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“Al buen periodismo le hace falta sociedad que lo acompañe”, Javier Valdez, periodista mexicano asesinado en 2017
El periodismo en América Latina (y no es que en el resto del mundo las cosas sean mucho mejores) luce hoy como un barco encallado. Como una nave que cuando fue muy grande surcaba las aguas de la realidad con facilidad, y que ahora no sabe cómo maniobrar en una actualidad cada vez más pantanosa.
Esa imagen, entre otras tomas poéticas y potentes, la utiliza el director Santiago Maza, que alguna vez quiso ser periodista, como símbolo de la situación que viven en momentos recientes de sus carreras los cuatro reporteros que protagonizan Estado de silencio, documental sólido desde su material y sensible desde su aproximación, que es producido por “La corriente del golfo”, la compañía fundada por Gael García Bernal y Diego Luna con la idea de contar esas historias necesarias pero menos apoyadas por el circuito comercial.
Veremos a los cuatro periodistas sin saber cómo moverse ni cómo vivir, en un territorio ajeno, hostil en algunos casos, al que han tenido que huir para no acabar como los 163 colegas que han sido asesinados en México entre el 2000 y comienzos de este año (sin contar a los 32 que continúan desaparecidos). La cámara de Maza los sigue a todas partes y nos permite conocer su valentía pero también su desespero y la angustia por sus familias, que se ven gravemente afectadas sólo porque ellos decidieron contar la realidad tal como la veían, incomodando con sus investigaciones a poderes de todo tipo y de toda filiación ideológica. Como dice Carmen Aristegui en un testimonio, “al matar a un periodista se mata el derecho de la sociedad a estar informada”.
El gran acierto de Estado de silencio es personificar los problemas. Porque eso evita las generalizaciones que les gustan tanto a los que viven desprestigiando al periodismo como un todo, como si en cada oficio que existe no hubiera profesionales buenos y malos (y por eso a nadie se le ocurre decir “la arquitectura vendida” ni hablar mal de “los hospitales hegemónicos”) o como si uno pudiera llamar “muñecas de la mafia” a periodistas como Ana Cristina Restrepo o Laura Ardila y quedarse tan tranquilo.
Y menciono este dicho del presidente colombiano, porque son cuando menos curiosas las similitudes que uno reconoce al ver “Estado de silencio” entre mandatarios tan distintos entre sí como el de México y El Salvador, o el de Colombia y Argentina, en su forma de satanizar al periodismo, olvidando que en países como los nuestros pagan justos por pecadores y los reporteros de las zonas donde el Estado es más débil terminan siendo perseguidos por sus aúlicos, en un afán de linchamiento que sólo perjudica a la democracia
Ha hecho Santiago Maza con Estado de silencio una película necesaria para todo el continente. Para que recordemos que el periodismo, como los faros, no previene las tormentas ni las controla, pero ilumina nuestra ruta para evitar que naufraguemos en ellas.