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La sensatez y la responsabilidad obligan recomendar que el análisis no se realice solamente esta y las próximas semanas o meses, y sería irresponsable satisfacerse con análisis generales.
Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co
Muchos estarán diciendo que si acaban de contar los votos de la elección de la semana anterior ¿por qué hago una pregunta tan “tonta e inoportuna”?
Por estos días estamos en el tsunami de análisis hipotéticos de qué puede ocasionar la abultada victoria trumpista, si de verdad será el fin del mundo o de EE.UU., si habrá una guerra comercial o un “nuevo orden” mundial, si nos conviene o no, si Elon Musk será más rico y no resultó tan idiota, si a Europa le dará piquiña aguantarse al señor del peinado estructural, si le va ir bien o no a la economía, si subirán mucho la inflación, los aranceles y la deuda, si Ucrania tiene los días contados o no, si Putin será el verdadero vicepresidente, si los fundambientalistas tendrán que buscar empleo o no, aunque sea en la Asociación Nacional del Rifle, o por qué los demócratas son incapaces de ganar una elección, sin crisis económica, con bajo desempleo e inflación bajando, etc.
La verdad es que son muchísimos los factores involucrados, incluso unos desconocidos, hay poca información y certeza sobre si las propuestas del nuevo gobierno son realmente implementables, y de serlo: ¿cuánto costarán?, ¿quién terminará pagando?, porque todo tiene costo, ¿cuál es el cronograma viable de esa supuesta implementación? y como si esto fuera poco, no tenemos claro cuál será la profundidad, comportamiento espacial y temporal de la interacción entre todos los factores y actores. Por ello pensar que alguien puede decir hoy, con certeza, qué pasará, sería un estafador. Pero los hay.
La sensatez y la responsabilidad obligan recomendar que el análisis no se realice solamente esta y las próximas semanas o meses, y sería irresponsable satisfacerse con análisis generales, porque probablemente, aunque haya fenómenos generales y globales, a cada quien el efecto, positivo o negativo, le llegará de distinta forma, lugar y tiempo. Y aunque no quiero alargar más esto, debo advertir la necesidad de involucrar “TODOS” los factores posibles en los procesos de análisis y planeación, así se demoren más y hoy a las personas y a las organizaciones les da tanta pereza hacerlos, porque los obliga a pensar, y es más fácil “ser optimistas”, o tener “estrategias emergentes” y cosas más estúpidas que eso, si es que existe.
Pongo un ejemplo, que es precisamente el título de esta columna: ¿Trump será candidato en 2028? ¿Por qué habrá que considerarlo si parece hoy irrelevante? Expongo solo una justificación.
Si por que la biología no se lo permite, pues para 2028 Trump tendría 82 años, más que los que tenía Biden cuando a regañadientes “aceptó” que debía retirarse; o porque no quiere vivir más en Washington DC, como detesta Melania, eso, en una persona con la personalidad tan “particular” y egocéntrica, hace viable un escenario como este: “y si será mi última vez ¿por qué diablos no hago lo que quiero y en la forma que se me dé la gana, si tengo Congreso y Corte Suprema de mi lado, y el futuro del Partido Republicano no es propiamente mi prioridad?”.