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¿Qué nos pasa?

La trinchera de las redes sociales es hoy, nos guste o no, la alternativa que millones de personas ven para hacer frente a la desigualdad y a todo aquello con lo que no estén de acuerdo.

04 de febrero de 2025
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  • ¿Qué nos pasa?

Por Juan Camilo Quintero M. - @JuanCQuinteroM

¿En qué momento, como sociedad, perdimos el rumbo y la agenda, ética y los valores? ¿Qué sentido tiene aplaudir en redes sociales a personas que no contribuyen a una mejor sociedad? ¿Por qué ciertos personajes sin fondo alguno o aporte concreto a un mejor mundo son líderes digitales? ¿Cuál es la explicación a esta realidad? No creo que haya una sola respuesta, pero sí creo que una de ellas es la inconformidad generalizada con un status quo excluyente y que, como tal, no genera empatía con las grandes mayorías. Tal vez, por eso, hoy reina la desinformación y cierta banalidad que se han erigido como alternativas a unos modelos que lucen desgastados. La trinchera de las redes sociales es hoy, nos guste o no, la alternativa que millones de personas ven para hacer frente ya no solo a la desigualdad sino a todo aquello con lo que no estén de acuerdo.

De tal suerte, que esta “democratización” proveniente de las redes haga que brille más, no quien tenga la razón, sino quien más vocifere. Al final lo importante son los likes y retwetts, que ayudan a inflar el ego, pero contribuyen poco a la construcción de la verdad. ¿Por qué seguimos esas cuentas a pesar del daño que hacen?

Más paradójico resulta, que ya no en redes, sino en la realidad seamos condescendientes y compartamos espacios con personajes señalados de corrupción, quizás no condenados, pero sí cubiertos con un manto de dudas más que razonables y, de otro lado, no protestemos cuando líderes inocentes se vuelven perseguidos políticos.

¿Qué nos pasa que hoy se están colando en los cargos más importantes del país, personajes sin idoneidad, méritos y conocimiento para dirigir las políticas y programas de todos los colombianos? Dónde están las rendiciones de cuentas reales. Acaso no es corrupción, manejar miles de millones en programas que no tienen un verdadero impacto y que surgen más de los caprichos de los gobernantes que de verdaderas necesidades. Cómo alguien sin ninguna experiencia, ni más méritos que cercanía con el poder, desfila por los más altos cargos del Gobierno y nadie se pronuncia y más bien todos nos hacemos cómplices en el silencio. ¿Dónde queda la responsabilidad del mandatario de turno? ¿Cuál es la responsabilidad del que acepta un cargo sin estar preparado para él?

¿Qué nos pasa que, como empresarios, no hemos salido a defender más y reclamar por las situaciones que vemos a diario y que nos afectarán más temprano que tarde? Dónde están las universidades haciendo reflexiones sobre modelos de país posibles, pero también evidenciando y quizás denunciando toda irracionalidad que venga de lo público. Qué nos pasa como ciudadanos cuando vemos que nuestro país se destruye y muchos callan a la espera de que se acabe un mandato y empiece el siguiente.

A pesar de todo el futuro que tenemos por delante nos está pasando algo que al parecer no nos deja reaccionar para cambiar el rumbo como sociedad.

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