Javier Amado, mejor conocido como “El Ñato” Suárez”, cierra los ojos y se le viene a la mente el recuerdo de cuando, hace 60 años, despejó dudas sobre su talento y calidad al vencer a los mejores del ciclismo colombiano y se convirtió en leyenda de este deporte.
El 4 de abril de 1965, en Bogotá y luego de 17 etapas en las que se corría casi por caminos de piedra, de herradura, y con bicicletas de hierro que pesaban muchos kilos, el campesino que nació en el municipio antioqueño de Donmatías, conquistó la Vuelta a Colombia.
Del calor de La Dorada, Caldas, y tras casi 200 kilómetros rumbo al frío de la capital del país en esa última jornada de la Vuelta del 65, “El Ñato” dejó a todos pasmados, entre ellos al gran favorito Cochise Rodríguez, gracias a su exhibición de poderío y un deseo triunfal desenfrenado con el que no dejó de pedalear hasta la meta, donde llegó al borde del desmayo.
Nunca se rindió
El hijo de María del Rosario, a quien alimentaban con caldo de ojo y sancocho de gallina, ya había sido tercero en la Vuelta de 1962, pero gracias a su capacidad para escalar y a su mentalidad ganadora en un deporte duro y catalogado por muchos como exclusivo para súper humanos, tres años después alzó los brazos en señal de triunfo ante Martín Cochise Rodríguez, uno de sus grandes amigos de la vida y quien terminó a un minuto y 49 segundos de diferencia. Rubén Darío Gómez fue tercero, a 26.33 minutos; Roberto “Pajarito” Buitrago, cuarto, a 41.33; y cerró el top-5 Carlos Montoya Arias, a 43.22. En esa Vuelta, Suárez también ganó la montaña.
Fue épico lo de “El Ñato”, pues el día de su victoria perdía 4 minutos con el líder Cochise, a quien desbancó del primer lugar al cogerle más de 6 minutos. “Para mí, ‘El Ñato’ fue el mejor escalador de su época en Colombia”. No se cansa de decirlo Cochise, que luego cobró revancha al ganar las Vueltas de 1966 y 1967, en las que Suárez terminó como subcampeón.
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“‘El Ñato’ es uno de los pocos ídolos que conservan su esencia. Es un líder bueno, una muy buena persona, un líder de verdad”, dice el periodista y especialista en ciclismo Pablo Arbeláez Restrepo.
Su espíritu combativo fue tan inspirador, que hasta le compusieron canción. En una de las estrofas, el grupo musical Los Jibaritos, en 1963, un año después de que fuera líder de la Vuelta a Colombia siendo novato, es decir, debutante, aquellos cantantes le compusieron: “¡Adelante, Suárez! No importa que seas Ñato, todo es que pedalees. Los corredores de atrás impulsan su bicicleta y en los premios de montaña se miran con desespero. Y Suárez volando se embala sobre la meta, y a otros corredores solo les deja el polvero”. Y continúa la canción: “¿Quién es, quién es? Preguntan con loco afán: Javier Suárez, que a la meta se acerca con rapidez”.
Una Vuelta inolvidable
Ahora, con 81 años de edad, casado hace 42 con Laura Vallejo Gómez, padre de María Natalia, de 39, y abuelo de María Sabrina de cuatro meses de nacida, Javier dice que la Vuelta del 65 es inolvidable. “Es que hay carreras bonitas, duras, y hay otras sensacionales por su definición, como sucedió con la que gané”. En ese momento tenía 21 años.
Se había salido desde San Cristóbal, Venezuela, y ya en Medellín, cuando restaban seis fracciones, Cochise le llevaba a Javier una ventaja de 11 minutos. “Y de ahí en adelante le desconté ese tiempo y en Bogotá lo logré vencer. En esa etapa final, cuando iba por Villeta y faltaban 100 kilómetros, lo ataqué y lo solté. Y en el alto de la Tribuna le saqué, en 25 kilómetros, nueve minutos, para finalmente, en la general, ganarle por 1.49”.
Así recuerda, con voz segura pero pausada, “El Ñato”, quien se confirmó como uno de los hombres fuertes de esa temporada, pues dos meses antes había conquistado el Clásico RCN.
División por ídolos
“El título de la Vuelta me cambió la vida. Cumplí el anhelo de ganar la carrera más difícil de la época, y más cuando la afición de todo el país estaba dividida entre Cochisistas y Suaristas. Entonces les brindé homenaje a todas esas personas que me seguían y que me daban fortaleza en cada etapa”, comenta el excorredor, al señalar que el patrimonio más grande que aún conserva es la afición, el cariño de la gente.
“Que a estas alturas de la vida me sigan recordando, no tiene precio, es el mejor regalo que uno como deportista puede tener”.
Dice que llegar al ciclismo fue el milagro de su vida. No olvida que en el campo, en la madrugada, cuando acompañaba a su abuelo a ordeñar, una vaca lo pateó. Desde chico le tocó duro, pero esa templanza que adquirió le sirvió para no temblar cuando devoró kilómetros en ascenso y descenso para hacer historia como corredor.
“Con Cochise viví una gran rivalidad sobre la bicicleta. Que él diga que yo fui el mejor escalador del momento es un honor. Se convirtió en un gran amigo. La verdad, para mí Martín Emilio es el mejor ciclista de Colombia de todas las épocas”, asegura Suárez, que tras terminar su etapa en el alto rendimiento comenzó a laborar en la compañía Suramericana, en la que inició llevando papelería a las diferentes sucursales y terminó jubilado tras 39 años como analista de siniestros de automóviles. “En esa compañía encontré cariño, educación, casa, carro y beca”.
“El Ñato” cuenta que a su edad no le duele ni una muela y que ahora se priva más de montar en bicicleta, de forma recreativa y en carretera, debido al peligro que se corre con los motociclistas y carros. “Además, ya no tengo los reflejos de antes. Pero sí camino y hago spinning una hora día de por medio, y de vez en cuando medio una salida corta, pues desde agosto del año pasado no voy al Aeroparque Juan Pablo II donde asistía con regularidad”.
Añade que del ciclismo extraña a la afición, así como la agresividad con la que se corría antes.
A su edad recuerda en detalle todo lo que vivió en sus años como ciclista, una memoria envidiable de un ciclista humilde que supo ganarse el cariño y la admiración de un público que, 60 años después, recuerda sus hazañas.