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Ataques de ira: ¿cómo “bajarse los humos” en un momento de rabia intensa?

En un momento de cólera, es difícil mantenerse calmado. Aquí algunos consejos para reconocer esos momentos de ira y tensión y responder ante la emoción sin ser violentos o hirientes.

  • Los ataques de ira no solo son dañinos para la salud mental, también para la salud física. Aumentan los riesgos de enfermedades cardiovasculares, gastritis, dermatitis, entre otros. FOTO: GETTY
    Los ataques de ira no solo son dañinos para la salud mental, también para la salud física. Aumentan los riesgos de enfermedades cardiovasculares, gastritis, dermatitis, entre otros. FOTO: GETTY
23 de julio de 2023
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La ira es una de las emociones más difíciles de controlar por el ser humano, lleva a reacciones impulsivas que podrían traer una cadena de efectos negativos de los que se arrepentiría después. Según la American Psychological Association (APA), es una emoción totalmente normal y por lo general, saludable. El problema está, precisamente, cuando se pierde el control de la emoción.

Un ejemplo: remontémonos al 2006. Mundial de fútbol disputado en Alemania donde Francia e Italia luchaban por el título. Zinedine Zidane jugaba su último partido y en un momento de ira por un comentario sobre su hermana, le dio un cabezazo en el pecho a su contrincante, el Italiano Marco Materazzi. Zidane salió de su última copa del mundo con tarjeta roja y sin poder disputar los penaltis, donde se impuso el equipo italiano, quedándose con la copa.

La ira es de las emociones más difíciles de controlar. La razón es porque el cuerpo se prepara para la defensa: aumenta el ritmo cardiaco, sube la presión arterial y los niveles de noradrenalina y adrenalina, hay agitación y se prepara para las reacciones impulsivas, irracionales. El objetivo es defenderse ante una situación donde se siente en peligro, vulnerable.

“El cuerpo se dispone a la defensa y ataque frente a los obstáculos y la adversidad que reconoce en el entorno. La razón se obnubila y nos convertimos en seres más reactivos que racionales, lo que hace que perdamos el control de nuestras reacciones y actuemos sin pensar”, explicó Rodrigo Mazo Zea, psicólogo y docente de la Facultad de Psicología de la UPB.

Luisa Fernanda Vallejo Sánchez, psicóloga, explicó que: “la emoción de la ira se deriva de una acción de la que tenemos predisposición negativa como no cumplir una meta, pelearse con un ser querido o no satisfacer una necesidad”. Y agregó que sentir la emoción es diferente a manifestarla.

“En la primera, se experimenta un malestar general donde aparecen los síntomas físicos y ante esa excitación, el cuerpo está propenso a actuar de manera impulsiva. Es ahí, en la manifestación, donde se actúa de manera agresiva, de acuerdo a pensamientos y sentimientos del momento. Es difícil pensar objetivamente”.

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Según la APA, la ira varía en intensidad. Puede ser desde una irritación leve hasta una furia e ira intensa. Se puede producir por sucesos externos o internos como enojarse con una persona específica (como un compañero de trabajo) o ser causa de un momento específico como el tráfico vehicular o un vuelo cancelado.

Recuerde esas veces en las que algunas personas en los aeropuertos reaccionan desmesuradamente contra el personal. El cuerpo se activa y es fácil salirse de las casillas. Eso no significa que sea una acción justificable.

Algunas personas pueden ser más susceptibles a la ira. El psicólogo Mazo Zea explicó que la forma en la que cada persona responde ante la ira es subjetiva, pues depende de la estructura de su personalidad. A esto se le conoce como irascibilidad, un estado en el que se es más propenso a irritarse o enfadarse. La palabra proviene del latín irascibĭlis, que significa susceptible de encolerizarse.

“Hay personas que son más sensibles a las reacciones de ira. Tienen tendencia a reacciones violentas y agresivas. Sus manifestaciones fácilmente son impulsivas y requieren de atención profesional para aprender a reconocerse”.

En la actualidad, existen técnicas para “bajarse los humos” y reaccionar de una forma distinta al momento en el que se sienta muy enojado.

Técnicas para controlar el enojo

-Autoconocimiento: es quizás uno de los factores más claves para no reaccionar desmesuradamente. Conocerse a sí mismo y las situaciones que detonan la ira, pueden ser la respuesta para anticipar el sentimiento y ser conscientes de lo que se siente en ese momento sin tener un comportamiento agresivo.

-Tiempo fuera, técnica de modificación conductual: consiste en que la persona se salga de la situación que desencadena la conducta agresiva o violenta donde puede haber reforzadores. Así podría modificar o eliminar este comportamiento que lo lleva a actuar de esta manera.

-Técnicas de respiración: No permita que su respiración sea automática. No deje que se acelere y lo lleve a un estado de alteración. Sea consciente de la forma en la que respira y haga ejercicios para tranquilizarse. Un ejemplo es el ejercicio de escuchar al corazón. Se trata de poner su mano en el pecho y escuchar el ritmo de sus latidos. En cinco latidos exhala y en otros cinco, inhala. Expertos indican que eso puede sincronizar los ritmos naturales y llevar a un estado de serenidad.

-Piense antes de hablar: en un estado de enojo, es fácil decir palabras hirientes o agresivas de las que luego se puede arrepentir. Es recomendable ordenar sus pensamientos antes de decir algo impulsivo, sin pensarlo y darle tiempo a las otras personas involucradas para que hagan lo mismo.

-Expresar su malestar con comunicación asertiva: hablar de lo que ocurrió y expresar la frustración que sintió, sin modo de confrontar ni de lastimar, es una cualidad que puede llevarlo a la tranquilidad y a resolver los problemas.

-Hacer ejercicio: la actividad física reduce el estrés y aumenta los niveles de serotonina, generando una sensación de felicidad. Hacer ejercicio o practicar algún deporte es una opción para estar tranquilo y ser menos susceptible en esos momentos.

-Identificar posibles soluciones: es posible que en ese momento la persona le dé vueltas a la razón por la cual se molestó y no busque soluciones. Es mejor enfocar esa energía en encontrar soluciones del problema o de la situación que es molesta.

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-Recurrir a las declaraciones en primer persona: si el problema es con alguien más, una persona con ira podría decir palabras hirientes y aumentar la tensión en la conversación. Es recomendable ser respetuoso y específico. Por ejemplo: “me molesta que te hayas ido sin ofrecer ayuda con los platos”, en vez de “nunca haces las tareas del hogar”.

-No guardar rencor: perdonar es la vía más sensata de hacer las paces con lo que ocurrió. Si la persona no hace las paces y permite emociones relacionadas con la rabia y el enojo, solo cargará con aspectos negativos que abruman y amargan a los seres humanos. Perdonar es aprender de esa situación y fortalecer la relación.

-Recurrir al humor: esta alternativa, en medio de una discusión, puede ayudar a romper la tensión y darle un momento de respiro a las emociones. Esto es distinto al sarcasmo, que puede herir los sentimientos de los otros.

-Buscar ayuda con especialistas: hay momentos que se salen de control y requieren de compañía de expertos como psicólogos y psiquiatras para aprender a sobrellevar los momentos difíciles de enojo. No todas las personas son capaces de controlar su ira sin compañía de personas que los orienten. Hay que aprender a identificar en qué momento se debe buscar ayuda profesional.

Los ataques de ira no solo son dañinos para la salud mental. También, pueden serlo para el cuerpo. Puede causar enfermedades del corazón por estrés, al aumentar la presión sanguínea puede provocar deterioro de las arterias; eleva el pulso cardiaco y produce taquicardias, altera el equilibrio hormonal y se desestabiliza el sistema inmunológico, produce contracturas, dolores musculares y dolores de cabeza y hay más riesgo de tener gastritis, colitis y dermatitis.

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