Cuenta la historia que en 1971 se instaló en un restaurante de la Universidad de Stanford la que es considerada la primera maquinita de videojuegos.
El cajón azul con pantalla, palancas y botones, que en otras latitudes se conoce como arcade o máquina recreativa, se llamó Galaxy Game. Allí, con algo de desconfianza en principio, los estudiantes insertaban su moneda para controlar un cohete que disparaba puntos blancos a otra nave en el espacio.
De aquella época a la actual, las maquinitas han tenido una gran evolución, cambiando de tamaño, monitores y colores, hasta llegar a la posibilidad de jugar clásicos como Cadillacs & Dinosaurs o Sunset Riders con cuatro jugadores al mismo tiempo.
La fiebre de las maquinitas
Su época dorada en Colombia abarcó desde principios de los 80 hasta finales de los 90, donde cada tienda, panadería o centro comercial tenía una.
Desaparecieron un tiempo a inicios del siglo XXI por temas como “la regulación excesiva del gobierno, el auge de los sitios donde se alquilaba por horas las consolas de videojuegos y la llegada masiva de estas a los hogares”, opina el fabricante de arcades, Julio Casallas.
Sin embargo, los nostálgicos no dejaron que se perdieran como ha pasado con otros inventos -y así ya no sean un negocio para las tiendas- los fanáticos tienen en sus casas maquinitas que les recuerdan su época en la escuela cuando ahorraban lo del algo para cambiar su moneda por tiempo en su juego preferido.
Uno de ellos es Jefferson Romero, quien de niño vivió la época dorada del arcade.
“Las primeras máquinas que conocí eran estilo mesa coctelera. Tenían juegos básicos como Space Invaders y Pac-Man. Luego, con el paso del tiempo evolucionaron a juegos con mejores gráficos como Out Run, en el que se manejaba un deportivo rojo acompañado de una chica rubia”, dice Jefferson que ahora tiene 43 años.
Recuerda que de niño ahorraba el dinero que le daban para el recreo y se iba a jugar a escondidas de su mamá.
En una de esas ocasiones salió en su bicicleta, la parqueó fuera de la tienda y se dispuso a sacarle provecho a su token (moneda para maquinitas). Tan entretenido estaba cazando marcianitos que no se dio cuenta que su bicicleta desapareció.
“Tuve que llegar a la casa con el cuento de que me habían atracado. Mi mamá no me creyó ni cinco y me tocó decirle la verdad”, recuerda entre risas Jefferson quien ahora cuenta con una máquina de 20 juegos en su casa: Arkanoid, 1942, Burguer Time así como Donkey Kong, Pac-Man y Space Invaders son parte de los clásicos que juega a diario.