El artículo How the Brain Creates Your Physical Sense of Self publicado en julio de este año en la revista Scientific American abrió la conversación sobre cómo los humanos nos percibimos. Desde el siglo XIX el filósofo William James propuso que el “yo” podría dividirse en dos partes: uno que percibe la experiencia física en el mundo y otro, que abarca la narrativa mental sobre sí mismo.
Saber específicamente en qué región del cerebro se aloja el “yo” es una tarea casi que imposible. El filósofo estadounidense Daniel Dennett argumentó que era un error buscar al “yo” en el cerebro. “Es un error de categoría comenzar a buscar el ‘yo’ en este órgano. No me puedo imaginar alguna vez diciendo: ‘esa celda allí, justo en el medio del hipocampo (o donde sea) ¡Ese soy yo!’”.
Sin embargo, las técnicas modernas de neuroimágenes han revelado que los aspectos del “yo” están asociados con una actividad coordinada dinámica de una red cerebral a gran escala. Se llama la red de modo predeterminado (DMN), un término acuñado por el neurólogo estadounidense Marcus Raichle.
La DMN se compone de regiones ubicadas en la línea media del cerebro, conocidas como la corteza prefrontal medial y la corteza cingulada posterior. Se ha evidenciado que en estas regiones hay una reducción de la autoconciencia, por ejemplo, al entrar en estado de sueño o anestesia y se activan mediante actividades como la autorreflexión.
Este, sería el “yo” narrativo. Por el contrario, el “yo” que percibe la experiencia física ha sido más difícil de encontrar en el cerebro, al menos hasta hace poco, según el artículo de Scientific American. La razón de esta afirmación es que científicos como Josef Parvizi, neurólogo y profesor de la Universidad de Stanford, adelantan investigaciones sobre un área del cerebro denominada precúneo anterior o precuña que podría estar asociado al “yo” corporal.
“La precuña ha sido investigada durante años. Se le han encontrado funciones relacionadas a los sistemas atencionales. Es un área que al parecer es importante en el cerebro para mantener la atención y generar un estado mental que hará que todo lo que yo haga o perciba, esté acorde a ese estado”, explicó Jan Karlo Rodas Marín, médico y estudiante de doctorado en Neurociencias del Grupo Neuropsicología y Conducta GRUNECO de la Facultad de Medicina de la U. de A.
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Los investigadores como Parvizi se dieron cuenta de que al alterar esta región cerebral en ocho participantes con párkinson, los participantes manifestaban sensaciones como si estuviesen flotando, mareos, falta de concentración y una sensación de desapego de sí mismos, según relataron en el artículo.
“Los hallazgos son originales y muy interesantes” y contribuyen a una mejor comprensión de cómo el cerebro procesa el sentido del yo corporal, dice Henrik Ehrsson, neurocientífico cognitivo del Instituto Karolinska en Suecia.
Estos hallazgos entregan detalles sobre el proceso de autopercepción que tenemos los humanos. “En realidad dependiendo de cómo se encuentra tu cerebro y de la interacción entre sus áreas, es que vas a percibir lo físico y lo mental y a partir de ese estado global es que podemos inferir cómo nos percibimos”, agregó Jan Karlo.
Esta percepción se relaciona incluso con la percepción de cómo está el estado de nuestros órganos, la posición del cuerpo y el estado de salud. En trastornos psicológicos como la ansiedad, el cerebro le indica al cuerpo estados de alerta que provocan palpitaciones rápidas, por ejemplo. “La precuña es capaz de crear estos estados mentales donde la persona tiene ideas obsesivas que llevan a estos estados psiquiátricos”, explicó Jan Karlo.
Además de la percepción del “yo” corpóreo, la precuña juega un papel interesante en la autoimagen y autopercepción de cada persona. Es decir, en cómo se ven a sí mismos.
“Si yo me estoy viendo en un espejo y veo mi cuerpo, ahí hay un estímulo visual potente. Si pienso que está mal y me concentro en los defectos, esa información llega al cerebro y transforma la imagen que estoy viendo. Se produce un foco atencional en esas partes del cuerpo que causan inseguridad”, puntualizó el neurólogo.
Es en este momento donde entra a la conversación la relación del cerebro y el estado mental con la forma en la que cada humano se observa.
¿Cómo nos percibimos?
Cada persona al verse en el espejo tiene una imagen construida de sí misma. En ella, influyen las experiencias personales. Es decir, la autopercepción y la autoimagen son subjetivas en cada persona y el cerebro codifica una apariencia física específica.
La psicóloga Claudia Jimena Salazar Trujillo, docente investigadora de la Universidad CES, menciona que la autopercepción es un proceso anterior a la construcción de la autoimagen. La primera es el conjunto de experiencias físicas, emocionales, cognitivas, sociales y culturales de cada ser humano. Mientras que la segunda es el resultado de todo lo primero.
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Es por eso que “las experiencias positivas favorecen la autoimagen y las negativas, la distorsionan. A medida que crecemos nos convertimos en personas seguras o inseguras frente a nosotros mismos”, expresó la psicóloga.
En psicología existe un trastorno asociado a la distorsión de la imagen física. Se trata de la dismorfia corporal, un diagnóstico que recibe entre el 2 % y 3 % de la población mundial, según el Manual MSD.
¿De qué se trata la dismorfia corporal?
La Mayo Clinic lo define como una enfermedad mental en el que no se puede dejar de pensar en uno o más defectos percibidos o defectos en la apariencia, que podría ser menor o que no puede ser visto por los demás. Sin embargo, la persona puede sentirse avergonzada, intimidada y ansiosa y evitar situaciones sociales.
Estas personas se enfocan intensamente en la apariencia física e imagen corporal y se revisan repetidas veces en el espejo.
“La dismorfia ocurre cuando una persona interpreta que la forma de su cuerpo no es la que corresponde. Por ejemplo, una persona delgada se puede ver gorda y viceversa. Esto causa una percepción errónea de su propio cuerpo”, explicó la psicóloga.
Para el neurólogo Jan Karlo, el cerebro tiene la capacidad de distorsionar la autoimagen a partir de lo que creemos de nosotros mismos. De hecho, la manera en la que nos ven otros también es subjetiva.
“Cada persona nos ve dependiendo a los recuerdos y las huellas de memoria que tengan con uno. A partir de ahí, se crea una imagen física y mental de la persona. El típico ejemplo es una persona que cae bien y otra que cae mal, la imagen puede cambiar de acuerdo a lo que sentimos por el otro”, concluyó el neurólogo.
Los síntomas de este trastorno son: preocupación excesiva por un defecto percibido en la apariencia física que los demás no pueden percibir, estar convencido de que tienes un defecto en tu apariencia que te hace ver feo o deforme, creer que los demás ponen atención en tu apariencia de manera negativa o se burlan de ti, tener comportamientos dirigidos a arreglar u ocultar el defecto percibido que son difíciles de resistir o controlar como mirarse frecuentemente al espejo, arreglarse o rascarse la piel.
Otros son ocultar los defectos percibidos con el estilo, el maquillaje o la ropa, comparar tu apariencia con la de los demás, buscar con frecuencia la aprobación de tu apariencia por parte de los otros, tendencias perfeccionistas, buscar procedimientos estéticos con poca satisfacción y evitar situaciones sociales.
¿Se puede modificar la percepción de uno mismo?
Estas creencias de nosotros mismos, pueden modificarse de nuevo y lograr que nos veamos como realmente somos. Para eso, se necesita acompañamiento psicológico y “entrenar” al cerebro, de algún modo, según lo explicó Jan Karlo.
El neurólogo recomienda que en esos casos en los que la autoimagen se ve afectada por inseguridades propias, lo más adecuado es asistir al psicoterapeuta para lograr salir de esa imagen errada que se tiene sobre sí mismo. También hacer ejercicio y comer saludable son claves para sentirnos saludables en todas las áreas de la vida, entre ellas, esta.
“Las personas que llevan mucho tiempo atrapadas ahí, deben saber que hay irreversibilidad y el cerebro, con ayuda, puede modificar cómo se autopercibe en términos de autoimagen”, aseguró el neurólogo.