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Es posible dialogar con el que piensa diferente

Crear espacios para contrastar ideas y debatir en armonía son claves para fortalecer las sociedades y las relaciones sociales. Algunos consejos.

  • Ilustración SSTOCK
    Ilustración SSTOCK
01 de julio de 2021
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El sesgo de confirmación es un término que hace referencia, desde la psicología, a la búsqueda constante de reafirmación de las creencias que se tienen, aislándose de las ideas diferentes. Por eso “nos cuesta hablar con el otro”, explica la psicoanalista Judith Elena García.

Sin embargo, es posible sobrepasarlo para entrar en diálogo con el que piensa distinto, algo fundamental para una sociedad, explica Carlos Darío Patiño, investigador en psicología social.

Distintos

Cuenta Patiño que antes de pensar en un diálogo hay que tener claro que las diferencias hacen parte de la existencia, del orden natural de las cosas. No es que sean buenas o malas, son hechos que pueden ser “por posición social, por configuración familiar, étnicas, de edades, de género”, y por muchos motivos más. Hay que reconocer que ninguna es necesariamente mejor que otra, porque una cosa es la diferencia y otra el prejuicio, que hace referencia a una opinión desfavorable acerca de algo que puede no conocerse bien.

García explica que desde el psicoanálisis se “parte de la postura de que todos somos distintos, no habrá nunca un sujeto igual a otro, porque cada individuo está necesariamente marcado de una forma particular por el lenguaje” y la interpretación de ciertas palabras que dan significado a la vida. Pueden tenerse lecturas diferentes dependiendo de a quién se le pregunte. De ahí que se hable de subjetividad para cada persona.

Relaciones

El profesor de Antropología en la Escuela de Ciencias Sociales de la UPB Gustavo Muñoz afirma que los humanos “somos seres comunitarios por naturaleza”, y por lo tanto el diálogo y la cultura son fundamentales para llegar a niveles de sociabilidad que “en términos más contemporáneos hemos denominado contrato social”.

García lo define como un conjunto de prácticas, acuerdos y renuncias que se hacen para la formación de sociedades, marcando así a cada grupo como una tribu única, una sociedad.

Entre esos acuerdos y renuncias está por ejemplo el convivir con los que piensan diferente, preferir el diálogo sobre la violencia, asumir unas reglas comunes para todos, respetar unas instituciones, mantener la convivencia, entre muchos otros.

Por otra parte, García cuenta que Sigmund Freud afirmaba en su libro El malestar de la cultura (1930), que cuando se quiere señalar a un enemigo lo primero que se hace es marcarlo distinto, excluyéndolo de la tribu.

Patiño explica que “cuando nos interpretamos diferentes, con unos valores discriminatorios, ya el asunto no es solo la diferencia, sino los prejuicios con respecto a ella”. Esto es peligroso, porque divide los grupos, rompe la confianza y deteriora las instituciones, impidiendo que se desarrolle y solucione sus problemas elementales.

Deber social

Dialogar con el que piensa diferente ayuda a formar sociedades, porque ofrece perspectivas distintas sobre un mismo hecho, brinda argumentos opuestos, competencia, diversifica el pensamiento y lo impulsa, señala Muñoz.

Sin embargo, no es sencillo. Muñoz afirma que “nosotros escuchamos casi que el 30 % de lo que dice el otro y ya para el 40 % hay que hacer un esfuerzo de escuchar un poco mayor para poder entender muy bien el mensaje”. El 30 % consta de elementos que se pierden o ideas que no se logran transmitir. Afortunadamente, los especialistas han diseñado un modelo que facilita esa interacción, lo que Muñoz denomina como “métodos de negociación Harvard” (ver parte inferior), buscando hacer un paso a paso de una buen conversación, incluso si los interlocutores tienen opiniones completamente diferentes. Lo primero es querer intentarlo y no olvidar que la diferencia existe. Cada quien es único

30 %
es el porcentaje de escucha activa que se estima para una conversación, según Muñoz.
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