Al hablar de centro histórico, la mente se instala de inmediato en Cartagena de Indias, en Santa Fe de Antioquia y en algunas ciudades cuya arquitectura central hunde sus raíces en los siglos y llegan casi siempre hasta los tiempos coloniales.
Sin embargo, todas las ciudades tienen historia, muy digna ella, de la cual deben sentir orgullo sus habitantes.
Y en el caso de Medellín, aunque comúnmente no se hable de él, también lo tiene.
Lo tiene, porque “en él está nuestra historia”, dice María del Rosario Escobar, directora del Museo de Antioquia.
Los urbanistas del mundo le dicen centro histórico al núcleo urbano original de planeamiento y construcción de un área urbana, generalmente el de mayor atracción social, económica, política y cultural, que se caracteriza por contener los bienes vinculados con la historia de una determinada ciudad, a partir de la cultura que le dio origen.
De modo que si nos atenemos a esas consideraciones, el de Medellín es perfectamente distinguible.
Sergio Restrepo, el director del Teatro Pablo Tobón Uribe, dice que el centro histórico de nuestra ciudad es el tradicional y está delimitado así: de San Juan a Echeverri; de la vía situada detrás del Teatro Pablo Tobón a la Avenida del Ferrocarril, más Prado.
En el Plan de Ordenamiento Territorial se le menciona como “centro tradicional”.
“Esa denominación sirve —señala Restrepo— para que el sector sea contemplado en un eventual plan de inversiones, de intervenciones arquitectónicas y otros planes”.
Se diferencia del centro expandido, que incluye el Museo de Arte Moderno, en Ciudad del Río, por el sur, y Explora por el norte.
El centro tradicional es el núcleo de la ciudad, donde comenzó a delimitarse y a desarrollarse la economía urbana.
Pilar Velilla, gerente del Centro, considera que ese centro fundacional es el que contiene nuestra historia cultural. En él son referentes las iglesias, algunos edificios, los parques, ciertas calles como Ayacucho, que le decían el Camellón y otros lugares...
Explica que centro histórico lo tienen todas las ciudades y no es preciso que sea declarado por el Concejo ni por entidad alguna. Dentro del centro existen edificios que son declarados patrimoniales. Esta condición sí debe ser declarada por la nación, el departamento o el municipio. En el caso de Medellín, menciona como ejemplos, el Palacio Municipal, ocupado por el Museo de Antioquia, que es Patrimonio Nacional.
“El Estado y la gente están llamados a protegerlo”.
Pasado y presente
En el texto Espacio e Historia en Medellín, en su sitio web, el historiador Jorge Orlando Melo cuenta que: “la estructura de la ciudad colonial se prolonga en lo esencial durante el siglo XIX. Los cambios físicos son lentos, así a veces se intente transformar la estructura de las representaciones mentales: las viejas calles coloniales cambiaron sus nombres en 1818 (?), y la ciudad tuvo que orientarse entre las calles de Las Frutas, las Estrellas, el Sol, los Astros, las Águilas, el Amor, el Fuego, Minerva, Júpiter, las Alegrías, los Ángeles, la Luna, el Parnaso, el Silencio. Antes se habían orientado por la calle de Guanteros, el Chumbimbo, la Alameda, y la Calle de San Francisco, la Calle del Guanábano, la Calle del Ciprés, la calle del resbalón, la Calle del Chivo: del espacio concreto a un proyecto ideológico racionalista, que fue luego reemplazado por la evocación cívica de la independencia, que ya figura en 1847: Bomboná, Carabobo, Maturín, Juanambú, Junín y de la hermandad hispanoamericana, que poco dice: Perú, Caracas, Bolivia, Ecuador”.
En el blog Usodelascalles (usodelascalles.wordpress.com) comentan:
“En un mapa de 1800, dibujado por Álvaro Restrepo Eusse, aparece que Medellín tenía cinco calles principales y no tenían nombres; solo se nombraban de la A a la E. La A, o Nueva Calle de San Francisco, es la que hoy se conoce como Maturín; La Calle Real o de San Lorenzo es la que hoy se llama San Juan era la B. La calle C fue la Calle del Prado, que posteriormente le dio nacimiento a la Calle Colombia, la D se llamó Calle de la Carrera, que, después, cuando se hicieron las grandes procesiones por sus calles, se llamó Calle de la Amargura y hoy se conoce como Ayacucho, que fue un importante polo a través del cual se movió el comercio con Oriente”.
Esas son nombres de las vías originales del centro.
Por su parte, Darío Ruiz Gómez, urbanista apasionado por el núcleo de la ciudad, cree que el centro histórico de Medellín es el que estamos obligados a proteger... y a mejorar.
“Ese, el de los centros históricos, ha sido un tema de discusión en todo el mundo —dice—. En cuanto a eso, el peligro está cuando se congelan las ciudades. Es decir, que por pesar sobre ella ese rótulo, las han matado. No permiten intervenirlas, no dejan ni que se les cambie una ventana rota”.
Y enumera: “Brujas; Viena; Carcasona, una ciudad medieval, estuvieron muertas... Hasta que entendieron que era preciso renovar la vida de las casas, de los castillos y permitir la inclusión de nuevos códigos visuales.
Recuerde —continúa diciendo Darío— que Santa Fe de Antioquia tuvo ese problema hace unos años, hasta que permitieron intervenirla y recuperar su arquitectura. Y el barrio Prado también lo congelaron. Lo convirtieron en una isla ubicada más allá de la Avenida Oriental, lo aislaron del Centro, le metieron decenas de líneas de buses y permitieron que en una sola casa haya tres ventorrillos de empanadas. Se va tugurizando”.
De Medellín destaca algunos lugares de ese centro tradicional dignos de cuidado, como el pequeño parque situado detrás de la Catedral Metropolitana; la Plazuela Uribe Uribe y otros “pequeños parques y plazuelas, que dan comodidad al Centro”.
Turismo
María del Rosario indica que eso de llamar centro histórico al “centro centro” de la ciudad es también una señalización que obedece a convenciones internacionales para orientar a los turistas y establecer planes de recorridos.
En calles de la ciudad, como en San Juan con la Avenida Oriental, se ve una valla de la Oficina de Turismo que dice: «Centro Histórico (Historic Center)», acompañado del ícono respectivo, el dibujo de algo que recuerda un edificio clásico, y una flecha que indica el rumbo.
Y precisamente, en la página de la Guía Turística de Medellín aparece el Centro Histórico, del cual señala:
“La historia, el comercio y la cultura palpitan con fuerza en el recorrido que va desde el Centro Comercial Villanueva —antiguo seminario—, la Catedral Basílica Metropolitana y sus reliquias de arte religioso, el Parque Bolívar, el Teatro Lido, la tradicional carrera Junín, el Parque Berrío —antigua plaza principal—, la iglesia de La Candelaria —primera catedral—, la avenida La Playa, la Casa Barrientos —hoy Casa de la Lectura Infantil—, la avenida Oriental, el Palacio de Bellas Artes y el Teatro Pablo Tobón Uribe.
Del urbanismo presente en esta zona dan cuenta la avenida La Playa, la carrera Junín —el primer paseo peatonal y comercial—, el edificio Coltejer —que llegó a identificar a la ciudad—, la avenida Jorge Eliécer Gaitán o avenida Oriental —intervenida para ofrecer mayores espacios y un medio ambiente más puro—.
En un ambiente de arboledas centenarias, esta zona es un hervidero de vida cultural. Allí tienen su sede algunas de las más importantes compañías teatrales, muchas de ellas en casas declaradas patrimonio arquitectónico. Destacadas entidades de Medellín ofrecen una programación cultural permanente y de primerísimo nivel”. Y sigue con la mención del comercio y termina con la Plaza Botero.
De modo que hace falta acostumbrarse a hablar sin complejos de centro histórico, que en nuestro caso se trata de un sitio activo y colorido, el lugar donde ha vibrado por siglos, con más fuerza, la vida urbana.
1675
es el año de fundación de Medellín. Al principio eran 700 habitantes urbanos en 18 manzanas.
1826
año en el que se convirtió en la capital del departamento.