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La guerra ajena ya es propia

Mientras una dosis normal de cocaína puede ser de 200 miligramos, una de fentanilo no terapéutico puede ser de dos miligramos, es decir, del tamaño de un grano de sal.

16 de septiembre de 2023
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Por Adriana Correa Velásquez - adrianacorreav@atajosmentales.com

Después de la Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre las drogas, celebrada en Cali, las declaraciones de la directora regional de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito para la región andina y el Cono Sur, Candice Welsch, llamaron mi atención. Welsch habló para El Espectador de la crisis del fentanilo y conectó esta epidemia con nuestro país, ese brutal fenómeno que arroja 150 muertos por día en Estados Unidos y 19 al día en Canadá. ¿Nos es ajeno? En Colombia, al fentanilo lo han encontrado presente en el tusi, un polvo colorido de moda, que proviene de la mezcla de drogas sintéticas, al que, en algunos casos, le estarían poniendo esta sustancia 50 veces más potente que la morfina. Aquí lo brutal es que las drogas sintéticas no pesan. Dosis altamente nocivas o mortales pueden ser transportadas en sobres por el correo convencional. Para hacernos una idea, mientras una dosis normal de cocaína puede ser de 200 miligramos, una de fentanilo no terapéutico puede ser de dos miligramos, es decir, del tamaño de un grano de sal. Y aquí viene tal vez la reflexión más potente de la entrevista de esta mujer. Esta batalla ajena en la que nos metimos (nos metieron) -llamada guerra contra las drogas- ya probada infructuosa, sangrienta y dolorosa, hoy debería mirar con atención lo que nos entra, no sólo lo que sale, como bien lo anotó Welsh.

Y en esta nueva tendencia, en la cual los consumidores parecen estar cambiando sus preferencias por preparados sintéticos, vale la pena preguntarnos cómo enfrentaremos este desafío que ya deja medio millón de muertos a los del norte. ¿Cómo se incauta lo invisible o aquello que puede ser fabricado en la cocina de una casa? La ruta para semejante pregunta no puede ser otra que creando una forma distinta de tratar la información sobre drogas y sus problemas asociados. Una que hable de dosis, porcentajes, gramos, víctimas, adicción letalidad o seguridad. Una que abandone la idea de que la guerra contra las drogas disminuye la oferta o la demanda como nos lo acaba de dejar clarísimo el hecho de que Colombia rompiera su propio récord con el máximo histórico de hectáreas de coca sembradas (230.000) en 185 municipios del país.

El imaginario sobre las drogas que nos implantaron desde hace ya medio siglo, tiene que cambiar. El gobierno actual, hace un buen intento –al menos discursivo por el momento– con la nueva hoja de ruta para enfrentar las drogas, llamada “Sembrando vida desterramos el narcotráfico”. Habrá que ver si este enfoque logra concretarse en hechos y en una narrativa basada en la evidencia y no en los prejuicios. En una, que salve vidas.

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