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Hay que adoptar una mentalidad de previsión y de anticipación de los riesgos, según dijo a los medios la comisaria europea de Población, Conocimientos y Preparación, Roxana Minzatu.
Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com
Europa siente que se aproxima una catástrofe. Sus líderes piensan que es muy probable que una guerra profunda y duradera se instale al interior de sus fronteras. Intuye también que a la crisis social y económica y de seguridad, al desorden migratorio y al ascenso de discursos extremos, hay que sumarle una seria preocupación por el cambio climático. Puede que en últimas se pueda conjurar la crisis o la mezcla de ellas. Es posible -y ojalá- que las ciudadanías y sus liderazgos encuentren una forma de resolver la encrucijada en la que se encuentran. Que se pacten acuerdos entre aquellos que piensan diferente al interior de cada nación y se llegue, por medio de la diplomacia, a evitar un enfrentamiento armado entre vecinos. Pero es mejor prever. Estar alerta. Prepararse para lo peor y construir una base para sortearlo.
Con esa angustia entre cejas es que la Unión ha pedido a sus ciudadanos que construyan un “kit de supervivencia” para una posible emergencia de 72 horas. La crisis puede venir de un ciberataque o de una catástrofe natural o de un enfrentamiento armado. Hay que acopiar alimentos enlatados, agua, dinero en efectivo, medicamentos y una linterna. Si es posible un radio. No se pueden olvidar los documentos de identidad. Cargarlos siempre. Frente al huracán geopolítico que ha significado este 2025, en el cual los socios han dejado de serlo y los enemigos parecen cada vez más envalentonados, los ojos del continente europeo se han abierto a una nueva realidad. Hay que adoptar una mentalidad de previsión y de anticipación de los riesgos, según dijo a los medios la comisaria europea de Población, Conocimientos y Preparación, Roxana Minzatu. La Comisión acompañó el anuncio con un video que circuló masivamente por redes sociales explicando cómo hacer el kit.
Aunque la previsión hace parte del ejercicio básico gubernamental, la realidad geopolítica inflama de gravedad el anuncio. Los evidentes reproches de Washington a Bruselas, que van de las advertencias a los insultos en cuestión de horas, llevaron a Francia, seguida de Alemania y Reino Unido, a liderar una nueva composición de la defensa europea, en la que se mira con extrema desconfianza el enfoque expansionista de Rusia, ahora exaltada tras los aplausos de Donald Trump. Ucrania, dice Emmanuel Macron, es hoy, además del peor conflicto en la historia del continente desde la Segunda Guerra Mundial, el “laboratorio” de una nueva era de la OTAN sin el músculo estadounidense. Por eso, además de la mejora en la coordinación entre las naciones europeas y el aumento exponencial en el presupuesto de defensa, es necesario preparar a la ciudadanía para que sepa cómo comportarse en caso de catástrofe. Hemos dejado atrás la idea de Europa como un lugar seguro.
Los temores tienen sustento: informes de inteligencia del continente insisten en que es muy posible que el Kremlin arremeta contra Europa en un lapso de cinco a diez años.