Usted puede limpiar con alcohol, exponer a altas temperaturas, usar rayos UV y aplicar cuantos químicos desee para limpiar una superficie y, aún así, existen microorganismos que se aferrarán a ella y que se negarán a morir o migrar. En la mayoría de las situaciones esto no representa ningún peligro y usted, sin más, se conforma con el resultado y se ocupa limpiando algo más.
En otros momentos, en cambio, resulta fundamental garantizar un proceso de sanitización tan eficiente que no deje margen a la contaminación biológica. Estas estrictas limpiezas son comunes, en menor medida, en restaurantes y en mayor medida en hospitales y, sobre todo, en las entidades encargadas de la exploración espacial.
Sin embargo, en ninguna situación se requiere más rigurosidad y representa tanto riesgo como en esta última, pues si un organismo, como una bacteria, llegara a salir al espacio, podría alterar los campos de estudio o convertirse en un patógeno. Lo más peligroso, aún así, es la incertidumbre, pues el espacio sigue siendo desconocido y, a pesar de los cuidados, es inevitable que microorganismos lleguen al espacio.
De hecho, esta contaminación biológica ya está comprobada. Las zonas que se están explorando, como la Luna, Marte o algunos asteroides, ya tienen microorganismos de la Tierra que terminaron allí a causa de los pobres protocolos de sanitización que tuvo los inicios de la carrera espacial, hace más de 60 años, y a pesar de los protocolos actuales, sobre todo teniendo en cuenta que los humanos están llenos de bacterias y hay más en cada individuo que personas en el mundo.
Y es que, según datos a abril de este año de la Oficina de Desechos Espaciales de la Agencia Espacial Europea, desde 1957, más de 6.050 naves han viajado al espacio, con más de 500 humanos y 11.370 satélites han llegado a la órbita de la Tierra y muchos se han quedado. Han salido también animales, plantas, semillas y algunos microorganismos, a propósito o por accidente, por lo que se sabe con seguridad que unos pocos de estos últimos se quedaron en el espacio. Es decir, no solo ya ha habido vida terrestre en el espacio, sino que, además, hay evidencia de ello.
Contaminación biológica
Imagínese este escenario: podría pasar que, en Marte, en la Luna o en cualquier otro cuerpo del espacio, se encontrara un microorganismo que revelara que sí hay vida extraterrestre. Sería la noticia del siglo o, mejor, de la historia.
El problema es que, desde hace seis décadas, cuando comenzó la exploración espacial, vidas terrestres han salido del planeta y podrían estar por ahí, contaminando las zonas que se quieren investigar. Así, ese supuesto microorganismo encontrado tendría primero que pasar por pruebas para determinar si en realidad es extraterrestre o si se trata solo de un descuido humano.
El Tratado del Espacio Exterior de la Organización de las Naciones Unidas es el marco legal que los Estados tratantes acogen en lo que tiene que ver con la exploración espacial y este, entre muchas otras directivas, establece que se debe evitar contaminar el espacio en cada misión para no poner en peligro otros planetas o la propia Tierra.
En el caso de la Luna, por ejemplo, dice que al explorarla se “tomarán medidas para que no se perturbe el actual equilibrio de su medio, ya por la introducción de modificaciones nocivas, ya por su contaminación perjudicial con sustancias ajenas, ya de cualquier otro modo. Los Estados Partes tomarán también medidas para no perjudicar el medio de la Tierra por la introducción de sustancias extraterrestres o de cualquier otro modo”.
La Oficina de Garantía de Seguridad y Misión de la Nasa, por su parte, tiene una política que, desde febrero de 1999, indica que hay un control de contaminación biológica que deben atravesar todas las naves que entren y salgan del planeta. Eso no solo porque se podría afectar el espacio exterior sino, además, porque se podría traer un organismo externo que afectara o alterara gravemente la vida ya existente aquí.
La política indica que “la realización de investigaciones científicas de posibles formas de vida extraterrestres, precursores y restos no debe estar en peligro. Además, la Tierra debe estar protegida del peligro potencial que representa la materia extraterrestre transportada por una nave espacial que regresa de otro planeta u otras fuentes extraterrestres. Por lo tanto, para ciertas combinaciones espacio-misión/planeta, se impondrán controles sobre la contaminación orgánica y biológica transportada por naves espaciales de conformidad con las directivas que implementan esta política”.
Esta directiva incluye a todas las misiones espaciales, robóticas y humanas que transporten intencional o involuntariamente organismos de aquí para allá o viceversa.
Aunque en ningún cuerpo del espacio se ha encontrado todavía ningún microorganismo extraterrestre, explica Andrés Mauricio Ruiz Acosta, biólogo de la Universidad de Antioquia y coordinador del grupo de Biología y Astrobiología Ameba del Parque Explora, sí se han visto de origen terrestre: “En la Estación Espacial Internacional han descubierto bacterias que por algún motivo llegaron allá en las misiones de varios países, o se cultivaron con microbiólogos que estaban haciendo experimentos, y fueron capturados y aislados por los científicos y encontraron que evolucionaron allí y que generaron nuevas cepas”, por lo que sobreviven por mucho tiempo.
Mauricio Corredor Rodríguez, doctor en Genética y profesor del Instituto de Biología en la Universidad de Antioquia, concuerda: “Hemos visto que, sorprendentemente, muchos microorganismos pueden sobrevivir a condiciones extremas, como al frío, tremendamente favorable para algunos y a la radiación. ¿Cómo se explica uno que una bacteria haya ido y vuelto a la Luna y al llegar siga creciendo?, porque eso también ya pasó”.
Dice que es poco lo que se sabe de la biología de los organismos terrestres una vez están en el espacio, pues apenas se está descubriendo, pero científicos alrededor del mundo ya han acordado que sí hay microorganismos, llamados extremófilos, capaces de aguantar temperaturas altas, como las bacterias termófilas; la radiación, como las deinococcus radiodurans; el frío o las altas concentraciones de sal, como las halófilos extremos.
Esto porque las bacterias son extremadamente resistentes, además de que están en todas partes.
Los riesgos del traslado
Ya está claro que cuando el hombre sacó el primer objeto al espacio, sacó también bacterias. Está claro además que algunas pueden sobrevivir allá e incluso reproducirse. Lo que no se sabe aún, pero se debe tener cuidado, es cómo podrían reaccionar ciertos organismos a nuevas condiciones.
Algunos científicos creen que esos extremos podrían llevar a virus y bacterias a mutar de formas peligrosas y que podrían convertirse en supervirus o superbacterias que, al volver a la Tierra, podrían acabar con poblaciones. Se piensa también en la posibilidad de que ya haya organismos peligrosos extraterrestres que, en la Tierra, y al traerse por accidente, puedan causar grandes daños.
La Nasa, además, sabe que esto podría ocurrir al revés y que, por la intervención humana, se podría llevar microorganismos a otros cuerpos del sistema solar y destruirlos.
Corredor agrega que, por responsabilidad, se debe conocer bien el organismo antes de introducirlo a otro ambiente, pero que esto es a veces difícil. “Puede ser que un organismo que tengo acá y que es inofensivo, al llevarlo a Marte se convierta en patógeno. Por eso antes debemos entenderlo muy bien”.
¿Cómo eliminarlos?
Tal como los protocolos de bioseguridad por el actual coronavirus, todos los procesos y elementos utilizados en una misión espacial tienen protocolos rigurosos de esterilización cobijados por la normativa internacional. La Nasa, por ejemplo, procura que en cada lanzamiento no vayan más de 300.000 esporas bacterianas, lo que es una cantidad mínima si se tiene en cuenta que cada humano tiene, por lo menos, 39 billones de bacterias en todo el cuerpo, lo que se conoce como microbioma.
Ruiz explica que los protocolos inician con que cada ingeniero, técnico y científico que trabaje en la misión use un traje especial que también es desinfectado, luego sigue la habitación, también sanitizada y con filtros de aire especializados y, finalmente, cada componente es tratado, sea con alcohol, calor (algunas piezas resisten temperaturas de entre 110 a 146 grados centígrados) o luz ultravioleta.
Aún así, los protocolos van más allá de la esterilización porque, como explica Corredor, por increíble que suene, algunos sobreviven a todo esto y logran salir del planeta, así que los cuidados también se dan en el espacio. Por ejemplo, si se sabe que hay un lugar en Marte donde podría haber agua líquida dentro de la superficie, los landers (elementos aterrizados) no pueden ingresar a más de un metro de profundidad para no trasladar microbios terrestres.
Así, entonces, por más rigurosos que sean todos los pasos del proceso de una misión espacial, es muy fácil contaminar biológicamente otros cuerpos, lo que podría apoyar la teoría de la panspermia, que indica que a través de asteroides pudo llegar la vida a la Tierra hace miles de millones de años y que los organismos humanos podrían estar ya terraformando otros cuerpos.