Es miércoles en la mañana. En la sede del DIM, en Itagüí, hace mucho calor. El rayo del sol es picante. Al fondo de la cancha principal está el defensor uruguayo Joaquín Varela. Corre. Al principio, despacio, en línea recta. Después, con explosividad y en diagonales, haciendo el zigzag que dispusieron los preparadores físicos.
Le gritan. Lo impulsan para que no escatime esfuerzo. Lo hace. Después, llega a un banquito que estaba en la línea lateral de la banda izquierda. Sube un pie. Toma, en cada mano, una mancuerna. Empieza a subir las piernas al banco mientras levanta el peso que tiene en las manos.
El trabajo físico de pierna y hombro es intenso. Varela, ya con el alta médica, necesita más entrenamientos así para volver a competir pronto, tras su ruptura de ligamento. Cerca de la mitad de la cancha está Luis “El Chino” Sandoval. Tiene en las manos una barra con dos discos de 10 o 20 kilos. La pone a la altura de la cintura y hace sentadillas: 1, 2... 10.
Suelta la barra rápido. Corre hacia las estacas que están puestas al lado. Le pasan el balón. Debe dominarlo, hacer enganches corticos en el menor tiempo posible: lo consigue sin problema. Pasa el balón y se va a hacer, de nuevo, la fila para repetir el ejercicio.
Cerca de la malla que impide que el balón salga del campo está Jaime Alvarado. Toma una bola de peso, de las que se utilizan en el gimnasio, y hace el movimiento de peso muerto (agacharse con la espalda recta). Después, debe correr hasta donde está uno de los asistentes de Alejandro Restrepo, que le pasa el balón una, dos, tres veces a diferentes posiciones para entrenar la reacción del jugador.
A su izquierda está Fainer Torijano. Llega a un banquito y se pone un saco de peso en los hombros. Sube las rodillas. Luego el cuerpo completo. Lo hace con intensidad. Después, le toca correr para tocar el balón. Se ve bien físicamente: corre rápido, reacciona bien. Por eso lo han convocado para los últimos partidos, tras recuperarse de la cirugía de meniscos que le realizaron en febrero.
En la mitad de la cancha, bajo las órdenes de Jaime Bran Gómez, están los arqueros. Aguerre salta unos obstáculos que dispuso el entrenador. Después, vuela para sacar una pelota que le tiraron a mano cambiada.
La intensidad del ejercicio es alta. No parece, pero agota. Por lo menos, así lo demuestra el leve quejido que sale de la boca de José Luis Chunga, portero del cuadro rojo que, después de un año y medio sufriendo por las lesiones, parece que por fin encontró cura: está disponible para ser convocado para el juego del domingo, contra Fortaleza en Bogotá (4:10 p.m.).
Pasan los minutos. El picante del sol aumenta. Los futbolistas del Medellín cambian de ejercicio. Los delanteros se van para una mitad del campo. Entre ellos está Brayan León Muñiz, recuperado de su lesión. Hacen trabajos en espacio reducido y luego remates a la portería: gol.
En la otra mitad hay tres canteranos, con jugadores como Léider Berrío y Homer Martínez. Trabajan definición y marca. Uno de los miembros del cuerpo técnico los incomoda con un balón terapéutico, grande. Intentan moverlos. Ellos no se dejan. Luego van mano a mano. Rematan. Unos marcan. Otros no. El entrenamiento físico fue intenso. Así prepara el cuadro rojo su próximo encuentro, con el que podría llegar al liderato de la Liga colombiana.