Ganar tiempo. Esa premisa clave que desencadenó las primeras cuarentenas en Antioquia y Colombia en marzo, para preparar al sistema de salud y evitar las escenas de los centros hospitalarios colapsados que se vieron en España o Italia y le dieron la vuelta al mundo, está a punto de ser puesta a prueba a medida que avanzan los casos de contagio en Colombia.
Estos cuatro meses largos desde que se confirmó el primer caso en Antioquia (9 de marzo) resultan esenciales al momento de evaluar la expansión de camas UCI en el departamento. Para ese entonces, Antioquia tenía 480 camas UCI y hoy, según los datos del Ministerio de Salud, la capacidad creció un 86 % y ya hay 895 habilitadas tanto para pacientes covid como para otras patologías. En todo el país, Minsalud reporta a la fecha 8.324 camas UCI.
De esas 480 con las que arrancó Antioquia el 2020, la concentración en los municipios del área metropolitana era del 85 % y Medellín tenía siete de cada diez camas para atención de alto nivel de complejidad. Solo Rionegro, La Ceja, Caucasia y Apartadó registraban UCI por fuera del área metropolitana.
Tal como lo dice Andrés Aguirre, director del Hospital Pablo Tobón y presidente de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (Achc), el reto era enorme porque se trataba de subsanar en pocas semanas deudas acumuladas durante años con el sistema de salud. La medida inicial daba cuenta de que Antioquia tenía una tasa de 1,1 camas UCI por cada 10.000 habitantes, lo que representaba un porcentaje inferior a la media nacional (1,6) y a las recomendaciones de la OMS que es de 2,6 camas UCI por cada 10.000 habitantes.
“El crecimiento de camas UCI y la responsabilidad de toda la ciudadanía en el comportamiento son claves y deben ir de la mano, porque llega un momento donde los pacientes que requieren atención pueden desbordar la capacidad hospitalaria. Ya Colombia, y Antioquia no es la excepción, tenía restricciones en la capacidad hospitalaria. Se ha hecho un esfuerzo por escalar la capacidad en cuidado intensivo, pero como dice la canción no hay cama para tanta gente y la mejor medida será siempre el autocuidado”, explicó Aguirre.
¿Y el plan Mil de Medellín?
Aunque no es el único, crecer las camas UCI sí es un indicador clave para enfrentar la pandemia. Aumentar esa capacidad en tan poco tiempo requirió hacer una especie de convite en el que participaron los entes territoriales, el Gobierno Nacional, la empresa privada y las clínicas y hospitales. El plan de la Gobernación es que para agosto se habiliten 909 camas UCI para atención a pacientes covid.
Medellín implementó lo que llamó el Plan Mil para crecer de 332 camas UCI que tenía a principios de marzo a 1.000 unidades de cuidados intensivos. La secretaria de Salud de Medellín, Andree Uribe, contó en un debate de control político el pasado viernes en el Concejo que el plan avanza según los cronogramas y que a la fecha son 705 camas UCI con las que cuenta la ciudad, destinadas para atender pacientes covid y de otras patologías.
“De ese total (705 camas) hay 65 que están pendientes por activar porque les falta bien sea un insumo o el personal médico capacitado. Varios centros hospitalarios siguen capacitando y dado que no hemos tenido aún una saturación total en el sistema podemos ir abriendo de manera paulatina”, dijo.
De las cerca de 295 que faltan para cumplir las 1.000, la funcionaria indicó que 59 respiradores hacen parte de las entregas pactadas por el Gobierno Nacional, 89 más de instituciones privadas que se comprometieron con el plan y 147 se suplirán con los ventiladores desarrollados por Ruta N (InnspiraMed). También especificó que, si la demanda lo requiere, la estrategia es convertir las camas de UCE (cuidados especiales) a UCI en las clínicas y hospitales de la ciudad y concentrar esos cuidados especiales en la clínica de la 80 (ver recuadro).
Esfuerzo conjunto
Para David Escobar Arango, director de Comfama, el liderazgo de los gobernantes y el apoyo de las distintas entidades ha sido una muestra de la necesidad del trabajo conjunto entre actores públicos, privados, sociales y académicos.
“Hay dos cosas importantes para mencionar la articulación público-privada y académica en esta respuesta del covid, la primera es la que ha convocado la Gobernación donde participamos las EPS más importantes, algunas IPS y actores empresariales y sociales de la ciudad; orientados por la ciencia de la U. de A. para responder a esta situación tan desafiante. Otra muy importante es toda la articulación que ha liderado Proantioquia con la Gobernación, para mejorar la capacidad de la red hospitalaria y de salud de nuestra región, que ha sido fundamental en las donaciones tanto de UCI, pruebas diagnósticas y elementos de protección personal”.
Un ejemplo de eso es lo que ocurrió en la Clínica Panamericana de Apartadó, que sirve a todo el Urabá, donde con las donaciones Augura y la Fundación Bancolombia se pudieron instalar 25 camas nuevas de cuidados intensivos. Allí la capacidad aumentó de 10 a 35 y con las seis adicionales instaladas en el hospital Francisco Valderrama de Turbo la capacidad en esa región se triplicó.
Ocupación UCI y alerta roja
María Angélica Maya, infectóloga del Hospital San Vicente y asesora de la Gobernación de Antioquia, explicó que pese a los múltiples esfuerzos para ampliar servicios de cuidado crítico, las capacidades se han ido agotando, porque las estancias de pacientes en UCI son en promedio de doce días y a medida que aumentan los casos más personas requieren atención de alta complejidad.
“Hay hospitales y clínicas que ya están al límite. Además abrir una nueva unidad de cuidados intensivos no requiere solo la tecnología (ventiladores y monitores) si no que requiere del intensivista, la terapista respiratoria, la enfermera con especialidad en cuidado crítico y demás y ese recurso es limitado”, explicó.
En el reporte del jueves 23 de julio, la Gobernación de Antioquia indicó que disponía de 664 camas UCI para pacientes covid, de las cuales 471 estaban ocupadas entre pacientes confirmados y sospechosos. La ocupación de camas covid en el departamento es de 71% y la alerta roja hospitalaria parece cuestión de días.
Leopoldo Giraldo Velásquez, gerente del coronavirus en Antioquia, indicó que la alerta naranja (declarada el pasado 15 de julio) vino acompañada de una restricción de servicios de salud ambulatorios y no urgentes para que el personal de salud estuviera enfocado hacia la atención de servicios de salud urgentes (cuidados intensivos e intermedios) y de procesos de formación en terapia respiratoria, hecho prioritario por la pandemia.
“Hoy tenemos 660 camas de UCI para covid y la ocupación ha oscilado entre el 67 y el 72 %. La alerta roja nos sirve para estar más atentos a los procesos de atención urgentes, ser más estrictos en qué servicios se prestan y socialmente evidencia un mayor riesgo y la posibilidad de tomar medidas más drásticas. Además mayor compromiso en las medidas de autocuidado: lavado de manos, distanciamiento social y uso del tapabocas. Debemos preparar todo para que el sistema de salud sí sea capaz de resistir a la demanda de servicios de salud” .
909
camas UCI proyectadas para el mes de agosto es el cálculo de la Gobernación.