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Medio siglo de Ancón, el festival que dividió a la ciudad

Hacemos un recuento de su historia y cómo este evento impactó a la ciudad. Historia.

  • El Festival se realizó en Ancón, en La Estrella, entre el 18 y el 20 de junio de 1971. Los asistentes gozaron de la música rock y del encuentro con otros amantes de la cultura hippie. FOTO archivo el colombiano
    El Festival se realizó en Ancón, en La Estrella, entre el 18 y el 20 de junio de 1971. Los asistentes gozaron de la música rock y del encuentro con otros amantes de la cultura hippie. FOTO archivo el colombiano
  • Medio siglo de Ancón, el festival que dividió a la ciudad
  • Medio siglo de Ancón, el festival que dividió a la ciudad
16 de agosto de 2021
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La historia se evaporó. En el lugar que los hechos ocuparon, surgió el mito. Lo acaecido entre el 18 y el 20 de junio de 1971, recordado en libros, documentales, conversatorios y artículos de prensa, tomó un aire de leyenda. Y, como generalmente ocurre en la historia, aparecieron las anécdotas hiperbólicas, los acontecimientos magnificados que van tornándose más increíbles, cada vez más inverosímiles, al pasar de una generación a otra. ¡Aún persiste el recuerdo de aquel festival de marihuana y lasciva desnudez! Han pasado 50 años de un mito llamado Ancón.

Este año, justo medio siglo después, murió Gonzalo Caro, “Carolo”, el cerebro y alma del Festival de Ancón. Él mismo lo contó, y muchos lo replicaron más tarde, que la idea se le ocurrió en San Andrés. Carlos Bueno, amigo de Carolo y coautor de El Festival de Ancón: un quiebre histórico, cuenta que, en compañía de Gonzalo Arango, Carolo se encontraba en la isla caribeña haciendo visita a Simón González, hijo del maestro Fernando González.

Entonces, Carolo se tendió en la playa, en medio de un viaje de ácido LSD. Y, a modo de alucinación, imaginó la celebración de un gran festival en Medellín. Después comentó la idea con sus compañeros, que se burlaron de la ocurrencia. ¿Cómo se iba a celebrar tal cosa en la eclesial Medellín, tan anclada aún a las costumbres decimonónicas y coloniales? No había oportunidad de que la ciudad permitiera que una partida de jóvenes hippies, que fumaba marihuana de sol a sol, y que profesaba el amor libre, desdeñando de las cadenas de la monogamia, lograra su cometido.

Pero el empeño de Carolo pudo más que las barreras. Bueno, su amigo, lo recuerda como un hombre tozudo, que no se resignaba. Reinaldo Spitaletta, quien también lo conoció, dice que el poder de convencimiento fue una de sus mayores virtudes. “Él se destacó como un hombre con mucho carisma. Pero, más allá de eso, fue un gran comerciante. Logró convencer a las bandas para que vinieran de Bogotá. Convenció al alcalde, Álvaro Villegas, que era un godo, de celebrar el festival”.

El alcalde, en un acto sorpresivo, permitió la realización del festival de rock en Ancón, en La Estrella, en unos terrenos que pertenecían a EPM. En su momento se comentó que la decisión, más que un acto genuino de generosidad, tuvo como motivación el apaciguamiento de los grupos juveniles y de estudiantes. “En la Universidad de Antioquia había un movimiento muy fuerte a finales de los 60, del que incluso hacía parte Carolo antes de que lo echaran de la universidad”, comenta Spitaletta.

Para la historiadora Claudia Avendaño, el Festival de Ancón encontró sus mejores aliados en sus detractores. Una vez pasado el evento, en Medellín hubo una epidemia de piojos que, como era previsible, fue endilgada a los hippies. “Antes del Festival se dijo que iba a traer enfermedades mentales y suciedad. Fue un reto en una ciudad tan conservadora. Ese año se estaba reformando el Concordato, que establecía las relaciones entre Iglesia y Estado. En 1971 se negociaba y se discutía que algunos grupos iban a tomar las armas para defender a la Iglesia. Eran tiempos de tensiones entre grupos liberales y conservadores. En ese ambiente nace el Festival de Ancón”, explica Avendaño.

Para la época había ganado fuerza el hippismo en Colombia. En Bogotá, desde 1969, se celebraban conciertos de rock en Chapinero. En unos audios de la época, recuperados por Señal Memoria, se escucha a Édgar Restrepo, uno de los organizadores del Festival por la Vida celebrado en Bogotá, justo un año antes de Ancón. Al país ya habían llegado las ideas que promovía el hippismo, como la libertad del cuerpo, el culto al hedonismo y la búsqueda de la paz.

Cuando todo estuvo listo, más producto de la improvisación que de una planeación juiciosa, comenzó una romería de hippies y rockeros hacia Medellín. Algunos hicieron el trayecto en bus, otros en carro, pero la mayoría llegó, cuentan los recortes de prensa, precedidos por el humo soporífero de la marihuana.

Y así, el 18 de junio de 1971, comenzó el Festival de Ancón. Un día antes, EL COLOMBIANO publicó un artículo titulado “Más curiosos que hippies en Ancón”. Según el redactor del artículo, que estuvo en el sitio para contar lo que pasaba, en la víspera del evento había muy pocos hippies. “Los hippies que había allí eran escasos. Casi todos estaban conociendo el centro de la ciudad, maravillados con la hospitalidad que les estaba ofreciendo Medellín a pesar de ser una de las ciudades más conservadoras del mundo”.

“Para este 18 de junio está programada la inauguración del festival de la paz y el amor, durante el cual se darán cita centenares de hippies. La noticia no tendría nada de alarmante, si no supiéramos que detrás de ese hermoso, pero falso lema, se esconde un mundo de corrupción y delincuencia, que ha llenado de vergüenza y dolor a los países que han tenido la desventura de ser escenario de tales certámenes de depravación moral”, se lee en el texto.

El Festival fue inaugurado por Villegas, el propio alcalde, lo que le trajo un costo político enorme. El mandatario, en la tarima, cuenta una crónica de la época, dio inicio al evento frente a cientos de cigarrillos de marihuana.

El Festival duró dos días. El periódico El Siglo, que estuvo presente, registró el evento con tono despectivo: “Toda clase de espectáculos fueron vistos. Desnudos. Amor libre. Horribles representaciones humanas de los trastornos mentales que padecían debido a los alucinógenos”.

A pesar del goce de los presentes, el evento no terminó bien. El director regional del DAS, Óscar Alonso Villegas, dio un plazo de 48 horas para que los hippies abandonaran la zona. En un artículo escrito por Pedronel Córdoba Laverde, el funcionario dice que la mendicidad, a causa del festival, había aumentado un 1000 % en la ciudad, y que en la calle solo se veían “melenudos y mugrosos creando problemas de higiene”.

Después del Festival, Carolo se convirtió en una figura pública en la ciudad. “Antes era muy conocido por los marihuaneros, pues él vendía ‘cueros’ para los ‘baretos’ en la Caverna de Carolo, ahí en Junín con Maracaibo. Una vez pasó Ancón, se convirtió en un ícono”, dice Bueno. Y agrega que, con frecuencia, Carolo decía, medio en broma: “Soy el único que puede decir que ha vivido de Ancón”.

Bueno recuerda que Carolo quedó con la intención de que lo sucedido en Ancón fuera compilado en un libro. Para eso, con su característica insistencia, habló con Germán Castro Caycedo y Juan José Hoyos, pero estos, por sus ocupaciones, no pudieron encargarse. Fue entonces cuando le propuso a Bueno que le ayudara. “Yo me le metí al libro. Lo entrevisté durante muchos meses para poder escribir una crónica. Era un personaje muy disperso, que comenzaba una historia y terminaba con otra”.

La historiadora Avendaño, por su parte, dice que es muy poco lo que se recuerda, musicalmente hablando, del Festival. Lo que más quedó en boca de los habitantes de la época, y que pasó a otras generaciones, son los excesos cometidos, las libertades sexuales y el humo de la marihuana. Después del evento, incluso, se dijo que apenas fueron unas cinco bandas las que tocaron y que, en un acto camaleónico, para sorprender al público, se cambiaban de atuendo y se presentaban con otro nombre.

Con los años, los excesos fueron magnificados y cada vez, por medio de la tradición oral, se sumaron ocurrencias. El pasado 25 de julio murió Carolo, alma y corazón del Festival. Con su deceso, se perdió un alma y una nueva leyenda se abre paso

1971
es el año en que se realizó el recordado Festival de Ancón en La Estrella, Antioquia.
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