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Tal vez porque la timidez de Williams no lo había permitido y apenas ahora, a sus 92 años, acepta que se ha ganado a pulso todos los homenajes que quieran hacerle, por fin tenemos un documental que intenta estar a la altura de una carrera brillante y apabullante. Pasarán años para que algún director más sensible y menos convencional que Laurent Bouzereau nos ofrezca un perfil más personal y profundo, pero no se puede subestimar este intento, pues Bouzereau, curtido en cientos de minidocumentales “detrás de cámaras” crea una mezcla muy entretenida entre los testimonios de grandes directores que admiran a Williams, el material de archivo que éste le entrega y algunas secuencias, escogidas estratégicamente, que recrean varios de los picos creativos de una trayectoria tan extensa que necesitaría una serie para ser exhaustiva.
“La música de John Williams”, documental que estrenó Disney Plus hace unos días, está llena de momentos en los que a todos nos brillan los ojos, como a Spielberg contando aquella anécdota, porque John Williams es el compositor vivo más popular que existe aunque las multitudes que tararean sus obras no reconozcan su rostro. A muchos les pasará como a mí, que sólo viendo la película recordarán que escribió la partitura de “El violinista en el tejado”, con la que ganó el primero de sus cinco premios Óscar, un resultado injusto si pensamos que ha estado nominado 54 veces.
Paradójicamente el documental funciona mejor cuando más especializado y circunscrito a la música es. En los momentos en que vemos a Williams pedirle cierto movimiento de dedos a su arpista para lograr la sonoridad que necesita, o cuando el compositor explica las intenciones del motivo musical que usó en “Encuentros cercanos del tercer tipo” o esa contradicción obscura en la melodía más reconocible de la banda sonora de “Harry Potter”.
Bouzereau tiene buen criterio en los testimonios que selecciona de colegas como Thomas Newman o Alan Silvestri, para que intentemos entender la dimensión de Williams, pero tal vez el mejor sea el de J.J. Abrams, cuando recuerda cómo de niño ponía la música de “Star wars” en el tocadiscos, cerraba los ojos e imaginaba la película que ya había visto. Porque eso es Williams, uno de los últimos grandes narradores del cine. El autor de la partitura de nuestra nostalgia.