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Volcanes: crean vida y pueden destruirla

Estas estructuras geológicas están desde los inicios de la Tierra y podrían llegar a extinguir a las especies. Le contamos qué son.

  • Volcanes: crean vida y pueden destruirla
Volcanes: crean vida y pueden destruirla
10 de mayo de 2021
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Pasaron 900 años desde la última erupción del volcán Fagradalsfjall, en la península de Reykjanes, en Islandia. Volvió a ocurrir apenas el pasado 19 de marzo, luego de que el país registrara más de 40.000 terremotos en solo unas semanas que alertaron sobre la actividad del volcán. En redes sociales circulan videos de turistas y curiosos que asistieron a las cercanías para ver la erupción y los flujos de lava en las laderas del valle de Geldingadalir.

Al mismo tiempo, al otro lado del mundo, el volcán Pacaya de Guatemala cumplió el pasado 30 de abril más de dos meses de actividad con lava que ya alcanza 1.600 metros de longitud. En este caso, se viralizaron también videos que mostraban cómo un rayo impactó la estructura geológica en plena actividad.

Después de consultar con expertos en geología y volcanología, está claro que ni los terremotos, ni los rayos, ni las aglomeraciones de personas interesadas son temas nuevos o extraños. De hecho, tienen explicación y son más comunes de lo que parece.

Y es que es mucho lo que ya se sabe de estas estructuras, ya que más del 80 % de la superficie terrestre, tanto por encima como por debajo del mar, es de origen volcánico, de acuerdo con el Servicio Geológico de los Estados Unidos, Usgs, y ya que están presentes desde los inicios mismos de la vida en la Tierra (y, de hecho, tuvieron mucho que ver en este proceso).

Más que un cono

Aunque los humanos no han llegado al centro de la Tierra (lea “Viajar al centro de la Tierra, ¿es posible?” para más información), sí saben cómo y de qué está compuesto. Se sabe que este no es completamente sólido, sino que en su núcleo tiene una capa externa líquida y que tiene temperaturas entre los 4.400 y los 6.000 grados centígrados”.

En el interior, según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia, existe una roca fundida llamada magma, “que busca subir a la superficie terrestre a través de grietas y fisuras, formando los accidentes geográficos”. Además, la forma como explota esa roca que se convierte en lava “se denomina erupción volcánica”.

Mauricio Corredor Rodríguez, doctor en Genética y profesor del Instituto de Biología en la Universidad de Antioquia, concuerda. “A pesar de ser tan metálico, ese centro no es sólido y por el calor busca por donde salir, algo así como tuberías, mangueras”. Sin embargo, no solo sale material rocoso, “también salen materiales líquidos y gaseosos, como vapor de agua, dióxido de carbono, dióxido de azufre y demás”, añade el profesor John Jairo Sánchez Aguilar del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Universidad Nacional.

Así, entonces, y en palabras del geólogo y profesor de Volcanología también de la Nacional, sede Bogotá, Modesto Portilla Gamboa, “se trata de una manifestación en superficie de un proceso interno que se da en todos los planetas del sistema solar que conocemos y que sirve como transporte de materia y energía desde el interior hasta la superficie y la atmósfera”.

Estos formaron, hace cientos de millones de años, los primeros océanos y atmósfera terrestre y suplieron al planeta de los ingredientes vitales para crear y mantener la vida, según dice el Usgs. Hoy no son extraños: entre 1800 y 2020 se registraron más de 600 erupciones según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, Noaa, y se estima que hay más de 1.500 volcanes activos en 81 países.

Inicio y fin de la vida

En los inicios fueron incontables erupciones volcánicas las que crearon montañas, llanuras y mesetas y crearon los primeros océanos. Pero el aporte va más allá. Según Corredor, estos procesos fueron cruciales en la formación de la vida en este planeta pues “en los inicios cuando hubo oxígeno, carbono y otras sustancias, los volcanes las sacaron y las mezclaron para que luego, con el agua, se crearan moléculas orgánicas”.

En un estudio publicado en 2018 en la revista Science, Jeffrey Bada, de la Universidad de California, concluyó a partir de un análisis del experimento previo de Stanley Miller que los principales componentes químicos de la vida sí pudieron surgir de estas erupciones de gases y de rayos. De hecho, lograron crear, recreando las condiciones de la Tierra primitiva, 22 aminoácidos. Esta es una teoría fuerte que se suma a la de la panspermia y a la de los rayos que ya ha explicado EL COLOMBIANO en entregas anteriores.

Y así como pudo crear vida, podría también acabar con ella. Hay registro de grandes eventos de extinción masiva a causa de los procesos volcánicos que cambiaron las condiciones atmosféricas y que hicieron que, por esta razón, muchas especies no pudieran sobrevivir bajo esas condiciones y desaparecieran. “Es un proceso natural. Si no hubiera ocurrido, no estaríamos nosotros aquí. Conlleva cambios drásticos en atmósfera terrestre cuando hay emisión de gran cantidad de gases volcánicos”, dice Portilla.

Sánchez agrega que se ha documentado en la historia geológica terrestre que sí ha habido extinciones de hasta 90 % de las especies a causa de estas erupciones pero que hubo en al menos dos ocasiones un fenómeno llamado catástrofe atmosférica con radiación cósmica en los cuales los volcanes sirvieron como mecanismo de recuperación. “A través de ellos el planeta regeneró su atmósfera y proveyeron los gases necesarios”. Todo esto podría volver a pasar y una de las teorías sobre el fin de la vida indica que, de hecho, una erupción de un supervolcán podría ser la causante.

Esta ambivalencia de los volcanes que podría parecer contradictoria resulta darle su importancia: al tiempo que puede crear vida, puede destruirla.

El lado bueno

Se ha visto que en suelos que fueron cubiertos por lava que quemó todo a su paso, después de años, vuelve a crecer vegetación y vuelve a ser hogar para microorganismos. Corredor destaca que “es increíble cómo al lado de un ambiente tan extremo, la vida puede apegarse y se encuentran bacterias”.

El Usgs destaca que la tierra más fértil se da luego de que los materiales volcánicos se descomponen (meteorización) y que estos sistemas se han aprovechado para producir energía geotérmica. Corredor agrega que son fuente de nutrientes “y son como una licuadora que agita y mezcla lo que hay en la tierra”.

Portilla explica este proceso: “Con la salida de productos volcánicos como la lava, fragmentos incandescentes proyectados a través del aire y columnas de ceniza, al depositarse y en interacción con el medio ambiente (con radiación solar, humedad, lluvias), son fácilmente meteorizables y dan origen a suelos fértiles”.

Dice Sánchez que, por eso, muchas personas viven cerca de volcanes que sirven como sustento para la producción agrícola y que en Colombia están rodeados de comunidades dedicadas a la ganadería, agricultura, y demás.

Agrega que los productos volcánicos, como los materiales sólidos, la grava, el azufre y demás, son de uso industrial y comercial generalizado. El azufre sirve, por ejemplo, como materia prima para productos de belleza o medicinales, la piedra pómez es de origen volcánico y la lava triturada sirve como material en la construcción de carreteras, edificios y demás.

Son también fuentes de desarrollo económico y turístico pues atraen a muchas personas y con la infraestructura y la logística correcta, son seguros y productivos.

Riesgos y prevención

Los volcanes no se pueden controlar. No hay forma de eliminarlos, taponarlos, cortarlos o evitar que entren en actividad. Todo lo que queda es la prevención y mitigación.

Puede ocurrir de nuevo que una gran erupción suba las temperaturas y oscurezca el planeta, disminuyendo la radiación solar y posteriormente enfriando la Tierra hasta eliminar especies que no se adapten. Al menos, estiman científicos, esto no será pronto.

Lo que sí puede pasar son efectos a escalas grandes, medianas y pequeñas que pueden durar desde minutos hasta años. “Cuando un volcán hace erupción, las comunidades expuestas están en peligro por flujo de lodo, caída masiva de cenizas, corrientes incandescentes y demás”, dice Sánchez. “Para que haya afectación no solo tiene que ser explosiva. También emiten líquidos y muchos gases que tienen compuestos químicos que pueden afectar la salud”.

El impacto al medio ambiente y a las comunidades, por su parte, dependerá del tamaño de la erupción. Una pequeña afectación, continúa el profesor Sánchez, ocurrió como ejemplo en enero de 1993 en el volcán Galeras donde después de una erupción explosiva murieron seis científicos y tres turistas que estaban estudiando la zona.

Una de impacto regional ocurrió en 1985, cuando el 13 de noviembre el Nevado del Ruíz tuvo erupción moderada, perturbó parte del glaciar que se fundió y generó flujo de lodo que arrasó con Armero y que dejó un saldo de 22.000 personas muertas.

Finalmente, una de impacto global podría cambiar el clima del planeta y ya hay registros de esto. En Indonesia, en 1815 hubo una serie de erupciones del volcán Tambora que ocasionaron lo que se llamó el año sin verano, porque todo permaneció frío y relativamente oscuro y permaneció así por casi dos años.

Las cercanías a los volcanes también pueden ser perjudiciales para la salud de más de 10 % de la población mundial que se estima vive cerca de ellos. Aunque 70 % de los gases que emite son vapor de agua y Co2, luego de las erupciones estos liberan otros gases y aerosoles como dióxido de azufre, ácido sulfúrico, mercurio, aluminio, plomo y demás que pueden causar diversas patologías. De hecho, un estudio de la Universidades Leeds en Reino Unido y de la Universidad de Islandia revelaron que luego de la erupción del volcán Holuhraun en 2014 que liberó 11 millones de toneladas de dióxido de azufre, las enfermedades respiratorias aumentaron considerablemente (una cuarta parte).

Para evitar los efectos negativos, se debe, dice Sánchez, socializar sobre la actividad volcánica, los peligros y las acciones a tomar y procurar la rotación de las poblaciones. “Si fuera posible no vivir en el área de influencia de un volcán, sería lo mejor”. Se deben además, insiste, conocer acciones de mitigación y tener claro cómo responder ante la emergencia

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