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Eso de que “hasta que la muerte los separe” suena a ciencia ficción, y menos aceptar partir todo por mitades si el matrimonio fracasa.
Por Juan David Escobar Valencia- opinion@elcolombiano.com.co
Acaba de publicarse un libro del sociólogo estadounidense W. Bradford Wilcox, cuyo título es: Casarse: por qué los estadounidenses deben desafiar a las élites, forjar familias fuertes y salvar la civilización. ¡Tremendo título!
Ni siquiera en la locura temporal del enamoramiento, alguien incluirá como variable de análisis para proponer matrimonio que dicha alianza sea una herramienta para “salvar la civilización”. Tampoco creo que quien se case, lo digo por lo que he visto y no por experiencia, piense que por ello engrosará la lista de superhéroes de la Liga de la Justicia o del Universo Marvel. Aunque pensándolo bien, ser esposo, y además padre de un hijo que crea que el reguetón es música y que Petro es un estadista, es un acto heroico que podría ponerte al borde de la beatificación, o del manicomio.
Pero Wilcox insiste en que el matrimonio es la base de la sociedad al señalar que: “la felicidad está cayendo, la soledad y la desesperación están aumentando, demasiadas escuelas están plagadas de peleas y fracasos, el crimen es inaceptablemente alto y el sueño americano está fuera del alcance de millones de personas. Los problemas están a la vista de todos, pero prácticamente nadie habla de la solución que más importa: el matrimonio”.
No sé si el libro será un éxito en ventas porque sus compatriotas no son precisamente discípulos anónimos. La tasa de matrimonios en EE.UU., alcanzó su máximo en 1946, 16,4 matrimonios por cada mil habitantes; luego llegó a un poco más de 10 en los 90, y desde ese momento se ha desplomado hasta llegar a 5,1 en 2020, aunque mejoró algo el año anterior.
Los estadounidenses sospechan del matrimonio. La edad promedio para casarse pasó de 20 años para mujeres y 23 para hombres en los años 60, a 27 y 29 años respectivamente hoy en día. Eso de que “hasta que la muerte los separe” suena a ciencia ficción, y menos aceptar partir todo por mitades si el matrimonio fracasa, porque una encuesta reciente reveló que la mitad de los estadounidenses consideran firmar acuerdos prenupciales, un 8% más que el año anterior.
¿Será que la institución del matrimonio sí tiene futuro? ¿No será, ahora que hay tantas reformas en proceso, que se necesita una “disruptiva y emergente” reinvención? ¿O deberíamos regresar a cosas del pasado que pensábamos que estaban mal? Lo digo por un delicioso relato, Arranging love, de la científica india, Usha Raj, que a diferencia de las mujeres de India, se casó por amor y no con quien le escogieron sus padres, pero luego de divorciarse, ahora duda si el amor es una vacuna segura. La atormenta la estadística que indica que en India, más del 90% de los matrimonios son concertados pero sólo el 1% termina en divorcio, mientras que en EE.UU. se separan entre el 40 y 50%.
Pero si desconfía del matrimonio, confíe menos en las estadísticas. Ni por todos los dioses del hinduismo se case con quien no ame. Mejor solo que casado a la fuerza y no poder divorciarse no significa estabilidad marital.