A David Estrada un descuido se le volvió un negocio. Hace un par de años, en un viaje a Cartagena, el tarro de bloqueador que había empacado se le explotó en la maleta y le dañó un par de tenis que adoraba. Hizo de todo para arreglarlos y no pudo, pero tampoco los quería botar ni regalar, entonces por pura curiosidad y con ayuda de vídeos de internet los desbarató para intentar rehacerlos.
Compró materiales nuevos, calcó las partes del zapato viejo, buscó un zapatero y le llevó los moldes nuevos con la suela vieja. Al principio el zapatero no entendió muy bien que era lo que pretendía hacer David, pero aún así, lo hizo y a los dos o tres meses le dijo que estaban listos.
–Quedaron tan bonitos que llegué a la casa, puse un foto en Instagram y de repente la gente me empezó a escribir, que querían que les hiciera un par. Yo en ese momento tenía otro emprendimiento que no venía muy bien y yo venía como haciéndole duelo, entonces llegó esto de los tenis y me fui por ahí.
La solución que David encontró para sus tenis dañados, funciona también para un problema mayor, el de la contaminación que produce la industria de la moda en general y de los zapatos en particular.
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Según el World Foot Wear 2022 Year Book, –el informe que analiza las tendencias más importantes dentro de la industria del calzado a nivel mundial–, en el 2021, la producción mundial de zapatos superó el umbral de los 22.000 millones de pares en el mundo, siendo los tenis la mayor parte, es decir, que la producción mundial de calzado aumentó un 8,6% y ese crecimiento tiene un costo enorme para el medio ambiente.
Según el programa de la ONU para el medio ambiente la industria de la moda es el segundo mayor consumidor de agua a nivel mundial, genera alrededor de 20% de las aguas residuales, es responsable de entre el 8% y el 10% de las emisiones de gases de carbono –más que todo el transporte marítimo y los vuelos internacionales combinados– y libera medio millón de toneladas de microfibras sintéticas al océano cada año.
Por eso no es exagerado decir que para el sector de la moda, la sostenibilidad ya no es una opción sino una necesidad, una urgencia. Y todavía más para la del calzado, pues según Tansy Hoskins, autora del libro Foot Work: What Your Shoes are Doing to the World, “la industria del calzado está al menos 10 años por detrás del resto de la moda en términos de estándares ambientales y de derechos humanos”.
Lo que hace a los tenis más atractivos es justamente lo que resulta más problemático. La mayoría de estos zapatos se fabrican con una combinación de plástico y/o materiales similares al plástico cosidos y pegados de formas muy complicadas. Eso es lo que ha hecho que los tenis sean cada vez más livianos, más rápidos, más cómodos y más accesibles, pero eso también es lo que los hace más difíciles de reciclar.
Por eso, una de las recomendaciones del Banco Mundial para enfrentar la contaminación de esta industria es: reutilizar y reparar. Y eso es lo que hace David con su negocio Sneaker (Re)maker, reutilizar, reparar, convertir unos zapatos viejos en unos nuevos hechos con un diseño único, el que el cliente decida. A eso, en la industria de la moda se le llama upcycling, un neologismo que nace de dos conceptos: recycling (reciclar) y up (mejorar).
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–Eso es lo que nosotros hacemos, reutilizar lo que la gente ya tiene, darle un valor agregado y alargarle un poquito más la vida útil. Cuando esto empezó nosotros nos dimos cuenta que la gente siempre tiene unos tenis a los que les tiene cariño o que están muy nuevos y por equis cosa se le dañaron, como a mí, o que simplemente ya no le gusta la parte de arriba pero le parecen muy cómodos. Entonces, pues no tienen que comprar unos tenis nuevos puedes utilizar la suela que es entre comillas lo que más contamina y que te va a durar otra vez un montón.
Según el informe Maldito Plástico: reciclar no es suficiente de la organización ambientalista Greenpeace, la suela de unos zapatos puede tardar en descomponerse entre 10 y 20 años. Reutilizarla ayuda alargarle la vida útil, para que el tiempo que se use sea casi tan largo como el que se van a demorar en descomponerse.
Entender el impacto que genera la industria de la moda en el planeta, obliga a pensar que el valor de lo que compramos no depende de lo que se paga, sino de las implicaciones que esto tendrá para el medio ambiente, eso es lo que vale, es lo que resulta más costoso, por lo tanto, comprar es una decisión que no se trata solo del deseo, sino de las consecuencias. Por eso, el Banco Mundial, además de reutilizar y reparar, propone también comprar con conciencia.
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Sobre todo, porque según cifras de esa organización multinacional, en algunos países, el 40% de la ropa que se compra nunca se usa, y con este ritmo vertiginoso de producción que acelera los hábitos de consumo ha hecho que el consumidor promedio de hoy compre un 60% más ropa que en el año 2000. Y como adquiere más desecha más.
–Uno de mis sueños a largo plazo es que las grandes marcas nos empiecen a ver a nosotros como un aliado. Ellos no son capaces de hacer lo que nosotros hacemos, como que la gente les mande un zapato viejo y ellos rehacerlo y personalizarlo. Volvernos referentes del upcycling a nivel mundial.
El trabajo de David con Sneaker (Re)maker es un trabajo de artesano: los zapatos se diseñan y se construyen a mano, pieza por pieza, de a uno y no hay diseño que se repita. Lo suyo además de ser parte de la solución en relación al medio ambiental, toca otro asunto que para muchos se ha vuelto urgente: la identidad. Ahí la moda juega un papel fundamental, pues es la manera que la gente ha encontrado para diferenciarse de sus iguales. Así, rehacer tenis, no solo es un asunto que favorece la sostenibilidad, sino también el ideal, pues lo que se adquiere es tal cuál como se quiere.