Atlético Nacional e Independiente Medellín, dos de los clubes más emblemáticos del fútbol colombiano, están enfrentando una situación que ha levantado cejas entre los aficionados y expertos del deporte: la disminución de jugadores antioqueños en sus filas. En sus recientes encuentros, esta tendencia se ha hecho evidente, provocando preguntas sobre el estado actual del fútbol en Antioquia, una región que históricamente ha sido semillero de grandes talentos.
En el partido reciente de Atlético Nacional contra Equidad, solo cinco jugadores antioqueños formaron parte de la convocatoria: David Ospina, Kevin Parra, Samuel Velásquez, Juan Manuel Zapata y Edwin Cardona. Por otro lado, en el enfrentamiento de Independiente Medellín frente a Chicó, apenas un futbolista paisa, Diego Moreno, fue considerado por el técnico Alfredo Arias. Esta escasa representación ha puesto en el tapete un debate crucial: ¿qué está sucediendo con el talento futbolístico en Antioquia?
Durante décadas, Antioquia fue la cuna de futbolistas que no solo brillaban en los equipos de la región, sino que también se destacaban en la Selección Colombia. Nombres legendarios como René Higuita, Leonel Álvarez, Luis Carlos Perea y Luis Fernando “Chonto” Herrera, entre muchos otros, solían dominar los titulares de los medios deportivos con sus actuaciones estelares. Sin embargo, esta tendencia ha disminuido notablemente, lo que ha generado inquietud entre los seguidores del fútbol en la región.
La reducción en la cuota de futbolistas antioqueños en los equipos locales contrasta marcadamente con el éxito que han tenido los clubes aficionados en la región. Estos clubes han seguido produciendo talentos prometedores, pero el destino de estos jugadores a menudo los lleva fuera de las fronteras del departamento, e incluso del país, sin pasar por las filas de Nacional o Medellín.
El técnico antioqueño Felipe Merino ofrece una perspectiva sobre esta situación. Según él, el perfil del futbolista antioqueño ha cambiado, dejando de ser el jugador “gomoso, emprendedor y entrón” que solía ser. Además, señala que no hay tantas generaciones de talentos emergentes como antes. Merino también menciona que “las industrias medianas de fútbol aficionado han tratado de internacionalizarse y, a la postre, lo han logrado. Algunos clubes de la ciudad logran sacar sus talentos directamente al exterior, entonces los clubes profesionales no se pueden abastecer de esos equipos aficionados locales”.
Este fenómeno se ve exacerbado por el aumento en los costos de las veedurías, lo que dificulta a los clubes profesionales reclutar talentos locales. Clubes aficionados destacados, como Estudiantil y Arco Zaragoza, encuentran más sencillo exportar sus talentos sin que estos pasen necesariamente por los grandes equipos de Medellín.
La situación plantea un desafío significativo para el fútbol antioqueño y los clubes profesionales de la región. La pregunta ahora es cómo revertir esta tendencia y volver a nutrir a Nacional y Medellín con el talento local que ha sido su columna vertebral durante décadas. Para los aficionados, el deseo de ver a más paisas en sus equipos no solo es una cuestión de tradición, sino de identidad y orgullo regional.
El camino hacia una solución puede requerir una mayor colaboración entre los clubes profesionales y los equipos aficionados, además de inversiones en desarrollo de talento local y programas de veeduría más accesibles. Sin embargo, la esperanza persiste de que el legado futbolístico de Antioquia pueda renovarse y continuar siendo un bastión de talento en el fútbol colombiano.