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Mientras que los gobernantes no vean una verdadera urgencia ciudadana ante este tema, la ley contra el ruido no va a ser prioritaria en sus agendas.
Por Daniel Carvalho Mejía - @davalho
Sí, ya había escrito sobre esto hace pocos meses; sin embargo, las circunstancias decembrinas me obligan a volver sobre el tema. Durante la Navidad, como era de esperarse, se dispararon las quejas sobre el ruido: la pólvora descontrolada, el vecino ruidoso, la fiesta que altera toda una vereda hasta la madrugada, los parlantes en la playa al máximo volumen e incluso, en un caso que se hizo viral, la misa de gallo que pareció volverse obligatoria para todo un barrio. Los casos son repetitivos, al igual que la insuficiente respuesta de las autoridades y la sensación de impotencia de los ciudadanos que no encuentran otro camino diferente a rumiar su ira, abandonar su lugar o, en ocasiones desesperadas, intentar resolver el problema con sus propios métodos.
Ante este problema crónico muchas personas me llamaron para preguntarme, con un anhelo casi cristiano, cuándo estará lista la ley contra el ruido que presenté ante el Congreso. “Ven, no tardes tanto”, parecía ser el clamor de los colombianos que ponen algo de esperanza en este trámite legislativo. Es importante saber que el proyecto de ley ya pasó el primer debate en la Comisión Sexta de la Cámara de Representantes y todavía debe superar tres debates más durante el próximo semestre. Yo pienso que será aprobado antes del final de la actual legislatura, dado que el proyecto ha parecido generar consenso entre mis colegas y el Ministerio de Medio Ambiente se ha mostrado comprometido con esta causa. A partir de ahí, quedará en manos del gobierno nacional su reglamentación y la posterior expedición de una política pública que defina con claridad las normas, las sanciones, los responsables y los ámbitos de aplicación.
Sin embargo, debo ser claro: no podemos poner todas las expectativas en una ley. Además de los largos tiempos del trámite en el congreso y el gobierno, sabemos que en nuestro país somos prolijos en leyes, normas, decretos, acuerdos y ordenanzas que se quedan en el papel y que, a falta de voluntad política, terminan siendo titulares de un día o efímeras victorias mediáticas. Así las cosas, se hace necesario acudir a otras formas de presión. Mientras que los gobernantes no vean una verdadera urgencia ciudadana ante este tema, la ley contra el ruido no va a ser prioritaria en sus agendas; si no hay una movilización masiva, expresada en redes sociales, medios de comunicación, eventos académicos, etcétera, seguiremos asistiendo al incremento del ruido, al deterioro de nuestra salud y al aumento de los problemas de convivencia en nuestros barrios.
En los próximos meses, en todos los municipios y departamentos colombianos se estarán elaborando y debatiendo los planes de desarrollo que enmarcarán la acción pública durante los cuatro años venideros. Allí tenemos una oportunidad inigualable para que este problema pase a ser parte de la agenda pública y quede consignado en programas e indicadores de las administraciones que empiezan. Pero si no queda, de manera explícita, en los planes de desarrollo, podemos dar por sentado que no será abordado durante todo el próximo período.
La invitación es, entonces, a llamar a sus concejales y diputados, a copar los espacios de participación ciudadana, así como escribir a sus alcaldes y gobernadores para que se den cuenta de que la situación es preocupante y merece ser tenida en cuenta durante sus gobiernos. Suena contradictorio, pero necesitamos hacer una bulla por el silencio.