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Tenemos una preciosa oportunidad cada día para explorar nuestro propio ser y contribuir a la construcción de una sociedad basada en la inteligencia colectiva.
Por María Luisa Zapata Trujillo - JuntasSomosMasMed@gmail.com
Todos los días se aprende algo nuevo. Ese dicho que nos invita a estar alertas, promueve el aprendizaje y nos llama a la reflexión en cada día, ha cobrado una nueva intención para mí. El tiempo nos da muchas lecciones y, a veces, por más que queramos, la única forma de vivirlas es precisamente con el paso del tiempo.
Los días son un ciclo bonito, dan una sensación de renovación permanente. Hasta hace poco, siempre tomaba esta invitación como una carrera para incorporar en mi vida la mayor cantidad de conocimiento, estudios, datos importantes, teorías. Aprender todos los días algo nuevo era una promesa para poner conocimiento desde afuera hacia adentro y procurar que ese conocimiento fuera útil en mi trabajo y en mi vida. Y es una buena perspectiva, pero creo que no puede ser lo único que nos alimente.
Como Carl Rogers, pionero de la sicología humanista, afirmaba: “El único individuo que está educado es aquel que ha aprendido cómo aprender... y ha desarrollado la capacidad de reflexionar sobre sí mismo”. Fuerte afirmación que ha resonado en mí, en conversaciones recientes que han destacado la importancia de las preguntas introspectivas. Cuando no conoces tus límites y tus mayores fortalezas para relacionarte con los demás, puedes enfrentarte a obstáculos difíciles de superar. José Echeverri, líder y vocero de reflexiones sobre el talento humano, nos compartió esta semana, una historia sobre su proceso, cuando se enfrentó a una nueva etapa de su liderazgo.
Sócrates comprendía la introspección como la verdadera herramienta para entender lo que podemos hacer y anticiparnos a nuestros límites; pero parece que nosotros nos hemos hecho un poco los bobos, a decir verdad, y muchas veces ni siquiera somos capaces de responder hasta las más simples preguntas sobre nosotros mismos. Nos alejamos de nuestra identidad para llenarnos de estímulos externos y ejemplos o retazos de los demás sin anteponer nuestra esencia como seres humanos, valiosa toda cuando se honra y se le da una voz.
Me gustaría que estas búsquedas fueran invitaciones tempranas, y permanentes. Que, así como es tan importante aprender sobre matemáticas, sea tan relevante conocer tus emociones, cómo reaccionas ante las diferentes circunstancias y poder regularte para enfrentarte de la mejor manera posible a lo que te sucede. Que así, como te preguntan por resultados, puedas ser preguntado por tus grandes pasiones, por el fuego que te moviliza al interior para dar lo mejor de ti en un trabajo, en tu familia, en los grupos de los que haces parte.
Tenemos una preciosa oportunidad cada día para explorar nuestro propio ser y contribuir a la construcción de una sociedad basada en la inteligencia colectiva. Es hora de tejer colectivamente, celebrando los valores individuales, comprendiendo las limitaciones y creando entornos en donde la identidad de cada uno sea exaltada. Es clave, que tanto los valores como las habilidades de cada individuo sean reconocidos y apreciados, para que podamos fusionar auténticamente lo que somos y revelar nuestro máximo potencial ante el mundo.