Los cuatro años y ocho meses que la monja Gloria Cecilia Narváez permaneció secuestrada por Al Qaeda terminaron en la noche del pasado 9 de octubre, cuando se confirmó su liberación.
Las fotografías en las que se le ve vestida con un manto amarillo satinado y con una sonrisa tenue en su rostro, fueron la prueba con la que la Presidencia de Malí le confirmó al mundo la buena noticia, luego de las alertas encendidas a mediados de septiembre, que indicaban las precarias condiciones en las que estaba en cautiverio.
“Malí saluda el coraje y la valentía de la hermana Gloria”, manifestó la Presidencia del país africano, en el que fue secuestrada el pasado 7 de febrero de 2017 en la aldea de Karangasso, cerca de Koutiala, a unos 400 kilómetros al este de Bamako, capital de Malí, en límites con Burkina Faso.
Édgar Narváez, hermano de la religiosa, le confirmó a EL COLOMBIANO que “la hermana está gozando de libertad y está en casa otra vez, en Malí”. De su liberación resaltó que se dio cuenta en la tarde del sábado, porque el Gaula de la Policía le envió un mensaje con fotos en el que le confirmaba la libertad de su hermana en África.
El Gobierno colombiano, a través de la vicepresidenta y canciller Marta Lucía Ramírez, celebró la liberación, y dijo que desde hace meses se enviaron solicitudes de ayuda internacional con líderes de ese continente, en las que también apoyó el expresidente Andrés Pastrana.
“En mi reciente visita a París tuvimos ocasión de analizar las últimas pruebas de supervivencia y de insistir en la ayuda de gestiones humanitarias del gobierno francés para contribuir a este logro. En nuestras entrevistas con la ministra de Defensa, Florence Parly, y el Primer Ministro Jean Castex, acompañada del embajador Mauricio Vargas, reiteramos el pedido de ayuda”, divulgó Ramírez.
La Iglesia Católica también se pronunció. Monseñor Mario de Jesús Álvarez, presidente de la Comisión Episcopal de Misiones, envió sus saludos a la congregación de las hermanas franciscanas María Inmaculada, a la que pertenece la monja, y agradeció las gestiones de la Santa Sede y a la Nunciatura Apostólica en Colombia para que se lograra su liberación.
Su secuestro
El rapto de la hermana Gloria, oriunda de Pasto, se produjo aproximadamente a las 9:00 de la noche, hace más de cuatro años, cuando un grupo de hombres armados irrumpió en la parroquia de Karangasso, un lugar que se consideraba tranquilo.
Unos ladridos de perros fueron la alerta para que un grupo de religiosas colombianas que la acompañaban, y del que Gloria estaba a cargo, se dieran cuenta que había intrusos en la casa.
Se trataba de un comando de la organización terrorista Al Qaeda que, tras insistir en llevarse a dos religiosas y después solo a la menor del grupo, finalmente secuestró a la hermana Gloria. Ella les dijo que si tenían que llevarse a alguien, iba ella, al ser la responsable de la misión.
Sor Noemí Quesada, entonces Superiora General de la Congregación a la que pertenece la hermana, la describió en su momento como una mujer generosa y heroica:
“Cuando los secuestradores detuvieron a una de las hermanas de la comunidad, ella salió de su escondite y les dijo que era la mayor, la responsable. Entonces los secuestradores liberaron a la monja y se llevaron a ella”, subrayó.
Hasta ese momento, la religiosa llevaba siete años trabajando como misionera de las hermanas Franciscanas de María Inmaculada en Malí. Antes de su llegada al país africano, la monja trabajó como educadora en un colegio de Samaniego, Nariño. Luego fue misionera en Apatzingán, sur de México, y enviada especial a Boukoumbé, Benín, donde estuvo seis años.
Se la llevaron, y desde Colombia, a miles de kilómetros, la tristeza de ese secuestro conmovió no solo al resto de hermanas –que escucharon vía telefónica los minutos del rapto–, sino a todo el país.
El secuestro trascendió fronteras y no se conoció de su rastro ni de su estado de salud durante cuatro meses, hasta que en julio de 2017, el grupo Al Qaeda difundió un video a través de la red
social Telegram, en el que se confirmaba el secuestro
de la hermana y de otros cinco extranjeros.
A lo largo de todo su cautiverio se dieron pocas pruebas de que estaba con vida, y en los mensajes que se conocieron, se le veía decaída, aunque con la esperanza de recuperar su libertad.
De hecho, en uno de ellos, revelado por el grupo terrorista, contó que mantenía su fe intacta, y que todos los días preparaba su maleta porque esperaba quedar libre.
Así pasó cuatro años y ocho meses, moviéndose por varios lugares del desierto del Sahara hasta que en junio pasado, su hermano, Édgar Narváez, afirmó haber recibido una carta escrita de puño y letra por ella, y gestionada a través de la Cruz Roja Internaciona. El escrito tenía una fecha: 3 de febrero de 2021.
Su hermano también le recordó a este diario que la última vez que la vio en un video que le mandaron.
“Estaba muy quemadita, físicamente muy deteriorada, lo bueno es que hoy está bien de salud”, resaltó.
El reencuentro
Por ahora, la hermana Gloria se recuperará en el país africano, acompañada de representantes de la iglesia y del gobierno de Malí.
El hermano explicó que lo que más quiere es que esté en un buen estado de salud, y que para su reencuentro, espera viajar a Malí o a Bogotá, “a donde sea para ir a recibir a la hermana y hablar. Apenas se está recuperando de todas las secuelas del secuestro, y normalmente eso lleva un tiempo, pero gracias a Dios ella está gozando de la libertad nuevamente”.
Los secuestros son corrientes en Malí, sumido en una grave crisis de seguridad, sobre todo en el centro del país, uno de los focos de violencia yihadista.
Desde marzo de 2012, varias zonas del país y sus alrededores se encuentran en manos de grupos yihadistas vinculados a la red Al Qaeda