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El enemigo de la creatividad es el aburrimiento y su cómplice, en cambio, es el estado de alerta. Es la incomodidad la que parece disparar nuestro desempeño.
Por Adriana Correa Velásquez - adrianacorreav@atajosmentales.com
Unas horas antes de que tocara esa primera nota en el piano, ella, la organizadora, le había implorado bajo la lluvia que no se marchase, que diera el concierto. Al pianista le habían bastado unos segundos para saber que el instrumento estaba desafinado, su sonido era metálico y apagado en los registros superiores y débil en el registro bajo, tenía cuerdas rotas y los pedales no funcionaban correctamente. Así no tocaría. Pero esa chica de apenas diecisiete años, lo había conmovido.
Cuando se escucha el concierto se alcanzan a colar los gritos emotivos de los asistentes. Esa función improvisada e incómoda se convirtió en el álbum individual de jazz más vendido de todos los tiempos. Para escribir esta columna pongo a sonar la primera de sus tres partes, una y otra vez. Me imagino a Keith Jarrett, el pianista, entre malgeniado y resignado, pero al mismo tiempo, decidido. Lo veo parándose ante ese auditorio de 1.400 espectadores para arrancarle registros y volumen al instrumento. Y casi puedo ver al público hipnotizado ante tanta belleza tan inesperada. The Köln Concert, se llama.
Pienso en ese comienzo, en esa primera nota de ese piano difícil y trato de imaginar un resultado tan inesperado como bello para mí, también incómoda con este nuevo comienzo en otra ciudad. Echo mano de la psicología y de experimentos que han demostrado que es la incomodidad la que parece disparar nuestro desempeño o creatividad. El pódcast que habla del episodio del concierto de Jarrett (Cautionary Tales: Bowie, Jazz and the Unplayable Piano), menciona un par de experimentos sociales en los que los psicólogos prueban que aquello que nos es desconocido, dispara la concentración y eleva nuestra atención. El enemigo de la creatividad es el aburrimiento y su cómplice, en cambio, es el estado de alerta. A unos estudiantes, por ejemplo, les dan textos con un tipo de fuente, de letra enrevesada e intrincada, mientras al otro grupo le dan los mismos escritos con un tipo de letra estándar. La comprensión y desempeño de los primeros es superior. Parece que el obstáculo, el hecho de tener que aumentar la atención, esforzarse más para leer, es la clave. El mismo episodio agrega a la lista otro ensayo con dos grupos de estudiantes, uno de amigos con ideas parecidas y, otro, con integrantes desconocidos y de variado estilo de pensamiento. A los equipos les entregan el caso de un crimen para descifrar quién fue el asesino. El primer grupo, además de haberla pasado bien, se sentía seguro sobre la respuesta entregada. El segundo, en cambio, confesó haberse sentido incómodo al trabajar juntos, pero fue este equipo el que resolvió el acertijo.
Invoco a Jarrett y a sus notas, repaso mi última década con giros cada dos o tres años, con esa suerte de obstáculos autoimpuestos que desdibujan cualquier forma recta. Escucho las últimas notas de ese concierto en la ciudad alemana. Si hubiese sido recta me aburriría.