El país sede del mundial 2022 es uno de los más ricos del mundo con un producto interno bruto de 180.000 millones de dólares, una cifra exorbitante que ha atraído a cientos de personas de otras naciones al territorio.
La preparación del mundial precisamente ha sido uno de los principales motores económicos en los años recientes, pues para adecuar los escenarios deportivos han tenido que contratar migrantes de diferentes naciones para que trabajen en ello, que llegan a Qatar en condiciones altas de pobreza.
Los migrantes provienen de países como India, Nepal, Pakistán, Bangladesh o Sri Lanka con el sueño de encontrar en Qatar un mejor nivel de vida que les permita tener un buen trabajo con ingresos estables para sustentarse ellos mismos y muchas veces también mandarles dinero a sus familias en sus países de origen.
Qatar tiene aproximadamente tres millones de habitantes, de los que el solo 350.000 (un 10% de la población) son qataríes, el resto de población está conformada por migrantes. “Según las estadísticas oficiales, Qatar eliminó virtualmente la pobreza, aunque hay otra realidad distinta para muchos migrantes del sudeste asiático”, afirma la BBC.
Allí se sustenta que los cataríes y expatriados occidentales gozan altos salarios y grandes beneficios sociales, condiciones que son totalmente opuestas en el caso de los migrantes que tienen asegurado solo un valor de 275 dólares como pago del salario mínimo mensual.
En el medio inglés se relató que Qatar fue el primer país del mundo árabe en quitar la aplicación de un sistema llamado ‘kafala’, que se critica por ser un medio de explotación laboral que liga a los migrantes con sus empleadores y favorece la explotación.
“Cuando el kafala estaba vigente, si un empleado cambiaba de trabajo sin autorización, por ejemplo, podía enfrentar cargos penales, arresto y deportación”, mencionan en la BBC.