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Diego Londoño
@Elfanfatal
Siempre tengo urgencia por descubrir la próxima canción que me cambiará la vida, el disco que se convertirá en compañía o la banda o artista que serán ahora amigos, cómplices.
En esa búsqueda, sin salir de mi casa y con los audífonos puestos, llegué con agrado al Pacífico colombiano, a Timbiquí, Cauca. Llegué donde el verde se apodera de los ojos, donde el río es café como el arequipe y los niños juegan a ser grandes y trabajan para comer. Llegué donde las canciones son fiesta eterna.
La música debería ser eso, la expresión del territorio, del corazón de la gente y su manera de vivir. Debería convertirse en el verdadero lenguaje universal con sonido y latido constante. Y es ahí cuando aparece Herencia de Timbiquí, once músicos que conocen bien el sonido de su corazón, y que con el conocimiento musical empírico del Pacífico colombiano y fusionado con elementos de la música urbana contemporánea, crearon una obra artística fiel a la realidad de una región y respetuosa con su tradición. Herencia de Timbiquí es una de las propuestas sonoras colombianas de vanguardia que más orgullo hacen sentir en el pecho.
Ellos entienden, respetan y promueven la tradición musical de los abuelos, del territorio, de la gastronomía, de la naturaleza, de las historias sencillas de pueblo, del color de piel que es orgullo, fiesta, sabor y fortaleza.
Herencia de Timbiquí para sus integrantes probablemente es la vida que siempre quisieron vivir, y que la marimba de chonta, los cununos y el bombo folclórico les permitió respirar. O probablemente es el sueño del que no despiertan, que nos regala la representación perfecta de la música colombiana actual. No son folclor porque esté de moda, no hacen canciones de amor porque vendan, solo sonríen, disfrutan, cantan y nos regalan la sinceridad de la música del país que hace rato estaba extraviada.
Ellos son chontaduro, río que corre mirando al pueblo, yuca frita, pescadores, guarapo, ñame, biche y arrechón. Herencia de Timbiquí es el presente sonoro que nadie nos va a robar.
Escuchen esta bella propuesta, déjense sorprender por el encanto maravilloso de sus historias, por el sonido de sus instrumentos, por la sinceridad de su mirada, y encuentren en ellos el nuevo amor sonoro del día, que con seguridad les hará muy bien.