Con una preocupación compartida por la incertidumbre que embarga al sector ante lo que pueda pasar a partir del próximo jueves 20 de julio, cuando se instale un nuevo periodo legislativo de sesiones ordinarias en el Congreso de la República y el Gobierno Nacional tenga una segunda oportunidad para proponer y recibir la aprobación de su proyecto de reforma de la salud, los expertos convocados por EL COLOMBIANO al foro “Reforma a la salud en Colombia ¿para todos?”, coincidieron en que si el texto llegara a pasar tal cual estaba redactado, las consecuencias serían dramáticas.
Jairo Humberto Restrepo, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antiquia y coordinador del Grupo de Economía de la Salud, comentó que el documento que se discutió “desnaturaliza” los avances del sistema actual de salud en el país y por su incoherencia “no es defendible”, en particular por el análisis técnico que ofrece para su sostenibilidad.
A su truno, Fernando Ruiz, exministro de Salud hasta 2022, señaló que el texto al cual se llegó “es imposible de arreglar por las ambigüedades, contradicciones y duplicidades que tiene”.
El punto crítico, en su concepto, es ver cómo el Congreso lo solucionará: “o la pupitrean y la pasan a las patadas, transfiriéndole el problema a otros, o se cae, pero ¿mientras tanto, qué?”.
Por su parte, Andrés Forero, colega del representante Salcedo en la Cámara de Representantes por el partido Centro Democrático, no ve ninguna posibilidad de que el texto de la reforma que se discutió en la anterior legislatura se salve, dados los vicios que dice haber identificado en su redacción, y que al tratar el núcleo fundamental del derecho a la salud debió ser tramitarlo como una ley estatutaria mediante la Comisión Primera del Senado, y no por la Comisión Séptima, que fue como ocurrió.
En el mismo sentido, Santiago Correa, gerente de la Clínica Angiosur, comentó la necesidad que tiene el sector salud de fortalecer su capacidad para atender más y mejor a la población, y que la reforma debería enfocarse en estos temas: “tenemos pocas camas por cada cien mil habitantes, nos faltan hospitales más grandes y clínicas más grandes, y las discusiones de la reforma frenan las inversiones. La fragmentación que propone la reforma nos trae grandes dificultades, nos lleva a tratar de entender, de buscar mesas técnicas para entender el funcionamiento del sistema”.
En la anterior legislatura, que finalizó en junio, al Gobierno se le agotó el tiempo y ni siquiera el recurso de las sesiones extraordinarias le alcanzó para ver aprobada su propuesta, que no logró consenso entre las partes involucradas y fue objeto de polémicas por las modificaciones que la versión inicial de la reforma contemplaba para el sistema de salud vigente, entre ellas la creación de una red de centros de atención primaria; un sistema único de afiliación sin intermediación de las EPS, así como la eliminación de estas empresas, lo cual generó opiniones encontradas que culminaron con el aplazamiento de su aprobación hasta la siguiente legislatura.
La reforma que el país necesita
En concepto de Jairo Humberto Restrepo, Colombia necesita una reforma a la salud que no desbarajuste el sistema, el cual “ciertamente necesita una reforma, pero no así”, y que construya sobre lo que dejó la discusión de 1993, que según sus palabras permitió ampliar hasta en un 90% la cobertura en salud con un gasto de bolsillo muy bajo para los ciudadanos.
Víctor Manuel Salcedo, representante a la Cámara por el Partido de la U, cree que el actual sistema de salud tiene aspectos positivos, pero sí necesita unos reajustes, y valoró de forma positiva algunos aspecto que el Gobierno propuso en el primer texto de la reforma, como el sistema de atención primaria en salud, pero sin que eso signifique que las EPS no mantengan sus funciones, ni mucho menos que la Adres (Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud) tenga la capacidad que el proyecto quiere entregarle.
Recordemos que la reforma planteaba que estas entidades administraran todos los dineros del sistema y luego se lo giraran directamente a los prestadores, lo cual fue uno de los reclamos más insistentes de quienes se oponían a la propuesta.
“Soy amigo del giro directo a las IPS, como también que las EPS tienen que jugar un papel determinante en la auditoría del sistema, porque de lo contrario la Adres tendrá un poder incluso mayor que el que tiene el Ministerio de Salud y dudo que tengan esa capacidad”, expresó Salcedo.
El representante Andrés Forero agregó que “algunos artículos requerían de consultas previas y que, como ha ocurrido con otras leyes, de haber sido aprobada no hubiese recibido la aprobación en la Corte Constitucional”.
Y añadió el parlamentario: “El Gobierno, al cambiar de ministro de Salud, tuvo la oportunidad de darle un nuevo aire a la reforma, y aunque eliminaron nueve artículos, siguió siendo una colcha de retazos que quería implementar un modelo nacional de salud, en vez de reforzar el modelo de aseguramiento en salud que hoy existe, quedando un modelo difícil de operar e improvisado, con consecuencias para los ciudadanos más vulnerables”.
¿Qué viene para la salud?
Fernando Ruiz también expresó su preocupación por la situación crítica que el sector salud está vivenciando en la actualidad durante la discusión de la reforma, dada la incertidumbre que existe por el destino que los debates en el Congreso tengan en la próxima legislatura.
Hernán Cadavid, representante a la Cámara por el Partido Centro Democrático, lamentó que la discusión se haya desviado más hacia el lado político que al técnico, con una base ideológica que calificó como “peligrosa”, ya que han hecho falta argumentos y justificaciones que vayan más allá de las afiliaciones de ese tipo.
“Sabemos que hay un retraso de varios años en el sistema de salud, que hay inequidad, pero ¿cómo el texto resuelve estos inconvenientes? Se han desconocido los logros del sistema en los últimos treinta años, aún contra la evidencia, pero el escenario hoy es de algidez política que se traduce en el Congreso”, dijo Cadavid.
Luis Gonzalo Morales, exgerente de Savia Salud, expresó que la actual reforma es inviable pues “no tiene sentido” refundar el sistema y ante el rechazo que tuvo en el Congreso, trató de buscar apoyos de manera individual, convirtiendo el texto en un “arbolito de Navidad” en el que cada parte podía “colgar” su propuesta en un artículo, llenándolo de intereses particulares por encima de los generales.
“Por ejemplo, se dice que hay que quitarles la plata a las EPS, pero si lo hacen, acaban con ellas. ¿Cuál sería su función? Eso es desconocer cuál es el rol que ejerce un articulador e intermediario”, apuntó Morales.