El clima no favorecía la incursión y el terreno era selvático y agreste, pero los Comandos Jungla sabían que en esa finca estaba Juan Camilo Goez Ruiz (“Dimas”), el presunto cabecilla de la organización criminal clan del Golfo en Medellín.
El asalto policial ocurrió a las 6:30 a.m. del pasado domingo, en un paraje montañoso de la vereda Iracal, en el municipio de Uramita, Occidente antioqueño. El objetivo estaba custodiado por tres escoltas, que reaccionaron ante la llegada de los uniformados.
Según el reporte oficial, hubo un intercambio de disparos. Mientras sus hombres bloqueaban la arremetida policial, “Dimas” saltó de la cama y corrió hacia el monte.
Los tres guardaespaldas, cuya identidad está por establecerse, murieron en la balacera. Apenas se disipó la pólvora, los comandos se percataron de que el blanco había escapado.
“Dimas” es uno de los hombres más cercanos a Dairo Úsuga David (“Otoniel”), el máximo líder del Clan del Golfo, según la investigación de la Dirección Antinarcóticos. Es desmovilizado de las Auc y a su salida de la cárcel, en 2015, su jefe le encargó la coordinación de rutas de narcotráfico desde Antioquia y el manejo de los negocios en Medellín.
A propósito del operativo del cual se salvó por poco, indagamos con fuentes de la Policía sobre cuáles son los tentáculos de la organización ilegal actualmente en el área metropolitana.
Red de socios
De acuerdo con los investigadores policiales, el clan del Golfo tiene dos tipos de intereses en el Valle de Aburrá: el primero es blanquear sus activos en la dinámica comercial, por medio de la compra de propiedad raíz, inversiones inmobiliarias y contrabando.
El segundo es extender su influencia territorial en las capitales, para captar las rentas ilícitas del tráfico de drogas y la extorsión, entre otras fuentes de ingresos. Esa estrategia la despliega por medio de alianzas y patrocinios a las bandas locales.
“Dimas” y su segundo al mando, alias “Bloqueo”, lideran el “frente metropolitano”, como denomina el Clan a la estructura desplegada en el Aburrá. En Bello tienen alianzas con las bandas “Pachelly” y “los Chatas”; en Caldas, con “la Miel”; y en La Estrella, con “Altos de la Virgen”.
En Medellín, patrocinan a “la Sierra” (Villa Hermosa), “Limonar 1” (San Antonio de Prado), “Barrio Bolsa” (Belén), “Alto de Aranjuez” (Aranjuez) y “Mano de Dios” (Altavista).
Dicho patrocinio, según investigaciones de la Fiscalía, incluye el suministro de drogas, armas, municiones, vehículos y, en algunos casos, como el de “la Sierra”, el pago de salarios que van desde un millón hasta $4 millones mensuales.
“La Sierra” y “Limonar 1” son los principales grupos patrocinados por el clan. Sirven como enlaces territoriales para reclutar y entrenar integrantes, para reforzar a las demás bandas asociadas en caso de que haya disputas, y ejecutar acciones sicariales de alto perfil delincuencial.
El golpe más reciente que les han dado las autoridades a los tentáculos del cartel en el Aburrá, ocurrió la semana pasada, con la captura de nueve integrantes de “Limonar 1”. El coronel Daniel Mazo, comandante Operativo de la Policía Metropolitana, dijo que están involucrados “en desplazamientos forzados, extorsión, tráfico de estupefacientes, secuestro extorsivo, homicidios, desapariciones y la utilización de menores de edad para la comisión de delitos”.
El informe del caso señaló que este grupo genera cerca de $200 millones mensuales de rentas ilícitas. Parte de esas ganancias, y de las que reúnen las otras bandas, llegan a las arcas del “frente metropolitano”, liderado por “Dimas”.
Intereses metropolitanos
¿Por qué un cartel narcotraficante y millonario, que domina rutas transnacionales y zonas de cultivo de coca en varios departamentos del país, se interesa en llegar a los barrios de Medellín patrocinando bandas locales?
La penalista Claudia Carrasquilla, exdirectora de Crimen Organizado de la Fiscalía, respondió que, por un lado, está la búsqueda por consolidar su poder territorial en Colombia; y por el otro, “ante la dificultad de sacar la droga por los puertos, debido a los operativos en su contra, les va quedando un ‘stock’ de estupefacientes, que buscan comercializar al menudeo en las plazas de vicio”.
Erich Saumeth, analista de seguridad y defensa, opinó que “el clan del Golfo busca convertirse en el monopolizador de la venta local de narcóticos, lo que genera ingresos considerables, y para ello necesita de estructuras que ya cuenten con redes de menudeo. Ahí es donde entran las bandas locales, que reciben la droga del clan al por mayor y a un precio más bajo, para su reventa a los consumidores”.
A su juicio, esta dinámica seguirá extendiéndose en las ciudades, “porque el consumo interno está en alza, pues no hay una estrategia efectiva desde el punto de vista de la convivencia para contrarrestar la dependencia de narcóticos de la población joven”.