La música que interpretaban los campesinos, los cantos de vaquería y las canciones que llevaban los juglares entre los pueblos, lo mismo que los recados y las noticias a los moradores que acuciosos se arrimaban a escucharlos, tiene cincuenta años de estar reglamentada en un festival, que ayuda a preservarla.
Esa es una reflexión de Marina Quintero, investigadora y cantante de este folclor, quien asegura que no es fácil conseguir medio siglo de festival, como el de la Leyenda Vallenata, de Valledupar, y de competencias en torno a unos aires musicales. En cuanto a la música de acordeón, como se ha llamado al vallenato incluso mucho antes de que adquiriera este nombre que lo identifica más bien con la capital cesarense.
“Son numerosos los festivales que comienzan —señala— y que luego de algunas ediciones, no continúan”, y recuerda entre estos el de vallenato de Sincelejo.
La investigadora cuenta que el festival ha dejado varias herencias: que personas como Alejo Durán, Luis Enrique Martínez y Alfredo Gutiérrez, entre otros competidores, pasen a la historia de la música y el folclor.
El primero de ellos, como una leyenda por su virtuosismo; el segundo, porque dio estructura a las canciones vallenatas: antes de él eran monótonas, a partir de él tienen introducción, intermezzo y finalización, y el tercero, por ser el único que ha conquistado la corona de rey en tres ocasiones.
¿Por qué la hazaña de Alfredo Gutiérrez (Los Palmitos, Sucre, 1943), recibir tres veces la corona, no ha sido igualada por ninguna otra persona?
Marina cree que esta circunstancia es muy importante, porque en los primeros veinte años del Festival, “la competencia era entre grandes”, juglares casi todos ellos. “Cuando se fueron acabando, los nuevos quedaron sin estilo. Son más producto de las escuelas, que del trajín de la vida y las búsquedas estéticas particulares”.
Alejo Durán dijo que quizá fueran diez los juglares, pero eran diez estilos distintos en tarima. “Era un Olimpo”.
Existen otras personas que no participaron en los concursos del Festival, pero son referentes del folclor, como Rafael Escalona Martínez, su fundador, cuyas composiciones son crónicas de la vida cotidiana y cuentos de amor, “y Chico Bolaños, un juglar que vivió entre 1903 y 1963, que dio estructura a la música vallenata”.
Es decir, mientras Luis Enrique dio estructura a las canciones, Bolaño lo hizo con la música. “Registró los tiempos del paseo y el son”.
En cuanto a las canciones que ha dejado el Festival, hay varias que sobreviven por fuera del certamen de Valledupar. Una de ellas es Ausencia sentimental, del guajiro Rafael Manjarrez:
Ya comienza el Festival, vinieron a invitarme/ ya se van los provincianos que estudian conmigo/ ayer tarde que volvieron preferí negarme/ pa no tener que contarle a nadie mis motivos/ yo que me muero por ir y es mi deber quedarme/ me quedo en la capital por cosas del destino...
Esta canción ganó en 1986, cuando Marina Quintero integró el jurado. Se convirtió en el himno del Festival.
“Hay que destacar las canciones de Gustavo Gutiérrez Cabello: Rumores de viejas voces, ganadora en 1969, y Paisaje de sol, de 1982, que hablan de lo histórico y lo poético que tiene esta música”.