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Nerones que quieren que todo arda

Hay pirómanos que mientras más alto aspiran llegar, también esperan que más altas sean las llamas de lo que, por su incapacidad, les fue imposible tomar.

03 de junio de 2024
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  • Nerones que quieren que todo arda
  • Nerones que quieren que todo arda

Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co

En una región del mundo occidental nació un aspirante al poder que un ilustre historiador definió como de: “inclinación mala y depravada. Desde mancebo fue amigo de pendencias, muertes, robos y discordias civiles, y en ellas tuvo ocupada su juventud”.

“En cuanto al ánimo era osado, engañoso, vario, capaz de fingir y de disimular cualquiera cosa, codicioso de lo ajeno, pródigo de lo suyo, vehemente en sus pasiones, harto afluente en el decir, pero poco cuerdo. Su corazón vasto le llevaba siempre a cosas extraordinarias, desmedidas, increíbles”. Por ello “se había altamente encaprichado en apoderarse de la república, sin detenerse ni reparar en nada, con tal que consiguiese su intento”.

Al fallar en su tentativa de llegar al control total de la república, y puestas en evidencia todas sus bajezas, “por disimular y en apariencia de querer justificarse, como si hubiese sido provocado por calumnia, se presentó en el Senado”, pero sus opositores sabían del peligro que el codicioso representaba. El ofendido pretendiente al poder total “como era nacido para el disimulo, puestos en el suelo sus ojos, comenzó en tono humilde a rogar al Senado, que no diese ligeramente crédito a lo que se decía de él: que de un nacimiento y conducta cual había sido la suya desde su mocedad, debían por el contrario prometerse todo bien; ni pensasen jamás que un hombre patricio, como él, cuyos mayores y aun él mismo, tenían hechos tantos servicios a la plebe” ... “pudiese interesar la ruina de la república”.

Como sus palabras eran tan opuestas a los hechos y a su canalla corazón: “levantan todos el grito contra él, llamándole parricida y enemigo público. Entonces, furioso, prorrumpió diciendo: «Ya que mis enemigos me tienen sitiado y me estrechan a que me precipite, yo haré que mi incendio se apague con su ruina” ... “-Y saliéndose arrebatadamente del Senado, se fue a su casa” ... “donde revolviendo en su interior mil cosas (porque ni le salían bien las asechanzas)” ... “persuadido a que lo mejor sería aumentar su ejército y prevenir con tiempo lo necesario para la guerra”.

A los mal pensados que creen que estoy describiendo las posibles acciones de algún dictadorzuelo de la zona tórrida queriendo instalar el cuerpo del Congreso, debo decepcionarlos. Es parte del relato que el historiador romano Salustio escribió para describir al infame y perverso político Lucio Sergio Catilina, que seis décadas antes de Cristo, inició una fallida guerra contra la república romana para tomar por la fuerza, con un ejército de envidiosos y supuestos desvalidos y humillados a quien falsamente les prometió defender y reponer de sus agravios, lo que por los argumentos y la acción pública nunca pudo hacer.

Hay pirómanos que mientras más alto aspiran llegar, también esperan que más altas sean las llamas de lo que, por su incapacidad, les fue imposible tomar. No hay remedio más primitivo a la frustración del canalla que si todo no será para él, no será para nadie.

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