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La larga agonía de una familia de Medellín para poder repatriar a su hijo asesinado en desierto de México

Los parientes de Juan Esteban Agudelo, de 25 años, tuvieron que esperar 28 días para poderlo sepultar, en medio de unos extensos trámites en la ciudad de Monterrey, México.

  • En un féretro sellado, los familiares le dieron el último adiós a Juan Esteban Agudelo García, de 25 años. Tuvieron que esperar 25 días para despedirlo. FOTOS: CORTESÍA
    En un féretro sellado, los familiares le dieron el último adiós a Juan Esteban Agudelo García, de 25 años. Tuvieron que esperar 25 días para despedirlo. FOTOS: CORTESÍA
10 de agosto de 2023
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Con la venta de morcilla, tamales y uno que otro postre, sumado a aquellas manos solidarias que aportaron lo suyo, los familiares de Juan Esteban Agudelo García, de 25 años, pudieron dar por finalizada una agonía que comenzó el 12 de julio en una carretera de la frontera entre México y Estados Unidos y que acabó este martes en el cementerio Campos de Paz, de Medellín, con su último adiós.

Fueron 25 días en los que esta familia del barrio Aures, comuna 7 (Robledo), tuvieron que agotar todos los recursos posibles, sumado a la cantidad de trámites que debieron surtir, para poder darle el último adiós a su familiar que estaba viajando rumbo a Estados Unidos con el objetivo de cumplir el sueño americano, luego de no tener fortuna en Guatemala.

Stefanía Agudelo, hermana de Juan Esteban y quien tomó la vocería en esta tragedia familiar, relató que “el apoyo de los medios de comunicación nos ayudó, porque hizo que la historia se conociera. Eso permitió que muchas personas, tanto de Colombia como del extranjero, se empezaron a manifestar y además se logró comunicación con el consulado en México”.

A Juan Esteban lo asesinaron el segundo miércoles de julio en una carretera entre Reynosa (Tamaulipas) y Monterrey (Nuevo León), en el norte mexicano, cuando avanzaba en su travesía hacia el país norteamericano, donde aseguraba que había más oportunidades como pulidor de pisos de las que tenía en Colombia o en Guatemala. Estaba buscando donde radicarse para tener los suficientes ingresos para mandarle a sus padres.

Del crimen se enteraron un día más tarde, cuando recibieron una misteriosa llamada en la cual les confirmaron que lo habían asesinado. Se investiga si fueron grupos criminales, sobre los cuales este joven había hecho mención por el riesgo que estos le generaban porque le exigían entregarles dinero o ponerlos a trabajar para no matarlo.

Después de contar la historia y afirmar que no tenían el dinero para repatriarlo de México, además de esperar los actos de solidaridad, los familiares se pusieron manos a la obra porque necesitaban recaudar 20 millones de pesos colombianos para entregarle a las autoridades mexicanas por los trámites funerarios y para trasladar el cadáver, y a las colombianas por toda la documentación para enviar al país norteamericano.

Comenzaron, inicialmente, a vender morcilla. La campaña tuvo tanto éxito que 150 libras de este alimento hecho con arroz, especias y tripas de res o cerdo, no alcanzaron a satisfacer la demanda. “Fue tanto lo que nos pidieron que le quedamos mal a muchas personas”, relató Stefanía.

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Pero la lucha no paró ahí y continuaron vendiendo tamales y también postres, los cuales también fueron exitosos, y con el dinero que llegó de las donaciones, los Agudelo pudieron recolectar el dinero para traer de vuelta a Juan Esteban, cuyo cuerpo se descomponía naturalmente en las instalaciones de la morgue de Monterrey.

El traslado

Consignada la plata y enviados todos los papeles, ya no quedaba sino esperar a que desde México llevaran el cuerpo hasta un avión y lo trasladaran camino a Colombia. Para ahorrarse el costoso viaje a Monterrey, que entre la ida y la vuelta puede estar entre 1,5 y 2,2 millones de pesos, la familia de Juan Esteban entregó un poder a los encargados de la funeraria en territorio mexicano para que se encargaran de la tramitología.

A partir de ahí, a esta familia solo les quedó esperar a que llegara el cuerpo a Medellín, situación que se fue extendiendo con los días, puesto que cambiaron la fecha del traslado, teniendo que esperar en el aeropuerto José María Córdova de Rionegro.

“Primero nos dijeron que llegaba el 7 de agosto y parte de la familia se trasladó para allá y resulta que no llegó. Eso fue como una zozobra e inmediatamente nos comunicamos allá con México y lo que nos dijeron es que hubo un inconveniente con la aerolínea”, contó la hermana del fallecido.

Finalmente, a las 6:00 de la mañana de este martes 8 de agosto aterrizó el vuelo que traía el féretro con Juan Esteban. En un carro fúnebre lo trasladaron a Medellín y de ahí iniciaron todos los actos para darle el último adiós.

En un cofre sellado, por el avanzado estado de descomposición en el que se encontraba, le hicieron una velación en una de las salas de la funeraria Los Olivos durante cuatro horas para que todos sus familiares y amigos pudieran estar presentes.

Con un homenaje, con globos, le hicieron la misa exequial en la Parroquia María Madre de la Eucaristía del barrio Aures, donde asistieron también aquellos vecinos que tenían un buen recuerdo de este joven, a quien recuerdan como carismático y trabajador.

“Hicimos un recorrido acá con él por el barrio e incluso en la velación también se rindió un homenaje musical momentos antes de que lo dejáramos allá en Campos de Paz. También con la familia dimos palabras de agradecimiento y de oración y para después dejarlo descansar”, indicó.

Con el último adiós de Juan Esteban quedó el recuerdo de ese hijo, hermano y amigo que decidió buscar una mejor fortuna por fuera de Colombia, pero que volvió en un féretro antes de cumplir su gran sueño: darle un mejor porvenir a sus padres.

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