Luego de una riña registrada en uno de los inquilinatos del sector de Niquitao, en el centro de Medellín y donde se asientan indígenas provenientes de Chocó y otras regiones, la Alcaldía dio a conocer que acompañará el retorno de estas comunidades hasta su resguardo en mayo próximo.
La ruta, tal cual lo reseñó EL COLOMBIANO en días pasados en un especial sobre la migración interna que padece esta población, será el Alto Andágueda, zona limítrofe entre Risaralda y Chocó, de donde se han desplazado casi 2.000 indígenas embera katío a Medellín y otras ciudades capitales del país.
El acompañamiento que comunicó la Alcaldía beneficiará a 800 indígenas que actualmente figuran como desplazados en la ciudad y que, luego de la alteración al orden público en el sector de Niquitao, fueron desalojados del inquilinato por parte de su propietario y hoy permanecen a las afueras del colegio Héctor Abad Gómez.
“En consecuencia, miembros de esta comunidad invitaron a otros integrantes a evacuar a los demás inquilinatos y hoy están a la espera del retorno hacia sus resguardos”, detallaron desde la Secretaría de Gobierno de Medellín. Juan Pablo Ramírez, líder de esta cartera, agregó en este sentido: “No vamos a ceder en la mendicidad, indisciplina y riñas que se han presentado. Esto, además, por el alto consumo de licor en altas horas de la noche”.
Serán varias instituciones las que participarán del proceso de retorno que, según la administración, contará con las condiciones suficientes de dignidad y voluntariedad por parte de los indígenas. Se dispondrán de buses para transportarlos, en conjunto con sus enseres, y además se entregarán diferentes ayudas humanitarias.
Lo cierto es que la medida ya se ha tomado en otras administraciones y no ha mejorado las condiciones de vida de estas poblaciones que, tras diez retornos ejecutados desde 2012, siguen volviendo a la ciudad en búsqueda de mejores condiciones de vida. Lo paradójico es que ni aquí ni allá, en el Alto Andágueda, cuentan con los mínimos para tener una vida digna.