En el último congreso mundial organizado por la Oficina de Defensa Planetaria de la Nasa, el pasado mes de junio, el doctor Lindley Jhonson, quien preside dicha entidad, distinguió al Observatorio Astronómico de la Universidad de Nariño, dirigido por el astrónomo Alberto Quijano Vodniza por su aporte a la “Red Internacional de Alerta de Asteroides-Nasa”, conformada por observatorios de diversas partes del mundo, encargada de identificar potenciales riesgos contra la Tierra y diseñar protocolos para afrontarlos.
El Observatorio nariñense, con 19 años de existencia, es un caso excepcional de aporte científico del país a investigaciones de alto nivel de la Nasa realizado directamente desde territorio colombiano. Algo que el profesor Quijano considera un honor, pero también un desafío para mejorar las condiciones –hoy adversas– para la investigación científica en el país y, concretamente, en ciencias del espacio.
¿Cómo llegó a dirigir el Observatorio de Nariño?
“Recibí desde niño mucha influencia de mi padre y de mi abuelo, un marino yugoslavo que trajo consigo un telescopio con el que vi por primera vez los cráteres de la Luna. Estudié Física y Matemática en la Universidad de Nariño y estudié becado un máster en Física pura y Astronomía en la Universidad de Puerto Rico. Allí entré en contacto con científicos de Nasa y regresé en 1999 para formularle a la Universidad de Nariño mi proyecto para montar este Observatorio que nació en 2002”.
¿Por qué este es el único observatorio del país que se destaca internacionalmente en el estudio de asteroides?, ¿tienen equipos especiales?
“Los instrumentos que tenemos son similares a los de otros observatorios, pero tenemos ventajas adicionales. En primer lugar, estamos ubicados cerca del Ecuador, así que tenemos completa observación de los dos hemisferios celestes, salvo la zona polar norte. Además no tenemos contaminación luminosa ni química, como otras capitales del país. Y lo más importante es que detrás del telescopio hay pastusos (risas). Hablando en serio, el rigor y constancia que hemos tenido en esta área tan compleja, es clave”.
Concretamente, ¿cuál ha sido el aporte del Observatorio para merecer el reconocimiento de la Nasa?
“El 13 de agosto de 2004 nos dimos a conocer al re-encontrar el asteroide Toutatis. En el proceso de validación conocí al doctor Vishnu Reddy, científico de la Nasa y de la Universidad de Arizona, que me invitó luego a participar en 2017 en dos simulacros de colisión de asteroides con la Tierra. También participamos desde el año pasado en un trabajo internacional sobre el Asteroide Potencialmente Peligroso Apophis –de más de 300 metros de diámetro–, sobre el cual había incertidumbre respecto a si colisionaría o no con la Tierra, porque pasará a 31.000 kilómetros de la Tierra en 2029. Como se tenía pocos datos, se pensaba que podría colisionar con la Tierra en 2036 o en 2068. Pero con los datos capturados recientemente, ya tenemos una conclusión que se publicó en Estados Unidos y que indica que no habrá riesgo de colisión en. los próximos 100 años. Con los datos que recogí sobre Apophis, adicionalmente, presentaré en agosto una investigación durante un congreso internacional en Chicago, en el cual socializaré el cálculo de los parámetros orbitales del asteroide para hacer mejores predicciones sobre riesgos potenciales”.
Unos de los objetivos de la Oficina de Defensa Planetaria es diseñar protocolos para afrontar potenciales riesgos de colisión contra la Tierra. ¿En qué consisten dichos protocolos?
"Esta Oficina está conformada por las naciones más importantes en cuanto a investigación espacial (Estados Unidos, Corea del Sur, Unión Europea, China, entre otros). Uno de sus objetivos es enviar misiones para estudiar más a fondo asteroides, por ejemplo a finales de este año llegará una misión a un sistema binario de asteroides, en el cual el asteroide más pequeño gira alrededor del mayor, y la Nasa va a impactar el más pequeño para desviarlo y analizar si esta es una estrategia eficiente o no. Recordemos que en febrero de 2013 un asteroide de apenas 20 metros de diámetro que estalló en el cielo de Rusia causó heridos y millones de dólares en daños por la onda de choque. La agencia de defensa se toma muy en serio el asunto analizando opciones para desviar estos objetos o poder destruirlos con energía nuclear; y adicionalmente también estudiando los métodos para una posible evacuación de una zona determinada ante una amenaza semejante".
¿Cómo analiza el panorama de las astrociencias en el país?
“El país ha dado notables investigadores en el campo, varios de los cuales destacan directamente con la Nasa como Adriana Ocampo, Diana Trujillo, David Ardila, Iván Ramírez. Pero esa representación del país no debería concluir en una fuga de cerebros masiva, que es lo que ocurre hoy, y que se agudiza con mensajes como el que envió el Gobierno al nombrar a un ministro de Ciencias (Tito Crissien) que sectores como la Academia Colombiana de Ciencias Exactas y Naturales no consideran digno del cargo. Tenemos una Misión de Sabios que no es escuchada. Hace poco escuché de un rector universitario, que lo que hace en definitiva el presidente Duque es lo contrario a lo indicado por la Misión de Sabios. Se suele pensar que la falta de investigación es un tema de recursos, pero no es solamente esto, es voluntad política del gobierno. Mi proyecto para hacer un centro de ciencias tardó 12 años, y así abundan ejemplos de proyectos e investigaciones que se dilatan o se pierden. Viene una generación con mucha afinidad por las ciencias, tenemos que debatir cómo les vamos a responder política y educativamente”.
Después de casi 50 años sin tomar posición al respecto, hace un par de semanas Colombia suscribió vía Congreso el Tratado Internacional del Espacio. ¿Qué significa esto para el país?
“Para sumarse a este acuerdo que permite realizar exploración del espacio y establecer acuerdos con otras agencias, se creó la Comisión Colombiana del Espacio, pero no ha funcionado correctamente por malas directrices del gobierno. Parece que ahora tiene un nuevo impulso, pero debería pensarse para ser orientada por científicos colombianos que trabajan directa o indirectamente con la Nasa, no solo por su capacidad sino por la posibilidad de establecer vínculos de cooperación con esta y otras agencias. Algo incorrecto es que la estructura inicial de esta oficina fue diseñada para depender de la vicepresidencia y, con todo respeto, si de algo no han sabido los vicepresidentes es de ciencias. Hay que encaminar mejor las decisiones políticas orientadas a ciencia e investigación. No podemos aplazar más esta tarea”