Las relaciones del cine con la literatura se remontan a los primeros años del invento de los hermanos Lumiere. Muy pronto la literatura se convirtió en un semillero de historias que los guionistas y los directores tomaron para hacer con ellas películas de diferente naturaleza. Algunas respetan con rigor la trama del libro, mientras otras se toman sus libertades, cambiando personajes o dándoles un giro a los relatos.
Los expertos han dicho en muchas ocasiones que una adaptación exitosa de un libro parte de entender que hay cosas que funcionan en las páginas, pero en las pantallas no lo hacen, igual que hay elementos del cine que no se adaptan con la literatura. Es decir, una adaptación consiste en una traducción de una idea de un formato expresivo a otro, muy distinto.
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Esto parece sencillo, pero en la práctica muchos directores han descubierto la complejidad de llevar a cabo esta premisa. La cantidad de fracasos en este terreno es tal que no pocos afirman que llevar a la pantalla grande una obra literaria importantes es una apuesta de muy alto valor. Salvo Muerte en Venecia, la novela de Thomas Mann adaptada en 1971 por Luchino Visconti, ningún gran libro de la literatura del siglo XX tiene una gran película basada en ella.
Hay, eso sí, muchas grandes películas inspiradas en libros menores. En este punto, los ejemplos más descollantes son los de Alfred Hitchcock y Stanley Kubrick, que hicieron formidables películas inspiradas en relatos que hoy nadie conocería si estos directores no hubiesen puesto sus ojos en ellos. En el caso del primero basta mencionar Psicosis y Los pájaros para avalar esta idea, mientras en el del segundo el ejemplo es Odisea al espacio: 2001.
Todo esto generó una prevención en los autores de permitir que sus libros se convirtieran en películas. El caso más patente fue el de Gabriel García Márquez, que rechazó numerosas propuestas de hacer un filme sobre Cien años de soledad. Sin embargo, en los últimos años esa suspicacia ha perdido vigor y son muchos los escritores que dan luz verde a proyectos cinematográficos basados en sus libros. Y esta tendencia tiene de protagonistas a las mujeres.
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El reciente estreno en la plataforma Netflix de Temporada de Huracanes, la película de Elisa Miller que retoma los personajes y las atmósferas del libro de Fernanda Melchor, ha puesto en los ojos del público las ocasiones en que el cine trabajó con historias escritas por autoras latinoamericanas. Tal vez uno de los primeros casos sea el de la adaptación de la novela Como agua para el chocolate, de Laura Esquivel, que fue dirigida por Alfonso Arau y contó un guión escrito por la propia Esquivel. También se recuerda la versión cinematográfica de La casa de los espíritus, el best seller de Isabel Allende, que contó con una nómina de actores de lujo. Entre ellos destacan los nombres de Meryl Streep, Glenn Close, Jeremy Irons.
EL COLOMBIANO ofrece una lista de los más recientes trabajos fílmicos estrenados que se inspiran en el universo de las escritoras latinoamericanas de mayor proyección internacional.
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