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Nada de lo propuesto por Chávez y Maduro se ha cumplido; por el contrario, la economía ha venido en decadencia y el poder popular ya no se reconoce ni en las urnas.
Por Natalia Zuluaga Rivera - nataliaprocentro@gmail.com
Hace unos días, me decía un gran amigo, Francisco Galán: “Las sociedades cambian por la economía, no por la política”. Me quedé pensando en lo diferente que pensaba en mi época de estudiante de Derecho en la universidad, donde lo único que me deslumbraba en política eran esos discursos socialistas, paternalistas y altruistas, creía equivocadamente que esto era lo mejor para las mayorías, sin pensar en el impacto que podían tener esas políticas económicas populistas de movimientos de izquierda en una sociedad.
Creo que los años, el estudio y la experiencia de vida, te van mostrando que las ideas revolucionarías de inspiración marxista se quedan en el discurso y solo son la oportunidad de gobernantes como Maduro y Petro para acceder a privilegios del poder, enriquecerse e instaurar dictaduras burocráticas y opresoras como la que vive hace 25 años Venezuela.
Es claro que muchos de sus seguidores han sido adoctrinados e ideologizados por el sistema; algunos terminan esclavos de subsidios o dependientes de limosnas del Estado, pero hoy la mayoría de venezolanos saben que esas políticas económicas de izquierda que defendieron, no benefician el interés general ni contribuyen a la creación de riqueza, lo que, finalmente, sería un camino seguro para disminuir la pobreza, construido desde un capitalismo consciente y equilibrado.
Hace 25 años se posesionó un gobierno que pretendía disminuir la pobreza en Venezuela, en uno de los discursos de Hugo Chávez en 2006, dejaba claro sus objetivos estratégicos: “Creación de una economía productiva socialista; Poder popular como máximo poder de la República; Construcción del equilibrio internacional y el surgimiento de Venezuela como potencia energética”.
Nada de lo propuesto por Chávez y Maduro se ha cumplido; por el contrario, la economía ha venido en decadencia y el poder popular ya no se reconoce ni en las urnas. Si bien Venezuela siempre ha contado con una riqueza petrolera voluminosa, hoy el salario mínimo mensual está en 3.5 dólares, lo que no alcanza ni para una caja de huevos y, según Equilibrium CenDe -Centro de Pensamiento Independiente-, 11 millones de venezolanos (cerca del 80% de la población) gana menos de 100 dólares al mes.
Estamos viviendo uno de los éxodos más grandes de la historia reciente de Latinoamérica: más de 7 millones de venezolanos han migrado a diferentes países y casi 2 millones ha llegado a Colombia pidiendo comida, medicamentos, salud y hasta limosna; esto representa también una tragedia humanitaria de las personas que han abandonado su país y han sido separadas de sus familias.
Lo que pasa en Venezuela repercute directamente en Colombia. Recordemos que las sociedades no necesitan que se les regale nada, no necesitan subsidios ni bonos, solo que se les reconozca la dignidad, que se les empodere y se les convenza de que tienen las herramientas para materializar sus sueños. Solo así podemos construir la riqueza que finalmente nos permitirá tener una sociedad más justa para las mayorías.
Posdata. Presidente Gustavo Petro, la incertidumbre en la economía del país ha disminuido la inversión privada y, sin crecimiento económico, no habrá reducción de la pobreza. Una política social sin inversión privada es insostenible. No permitamos que lo bueno que se ha construido en Colombia sea destruido en los dos años que le restan de su gobierno.