Occidente está armando a Ucrania para evitar una escalada de la guerra que afecte a toda Europa, mientras asfixia la economía de Rusia intentando frenar el arrebato de Vladimir Putin con la invasión que ya va en el día número seis de una guerra sin precedentes en este siglo.
Con los enfrentamientos al borde de la Unión Europea y en la frontera de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el bloque de los 27 aprobó un paquete por 500 millones de euros para compras de armas para Ucrania: la primera vez que designan un presupuesto para un conflicto en apariencia ajeno, pero que está en su patio.
Esos son cerca de 2,1 billones de pesos colombianos que se invertirán en una ruta de defensa para Kiev y que se suman a los envíos de aviones, armamento y munición de las últimas semanas de diferentes frentes.
Empero, no se sabe si esos fondos llegarán a tiempo porque las imágenes satelitales que se conocieron al cierre de esta edición mostraban un despliegue militar masivo rumbo a Kiev, que sembraron dudas sobre si el Kremlin estaba buscando efectuar su asalto final a la capital.
El bloque antiputin
La Unión Europea y la OTAN no han puesto a sus soldados, pero sí su dinero. A pesar de que no se trata de un estado miembro y de que la inflación fue de 5,1% en enero, un nivel que duplica la meta del Banco Central y está apretando las finanzas de la zona euro.
Esa generosidad europea, que llegó durante el quinto día de la guerra, se tejió con la petición oficial del presidente de ucraniano, Volodímir Zelenski, para que su país ingrese oficialmente al club continental, un desafío rotundo a la Rusia de Vladimir Putin, quien sustenta su invasión en la cada vez más estrecha relación de su vecino con la OTAN y ese bloque.
La Unión Europea tiene la guerra al lado, en sus fronteras, apenas a decenas de kilómetros de distancia; y el Kremlin –el vecino complicado– demostró que está dispuesto a actuar por encima del derecho internacional para decretar una invasión armada.
Suiza dejó su histórica neutralidad aplicando las mismas medidas de aislamiento contra Putin que efectuó la Unión Europea; Suecia y Finlandia, a los que Putin amenazó la semana anterior con tomar represalias militares si se unen a la OTAN, también enviaron armamento a Ucrania.
Hasta Colombia se está moviendo. El presidente Iván Duque afirmó que el país “tiene prendidas sus alertas” ante cualquier movimiento que pueda darse en la región, sobre todo en la zona de frontera con Venezuela, al tiempo que se realizaron ejercicios militares en alianza con Estados Unidos, en aguas territoriales ubicadas en Cartagena.
Predecir a Putin
La guerra en Georgia de 2008, la anexión a la península de Crimea de 2014, las tensiones en el Mar de Azov de 2017 y la invasión de este 2022 –todo esto protagonizado por Putin– dan cuenta de que el mandatario de 69 años está hablando un lenguaje ajeno al de Occidente.
Y ese flanco responde con sanciones al Kremlin, bloqueos al círculo de poder de Moscú, armas, dinero y aislamiento.
Las sanciones ya van dejando huecos en Rusia, como la caída de las bolsas en la jornada del lunes y la devaluación del rublo tras las expulsión de los bancos rusos del SWIFT –las comunicaciones financieras globales–. Las medidas ya están andando, pero la artillería de Putin sigue en posición de ataque.
Moscú se quedó hasta al margen del deporte mundial porque los aliados no quieren competir contra atletas de ese país y la Fifa le sacó del Mundial de Qatar 2022. Mientras la invasión n se mantenga, el país de Putin será un paria para el mundo.
España señaló que las sanciones van sostenerse hasta que se retiren las tropas de Ucrania, pero no hay claridad sobre cuándo podría llegar ese momento. Dos de los protagonistas del conflicto están dialogando, pero otros actores clave de estas tensiones no están en la mesa: Estados Unidos, Reino Unido, Canadá o la Unión Europea, que también están envueltos en la retórica de la guerra.
El primer día de negociaciones entre Ucrania y Rusia con la intermediación de Bielorrusia–el mismo país que prestó sus fronteras para la incursión de las tropas de Vladimir Putin hasta Kiev– dejó una leve señal de esperanza, pues las partes acordaron verse nuevamente esta semana.
No obstante los intereses de ambos siguen estando distantes. Rusia asegura que la resolución del conflicto solo será posible si su vecino cede a sus intereses de seguridad, que se traducen en un desarme total de Ucrania, que el país renuncie a la intención de sumarse a la OTAN y hasta acepte a la península de Crimea como un territorio de Moscú.
“Las partes establecieron una serie de prioridades y cuestiones que requieren algunas decisiones”, apuntó el jefe negociador ucraniano, Mikhailo Podoliak. El próximo encuentro será en la frontera entre Polonia y Bielorrusia, una vez las delegaciones regresen a sus capitales para consultas.
“Todos empezaron a elevar las apuestas. Berlín subió su presupuesto de defensa, la Unión Europea el volumen de su discurso y Rusia se muestra dispuesta a escalar las tensiones. Todos están poniendo sus cartas sobre la mesa y el segundo encuentro de las negociaciones será una reunión clave”, afirma Paula Ruiz, directora de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado.
Conversaciones en armas
El ruido es una constante. Los misiles chocan en tierra como si fueran un temblor, los estallidos retumban en el cielo e iluminan la oscura noche de desasosiego en Ucrania, mientras su gente se resguarda bajo tierra temiendo un asalto final a Kiev.
Mientras los jefes negociadores iban de regreso a sus capitales, las tropas rusas bombardearon Járkov, la segunda ciudad de Ucrania, con ataques a barrios residenciales que apagaron la vida de 11 personas. Las cifras de los asesinatos que han ocurrido en medio de las confrontaciones son un interrogante que, al ritmo de los disparos, tampoco cesa.
Y es que Rusia no publica datos de sus muertos. El silencio sobre las cuentas y nombres de quienes fallecieron con el uniforme del país es una política de Estado que hace imposible contrastar la información con la que da su contraparte, que habla de 5.300 perecimientos en ese flanco en medio de los combates. La defensa ucraniana no ha dicho cuántos de sus soldados y civiles alzados en armas han muerto.
Aunque ese bando sí da más datos: 352 civiles fallecidos y 1.684 heridos, un número que contrasta con los números que ha logrado verificar Naciones Unidas, de 102 civiles muertos, de los que 7 eran niños; el organismo habla de 304 heridos.
En cinco días de guerra, 500.ooo refugiados han escapado de los enfrentamientos, rumbo a Rumania, Polonia, Hungría o Eslovaquia. Ese número da cuenta de que la guerra se convirtió en el conflicto que más está desplazando personas en la actualidad –internamente y en el ámbito internacional– por encima de los números de otras emergencias humanitarias como la de Afganistán y Siria.
Es tal la catástrofe que la Comisión Europea activó una directiva que le permite recibir una cantidad ilimitada de desplazados internacionales a causa de la guerra, un mecanismo que no utilizaron ni durante la crisis de los refugiados sirios de 2015, ni con las guerras de Afganistán, Irak o Libia de los últimos años.
Temor nuclear
El mundo mira hacia Ucrania y apunta a Vladimir Putin. Las embajadas de Rusia en diferentes territorios son foco de manifestaciones contra la invasión, los oligarcas del país se desmarcan del mandatario y la Corte Penal Internacional confirmó el lunes que abrirá una investigación por crímenes de guerra –presuntamente perpetuados por ambas partes– en medio del conflicto.
Rusia ha bombardeado sitios de concentración de civiles, afectando edificios residenciales, escuelas, un hospital oncológico de niños y otros puntos, como una clínica con neonatos en la ciudad de Dnipropetrovsk. Del otro bando, el ministro de Defensa del Kremlin, Ígor Konashénkov, señala a los ucranianos de torturar a sus contrincantes “como nazis”.
Los disparos son más rápidos que los diálogos, Rusia enfila su artillería nuclear y desde Naciones Unidas el secretario general, António Guterres, sentencia que “la mera idea de un conflicto nuclear es simplemente inconcebible. Nada puede justificar el uso de armas nucleares”.
Y ese es el temor de una Kiev que intenta dormir entre bombazos de misiles: que un disparo ordenado por Putin acabe con sus 30 años de independencia de la Unión Soviética.