se piensa y siente) y externa (sobre lo qué pasa)”, anota Gómez.
Y agrega que una predisposición a la ansiedad como enfermedad (tener la idea frecuente de que enfermará) responde a las estructuras mentales. Estas son como unas gafas para entender el mundo que se relacionan con la personalidad fundada en una parte genética, de crianza y en el sistema de creencias de cada uno.
Hay individuos que tienden a creer que el mundo es un lugar inseguro por lo que se protegen todo el tiempo, aún sin amenazas directas, complementa la psicóloga de la UPB Laura Restrepo.
La situación del planeta con respecto a un virus desconocido para el sistema inmune humano es una amenaza para todos, pero no necesariamente si se está cuidando. De cualquier manera, estas personas tienen sus sistemas de alerta encendidos y pueden creer que algún tipo de contacto con alguien los contagiará o que un estornudo significa que ya les llegó.
En este punto es clave tener presente que el temor asociado al peligro es una forma de protección. Así que no porque se sienta paranoico ante la idea de que lo están persiguiendo, eso significa que no lo están siguiendo.
Juan Vásquez, psicólogo de la U. de A., agrega que las personas que sienten ansiedad en este momento están teniendo comportamientos adaptativos, pues lo normal ante un virus es estar atentos a las señales del cuerpo para identificar signos de alerta. E incluso estar atento a los contactos será importante, aunque parezca exagerado. La epidemióloga Ellie Murray de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston sugiere hacer una lista de con quienes haya conversado por más de 15 minutos y a menos de dos metros de distancia, con el fin de ayudar al seguimiento de contactos.
Otras personalidades, con estructuras distintas, suelen entusiasmarse con los retos y cambios que presenta este momento, y por ello enfrentan sus miedos. Porque también los tienen.
Un tercer tipo podría decirse que tiende a la tristeza, reafirmando su falta de fe por la humanidad y podría inclinarse por un aislamiento total, incluso de las personas de su casa, así como de las que más quiere.
También los hay planificadores y estrategas, aquellos que están predispuestos a mantener cada situación bajo control y sus estrategias de afrontamiento, que suelen ser el dominio, pueden sentirse más intensamente en una crisis, ante las incertidumbres que ha sembrado el Sars-Cov-2. Un contexto ante el cual ni los estados ni la ciencia tienen total maniobrabilidad. Un ejemplo se evidencia en la entrevista que dio el primer ministro británico Boris Johnson a la BBC la semana pasada: “No entendimos el virus durante las primeras semanas”, declaró.
Mantenerse maduro en medio de la crisis
Hay algo que está sucediendo y el diálogo desde diferentes perspectivas permite acercarse a la realidad, por eso es que Gómez recomienda informarse de fuentes confiables sobre lo que sucede y de forma precisa, ni más ni menos; mantener una rutina y hacer actividad física (caminar por la casa, por ejemplo, al menos cada hora), porque la regulación de cortisol durante el ejercicio mejora la disponibilidad de energía para que pueda ser utilizada por las células de su cuerpo y le ayudará a tener mejor estado de ánimo, reitera la Organización Mundial de la Salud.
En medio de la confusión el malestar es normal. Y la psicología no le promete que todo estará bien o que nada volverá a salir mal en su vida. Esta no puede eliminar los males intratables, que hacen parte de la vida.
Lo que sí puede hacer, sin embargo, es enseñarle una variedad de maniobras mentales que harán que esos males –la muerte entre ellos– sean mucho menos dolorosos y persecutorios de lo que hubieran sido de otra forma.
Hay maneras, mejores y peores, de soportar las aflicciones que no se pueden evitar. Gómez recuerda que “la situación actual confronta aquella ilusión de control que tenemos sobre la vida. Este contexto está poniendo en evidencia que no tenemos control sobre cosas que antes dábamos por sentadas”.
Sí hay, en cambio, formas de interpretar los desastres que les añaden una nueva capa de dolor y miedo, y otras que, aunque no alejan el caos por arte de magia, al menos eliminan sus características secundarias y agravantes.
El filósofo suizo Alain de Botton, en su portal web sobre cómo vivir mejor en la posmodernidad (The School of Life), le pide considerar dos de las cosas que los que tienen una vida interior agitada (y un pasado difícil) pueden (injustamente) decirse a sí mismos cuando se encuentran con las vicisitudes de la vida: “Esto va a ser el fin de todo” o “la muerte está claramente cerca”. Y a la vez le propone compararla con lo que las voces más sabias podrían proponer, como mantener la perspectiva ante cualquier situación. Porque por muy contrario a la intuición que esto pueda parecer, incluso en una pandemia, usted puede estar exagerando.
El mundo exterior puede ser malo, pero no necesariamente tiene que hacer de su mundo interior algo peor. Los psicólogos plantean que este último puede agregar aún más miedo del necesario. Y manteniendo perspectiva sobre lo bueno que ha resultado en esta pandemia, como los intentos por lograr una vacuna en corto tiempo o los avances tecnológicos en respiradores colombianos, puede ayudarse a recordar que de esta saldremos adelante . n