Con colores vibrantes y otros opacos, de todos los tamaños, con cáscaras gruesas o casi desnudas, en grandes cultivos de fincas agricultoras o en pequeñas terrazas, en Colombia hay variedad de frutas, cereales y hortalizas (verduras y legumbres).
Estos sembrados pueden ser de dos formas: orgánicos o tradicionales, aunque priman, por gran mayoría, los últimos. En el mundo, de acuerdo con la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica, Ifoam, se producen anualmente más de 57 millones de hectáreas de cultivos de productos orgánicos en 178 países. En Colombia, según la Federación Orgánicos de Colombia, Fedeorgánicos, hay 47.281 de esas hectáreas, lo que corresponde a 0,08 %.
En Antioquia, desde 2012, se viene posicionando la agricultura y la producción orgánica, contó Henry Ignacio López, ingeniero agrónomo con máster en agricultura ecológica, pues Medellín ha sido pionera y ha recibido también a extranjeros que han apoyado ese desarrollo.
Aún así, hay algunos mitos que rodean esta práctica, entre los que se destacan que es un proceso difícil o costoso. Lo que es cierto es que requiere disciplina y toma tiempo, sobre todo cuando se busca certificación y sellos que evidencien las buenas prácticas.
En Colombia, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural tiene su propio sello llamado “Alimento Ecológico”, que certifica a estos que cumplen con la normativa, principalmente de las resoluciones 199 de 2016 y 187 de 2006.
Con corte de 1 de septiembre de 2020, en el país hay 171 operadores ecológicos, de esos 14 están en proceso de conversión y los demás están certificados. La conversión puede tardar desde dos años para productos vegetales y hasta tres para frutales. En Antioquia hay nueve, dos en proceso y los demás ya aprobados, cuya cadena de producción obedece a principios ecológicos, sostenibles y orgánicos.
¿Qué es orgánico?
Minagricultura lo define como un sistema que promueve la producción de alimentos sostenibles en tres sectores: ambiental, social y económico. Los productos orgánicos se caracterizan por estar libres de pesticidas, químicos y transgénicos que afectan la salud del cuerpo y el medio ambiente.
López agregó que es difícil saber qué tan contaminados están los suelos y las aguas con residuos de estos químicos “porque los campesinos usan productos de alta toxicidad para evitar plagas y hongos y hacen uso indiscriminado de pesticidas para disminuir los riesgos de pérdidas” y por eso hizo énfasis en su importancia.
Aún así, aunque está en tendencia hablar de “orgánico”, no debe verse como moda de mercadeo, dice Diego Benitez Valencia, fundador y director del emprendimiento SiembraViva. “Es mucho más que eso. Es un salvavidas para las futuras generaciones siempre y cuando esté enfocada en la agricultura regenerativa, que busca regenerar la microbiología y la vida del suelo y que puede incluso ayudar a revertir el cambio climático”.
La coach de nutrición de la Universidad CES Beatriz Ospina contó que, para la salud, es más beneficiosa esta alimentación rica en nutrientes, vitaminas y minerales porque además “no le estás metiendo al cuerpo residuos químicos”.
Pero, más allá del impacto al cuerpo, Benitez agregó que la agricultura regenerativa permite tres aportes principales al medio ambiente: el primero es la solución al calentamiento global debido a que la tierra puede capturar carbono de la atmósfera con la agricultura orgánica, mientras que con la tradicional, “al usar químicos de síntesis, estos liberan el carbono y empeoran el calentamiento”, explicó.
El segundo es que disminuye la contaminación de aguas residuales, porque “al aplicar químicos de síntesis o agrotóxicos, más allá de que el producto queda contaminado y te estás envenenando, esa planta solo captura 40 % de los nutrientes y el resto de residuos se van al subsuelo, contaminando las aguas”.
Finalmente, el tercer impacto es que ayuda a combatir la erosión que se da luego de tres o cuatro años de explotación de los suelos que pierden sus nutrientes. “Esto ocurre por actividades como el arado que rompe el suelo y lo vuelve infértil al matar su vida”.
Mitos y verdades
No todo el que dice ser orgánico lo es. No basta con ser cuidadosos en el uso de químicos y pesticidas, sino que se trata de un proceso largo y cauteloso de inicio a fin. Para esto, se puede reconocer un producto orgánico por sus sellos y certificados, “que no solo indican que no estás usando agrotóxicos o agroquímicos en la producción de hortalizas, sino que estás asegurando que cuidas todo el entorno para que el suelo se regenere”, dijo Benitez.
Cuenta que quienes no están certificados podrían no seguir todas las prácticas correctas, como no hacer uso de tractores o motocultores, no labrar la tierra para no matar la microbiología, entre otros, que se verifican por lo menos una vez al año por la entidad competente.
El proceso para obtener el sello colombiano toma tiempo, por lo menos tres años, pero es fácil y accesible, dice Benitez: “Es mentira que resulta más costoso ser orgánico para un campesino. La visita de un asesor puede costar tres millones pero si se trata de multisitios con siete personas puede costar un millón de pesos anual. Lo que sí es costoso es la certificación de la poscosecha, que requiere más inversión”.
Según él, más que el costo, lo difícil para los campesinos es la disciplina que implica alcanzar y mantener la certificación: “Porque debe registrar todas las actividades, tener en registro todas las compras, facturas de los insumos, entre otros, para garantizar que todo es orgánico”.
Para iniciar los trámites, los emprendimientos o campesinos pueden acudir a uno de los seis Organismos de Certificación acreditados y autorizados por Minagricultura para administrar el uso del Sello de Alimento Ecológico.
Con ellos se coordina una visita inicial y los análisis de laboratorio, que los cubre la certificadora. “Una visita está entre tres a cinco millones de pesos, dependiendo de factores como el área a certificar y los demás trámites, como los de laboratorio, les valen a ellos más de millón y medio”, explicó Benitez.
Estos organismos se encargan de garantizar que se cumplan los reglamentos de manejo ambiental, de manejo de residuos, agua e insumos y los demás protocolos y normativas con visitas anuales. Aleatoriamente, toman muestras del producto de cualquier tienda o supermercado para analizar. Una empresa o campesino puede estar en proceso de conversión por hasta tres años, dependiendo del producto, mientras la tierra sana y se eliminan los productos tóxicos.