“Con lo que me pasó a mí, estoy segura de que todavía existen los ángeles”, con esta frase una habitante de Rionegro resume la historia en la que se vio envuelta y que da testimonio de que en este mundo tan egoísta aún hay gente noble y dispuesta a dar lo poco por el bienestar de otro.
Y es que la señora tal vez nunca se imaginó que quien le devolvería su preciada billetera sería un habitante de calle, que haciendo “de tripas corazón” viajó hasta Rionegro para devolver el preciado artículo en las manos de su dueña.
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La particular historia la narró la periodista Luisa Giraldo –del medio Mi Oriente– contada desde la perspectiva de Juan Carlos Varón, el habitante de calle que de forma desinteresada buscó a la señora para devolverle su billetera.
Resumiendo el asunto, Juan Carlos se encontró en un basurero de la estación Exposiciones el artículo, al revisarlo encontró múltiples documentos y tarjetas bancarias. Sin embargo, él más bien buscó un teléfono de la propietaria para contactarla.
Así lo hizo, se puso en contacto con ella y pactaron la entrega en la terminal de buses de Rionegro.
La señora, ahora contando su versión de los hechos, le explicó a EL COLOMBIANO que su billetera la había perdido el pasado lunes festivo luego de haber visitado la Comuna 13 junto a unos familiares del exterior.
Al atardecer, mientras estaba en la estación Exposiciones esperando el transporte a Rionegro, notó que había perdido su billetera. “En ese momento se me dañó el paseo”, dijo.
Al otro día, la señora se levantó bien temprano a bloquear tarjetas y hacer el tedioso trámite para duplicar su cédula. Cerca de las 10:00 a.m., del martes 14 de mayo y estando en la fila para pagar el trámite, fue que recibió una llamada de un hombre bien educado.
“Él me dijo que se llamaba Juan Carlos y que había encontrado la billetera, que estaba al lado de un basurero. Me dijo que yo tenía una agenda y en esa agenda hay varios números, pero que el primero que él encontró fue el mío. Estuvimos coordinando como hacía para entregármela, así que él me dijo que no tenía problema en ir hasta Rionegro, porque él había vivido en cuatro esquinas, que el problema era que solo tenía $500 pesos que ya se los había gastado en la llamada que me estaba haciendo”, recordó la señora.
Ante esto convinieron en que ella corría con los gastos del bus que transportaría a Juan Carlos hasta la terminal de Rionegro.
Hasta ese momento, la afortunada mujer no sabía que Juan Carlos es una persona que vive en la calle. Uno de esos tantos que deambulan en la ciudad y que desalmadamente todavía hay gente a la que se refiere a ellos como “desechables”.
Solo se dio cuenta cuando del mismo número, que era un minutero, le devolvieron la llamada.
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“Al rato me devolvió la llamada el dueño de la caseta y me dijo que él había escuchado la charla. Me dijo que quien me llamó era un habitante de calle. Luego me llamaron a decirme que se habían ido detrás de él para ver si recuperaban mi billetera. Pero como a los 20 minutos volvió y me llamó Juan Carlos y me contó que lo habían perseguido y golpeado en el brazo por quitarle la billetera, como si él fuera un ladrón. Ahí él me admitió que es habitante de calle, pero que no le roba a nadie”, apuntó la mujer.Sin embargo, tal vez en una muestra de la nobleza de Juan Carlos y confiando en la palabra de la señora, se embarcó en ese viaje hasta Rionegro contando únicamente en que la mujer cumpliría su promesa de pagarle el pasaje.
“Como a la 1:30 p.m., nos encontramos, aunque él es habitante de calle se ve que fue un hombre distinguido, solo que como él dice, la droga lo consumió. Yo vi a Juan Carlos con la billetera cuidándola como si fuera algo muy preciado para él.Yo lo veo como un ángel, porque yo le pedí mucho al Señor que alguien me devolviera la billetera porque tengo muchas cosas en ella. Y vea, Dios me lo mandó a él a entregarme mi billetera intacta y con absolutamente todo adentro”, apuntó la dama.
En un diálogo Juan Carlos contó un poco de él; este señaló que es un caleño que gerenció una filial de un importante banco en Medellín y que había estudiado dos carreras afines a la economía, así como una Maestría.
A la periodista Luisa le narró también que tuvo una familia y una esposa con quien alguna vez vivió en Rionegro y en La Ceja, y que lo último que recuerda es que su hija estaba estudiando en Buenaventura.
“Me contó que lleva ya varias décadas en la calle. La adicción a las drogas fue el detonante que abrió el camino para que hoy su vida y sus días pasen en las calles. ‘Estoy cansado, me siento muy cansado, pero ¿quién va a querer a un drogadicto?’, se lamentó”, explicó la periodista.
Tras la corta conversación, Juan Carlos recibió una pequeña recompensa a su gran altruismo, con ella se compró unos panes que le gustan mucho y retornó a esas calles de Medellín que desde hace décadas son de sus pocas compañías.
“Para mí este señor Juan Carlos es un angelito. Y vea como es la vida, existen personas que las apariencias nos hacen pensar lo peor de ellos, y este fue uno de esos casos. ¡Qué bueno sería poder ayudarle! Muchos habitantes de calle son buenas personas, pero nosotros como sociedad los marginamos y los tachamos de lo peor sin conocerlos. Pero vea lo que me pasó, quien diría que un habitante de calle me fuera a devolver mi billetera intacta”, puntualizó la mujer.