El capital humano es hoy la principal fuente de riqueza de las naciones. En el siglo XXI, el del conocimiento, la educación pareciera ser el mayor motor de desarrollo cuando la creatividad, innovación y emprendimiento están al orden del día para potenciar la solución efectiva de los retos y problemas que enfrenta la sociedad, y garantizar el desarrollo y uso de los recursos tecnológicos para mejorar la calidad de vida de las comunidades.
En Colombia cada vez más estamos haciendo consciente esta realidad. Además del empeño de ampliar la cobertura en todos los niveles educativos, desde la educación inicial a la superior, se exige cada vez mayor calidad entendida como el desarrollo de las competencias de los estudiantes para enfrentar las nuevas realidades. Entendemos que si no desarrollamos las destrezas en los primeros años se genera una desigualdad que se va acentuando con el paso por el sistema educativo, así mismo sabemos que las diferencias socioeconómicas explican gran parte de la diferencia en los resultados de los estudiantes, y también existe un convencimiento de que la desigualdad en el sistema educativo perpetúa las inequidades sociales y son un freno a las potencialidades de desarrollo en el país.
En Antioquia, con el gran empuje de sus gentes que han enfrentado grandes dificultades con creatividad y espíritu emprendedor, las cualidades de los individuos han sido determinantes de su desarrollo. Hoy percibimos una sociedad moderna, con mayor relación con el resto del mundo, y con apuestas importantes en términos de investigación, de tecnología y de innovación. Pero para garantizar que estas dinámicas se traduzcan en bienestar para todos, el sistema educativo debe superar retos que no son muy diferentes a los que están abordando los sistemas en otras sociedades, desarrolladas o no.
La cobertura ha venido aumentado en el departamento en todos los niveles educativos. En la educación básica y media se está muy cerca de tener una capacidad instalada capaz de atender a toda la población en edad de estudiar. En la formación inicial (de 0 a 5 años), crucial para lograr más calidad y mayor equidad en el sistema, aún es necesario realizar un esfuerzo de ampliación de cobertura. Así mismo, en educación superior es necesario continuar con la expansión especialmente en las ofertas de educación técnica y tecnológica.
Sin embargo, el mayor reto para el sector educativo de Antioquia se encuentra en términos de la calidad educativa. Cuando se la mide a través de las pruebas SABER, que dan cuenta del desarrollo de las competencias básicas de los estudiantes, vemos que menos de la mitad de los estudiantes de 5 y 9 grado alcanzan el nivel suficiente en lenguaje y solo un poco mas del 20 % lo alcanza en matemáticas. Estos resultados no se compadecen con el nivel de desarrollo del departamento. Es cierto que la varianza es grande, y que vemos resultados sobresalientes en algún porcentaje de estudiantes, pero esto también señala una inequidad importante en las oportunidades para los jóvenes antioqueños.
Para enfrentar esta situación se han puesto en marcha innumerables programas, que si bien han logrado garantizar una mejora continua en los resultados, lo han hecho aun ritmo insatisfactorio. Es necesario acelerar los procesos de mejoramiento y para esto Antioquia cuenta con la fortaleza de su sistema de educación Superior que, con el desarrollo de la investigación y la innovación, con la vinculación entre empresa-universidad, se ha colocado a la vanguardia en el país.
En consecuencia, profundizar las relaciones entre los niveles educativos, en este caso entre la básica y la superior, puede ser la clave para cerrar las brechas a través de alternativas innovadoras que permitan acortar caminos para lograr que la educación cumpla su misión de preparar el recurso humano en capacidad de transformar la sociedad y disminuir las inequidades.
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