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Miopía nacional

A los colombianos nos dio miopía y no somos capaces de ver de lejos. Es una enfermedad progresiva que sufrimos desde antes del gobierno actual pero que se aceleró con un gobierno disfuncional y asustador.

30 de mayo de 2024
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  • Miopía nacional
  • Miopía nacional

Por juliana velásquez rodríguez - JuntasSomosMasMed@gmail.com

Esta columna la empecé a escribir la mañana del martes, mientras llegaban las noticias de la inminente liquidación de nuestra querida EPS Sura. Pensé mucho en cambiar el tema original, pero ¿qué coherencia tendría si cambio un mensaje de largo plazo por una profunda tristeza en el presente?

El presente está nublado. Y eso que los colombianos somos optimistas y no tendemos a “echarnos a la pena” ni a pensar que todo está perdido, por lo menos no la mayoría (Encuesta Invamer 2024). No es fácil sentir confianza cuando lo que más nos vulnera como seres humanos lo vemos desmoronarse de cuenta de un gobierno incapaz: la salud, la seguridad, la pensión y los ahorros. Pero, en mi opinión, la diferencia entre perder la confianza y construirla, está en ver con claridad el futuro.

A los colombianos nos dio miopía y no somos capaces de ver de lejos. Es una enfermedad progresiva que sufrimos desde antes del gobierno actual pero que se aceleró con un gobierno disfuncional y asustador. No debemos entregar nunca la capacidad de ver con claridad y planear el largo plazo en temas nacionales y regionales. Debemos, por el contrario, asegurar una agenda de largo plazo sobre los temas esenciales para nuestro desarrollo, que supere un gobierno de 4 años con intereses políticos (o populistas) diversos. En Colombia tenemos pocas herramientas legales para diseñar con el sector público programas de largo plazo. Mas allá de los POT, que tienen vigencia de 12 años, ¿Qué más tenemos para asegurar rutas más extensas de 4 años? ¿No deberíamos estar hablando de reformas que le apunten a tener mejores herramientas de planeación nacional a largo plazo? Herramientas que deben ser construidas y concertadas por las regiones, la academia, el sector privado y el gobierno nacional, en un espacio de decisión colectiva.

La continuidad es un factor decisivo en el éxito de estrategias sobre temas estructurales. Educación, agro, infraestructura, conectividad, innovación, emprendimiento y transición energética son algunos de los temas sobre los cuáles no deberíamos depender de un gobierno de turno. La Estrategia Nacional de Transición Energética del gobierno de Iván Duque, por ejemplo, era una estrategia pensada hasta 2030, con unos indicadores a su término que nos tendrían con una matriz energética diversificada y limpia. En las subastas de renovables de 2019 y 2021 se adjudicaron proyectos eólicos y solares por más de 2.800 megavatios de capacidad instalada, más de 100 veces lo que tenía el país en 2018, la mayoría de los cuales pudieron haber entrado en operación comercial en estos 4 años.

El costo de oportunidad de cambiar de rumbo cada 4 años es enorme. Peter Zeihan, geopolítico fantástico, argumenta que Colombia podría ser uno de los países más beneficiados en términos relativos durante la reconfiguración económica global, por su autosuficiencia energética, su cercanía con Norteamérica y su mano de obra calificada. Para lograrlo, tenemos unos desafíos logísticos, una oportunidad de sofisticar nuestra industria, de formar nuestros jóvenes y por supuesto, la necesidad de prepararnos.

Al ego le gusta el corto aliento y la adulación inmediata. Al progreso le gusta la continuidad, la consistencia y una visión de largo alcance. ¿A cuál le apostamos, en un día gris, con todo en contra y nuestro optimismo a favor?

Operémonos de la miopía de manera definitiva, o mientras tanto, pongámonos gafas “de ver de lejos”. Que importa que las lágrimas las empañen.

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